En el curso 2017-2018, aterrizó en el Institut La Romànica Adrià Ortiz Mera. Él, un joven egarense, llegaba al centro con una experiencia prácticamente nula en el sector y con prejuicios sobre qué era Barberà del Vallès. "Lo pasarás mal", le llegaron a comentar. A pesar de ello, él no se decepcionó, a pesar de que lo colocaron en física y química y tecnología, aprovechó todos sus recursos para aventurarse a comenzar un proyecto que perdurará y se convertirá en todo un colectivo referencial.
Progresar no siempre ha sido fácil. Las condiciones en las que se practicaba el baile de bastones, los primeros cursos, no eran las óptimas. Aprovechando los ratos muertos de clase y estableciéndose en el patio, las primeras collas de bastones fueron el embrión que un par de años después se convertiría en optativa. Desde el patio el ruido y el jaleo se multiplicaba y algunas profesoras se quejaban, pero Adrià en ningún momento detuvo su sueño. Y, en la optativa se han ido incorporando este año más miembros del profesorado, aumentando así la presencia de la cultura catalana en el centro. El sentimiento de arraigo crecía exponencialmente hasta la llegada de la Covid-19.
La irrupción de la crisis sanitaria de la Covid-19 en 2020 sometió el tejido asociativo y tradicional de Cataluña a una parálisis prácticamente absoluta, con las collas y entidades populares confinadas y sin oportunidad para el ensayo. Sin embargo, el Institut La Romànica hizo de las restricciones un replanteamiento de la organización de los grupos. Esta resistencia interna propició que diversos medios, como el 3Cat, bautizaran la iniciativa como baluarte de la cultura popular. El mismo Adrià Ortiz rememora el impacto de la época y la metáfora que marcó el proyecto: "La Covid lo para todo, pero sí que es verdad, y es algo que además está en los medios de comunicación... A mí me gusta mucho porque fue un periodista quien me hizo el símil y se me ha pegado al cerebro: como Astérix y Obélix, el poblado de la Galia que ante el imperio romano resiste, en Barberà lo llamaron el baluarte de la cultura popular. Lejos de detenerse, el proyecto experimentó el mayor crecimiento durante el curso 2020-2021".
En plena pospandemia, el baile de bastones se elevó a la categoría de asignatura común y obligatoria para todo el alumnado de primero de ESO, un hito curricular pionero en el territorio catalán, a la que se sumaron dos nuevas disciplinas: el Ball de Panderos y el Ball de Pastorets de Barberà.
Hoy más que nunca es importante reivindicar el valor que comporta tener una educación pública de calidad con centros y equipo docente dotado de recursos, para ejercer una de las profesiones más importantes: la educación.
La forma en que ejerce la enseñanza Adrià es simple: "Hay unas normas, son muy pocas, de hecho solo hay una, que es respetarnos a nosotros y al material. De este principio nace todo un conjunto de valores, vínculos, lecciones y experiencias que hacen posible el fomento de la cultura catalana. A menudo se trabaja con decenas de alumnos y cada uno de ellos tiene unas necesidades diferentes, no todo el mundo está hecho para sentarse en una silla frente a una pizarra 6 horas".
Cuando están más dispersos, o cuando llega el calor por ejemplo, o el día no ayuda, pues sí que se nota, pero normalmente es una hora que la cogen con mucha energía. ¿Por qué? Porque salen del aula y, por lo tanto, rompen la monotonía. Este cambio de ambiente ayuda al alumnado a sentirse más libre y le obliga a relacionarse, a generar vínculos que trascienden de las aulas y se crean nuevas amistades.
Estas nuevas amistades y vínculos no se limitan solo a la juventud del instituto, sino que se construyen desde la primaria. Curso tras curso, los niños de sexto de las escuelas del municipio visitan el centro una vez al mes para ensayar con los de primero de la ESO. Esta unión facilita un curso después su integración en el instituto y los niños rompen temores para la educación secundaria y permite crear una red social que les ayudará a desarrollar sus habilidades de socialización.
El éxito de los proyectos educativos sobrepasó las competencias del AFA, que era la organización que hasta el momento gestionaba esta rama del instituto. Para dar respuesta a los alumnos que querían continuar bailando en horarios no lectivos, en el año 2022 se fundó la Associació Ara i Sempre, encabezada por Adrià Ortiz. Desde su creación la entidad se basa en el principio de gratuidad universal y asume todos los costes de material y salidas, para garantizar que ninguna familia quedara excluida.
Hoy, la asociación se ha extendido a otros municipios como la Garriga, Ripollet, Cornellà o Barcelona, donde es la misma juventud y exalumnos de la Romànica quienes dedican sus tardes a formar nuevas collas.
Esta expansión territorial es un reflejo de un proyecto que, en palabras del mismo Ortiz, "no tiene límites". El compromiso de la iniciativa recae en el alumnado, hecho que da un valor simbólico añadido y se ha reconocido con hitos de alcance internacional.
La juventud ha pasado de bailar en el patio a protagonizar acontecimientos como los bailes históricos en la Abadía de Montserrat, la confección de una alfombra de flores gigante en la Sagrada Familia, para celebrar la conmemoración de la muerte de Antoni Gaudí, e incluso la consecución de dos récords mundiales de baile de bastones que los llevaron al Parlament de Catalunya.
Estos hitos se refrendaron en el ámbito televisivo cuando el barrio de la Romànica se proclamó ganador del concurso de TV3 al Mejor barrio de Catalunya, en el programa Tot es mou.
El horizonte de Ara i Sempre ha traspasado las fronteras catalanas. Después de un viaje a Marruecos, la asociación va a más y este verano hará una expedición por Finlandia, Suecia y Noruega. Este triunfo ha sido percibido por la Comisión Europea, la cual ha preseleccionado la iniciativa dentro de su compendio global de buenas prácticas educativas.
Lejos del punto final, la semilla cultural plantada en Barberà se convertirá este julio en una escuela de docentes: profesores de toda Catalunya se formarán en el centro para exportar un modelo donde la cultura popular deviene el motor de la transformación juvenil.
