A menos de un año del inicio de campaña para las próximas elecciones generales, la inquietud se ha instalado en las filas de Demòcrates per Andorra. Diversas voces de la militancia de base expresan desconcierto ante la falta de una hoja de ruta clara para afrontar el tramo final de la legislatura y, sobre todo, por la inexistencia de un candidato definido que encarne un relevo político necesario.
El partido, que ha gobernado Andorra durante más de una década bajo los liderazgos de Toni Martí y Xavier Espot, se encuentra ahora en un momento delicado. Cada vez son más los militantes que perciben una cierta desorientación estratégica en un momento clave, tanto para consolidar el proyecto político como para preparar el futuro inmediato.
Desde el entorno del jefe de Gobierno se mantiene el mensaje de que el relevo está decidido, pero que no es aún el momento de hacerlo público. El argumento es evitar “quemar” al candidato antes de tiempo y preservarlo del desgaste mediático prematuro. Sin embargo, esta explicación no acaba de convencer a una parte de la base del partido, que sospecha que la realidad podría ser otra: la dificultad real para encontrar una figura de consenso capaz de liderar la nueva etapa.
A esta incertidumbre interna se añaden otros elementos que contribuyen a acentuar la sensación de bloqueo. El calendario del encaje con la Unión Europea continúa rodeado de interrogantes, con dudas crecientes sobre la viabilidad de celebrar el referéndum anunciado. Además, la salida de Landry Riba de las funciones de negociación ha dejado huérfano uno de los pilares centrales de la legislatura.
Este escenario hace que aquello que debía ser el gran eje político del mandato haya quedado en suspenso, sin un relato claro ni una dirección definida. Así, el último año de legislatura se encara con una sensación cada vez más extendida dentro de DA: la de un proyecto agotado que aún no ha encontrado la manera de reinventarse y una marca en horas bajas que necesita un revulsivo importante para poder volver a ilusionar.
