Grandvalira celebró el miércoles por la noche una nueva jornada gastronómica de su ciclo culinario de la temporada con una cena exclusiva a cargo del chef Fran López, que presentó una cocina de autor basada en el producto, la técnica y los sabores mediterráneos reinterpretados con sensibilidad contemporánea.
Con una trayectoria sólida y una apuesta clara por el producto de territorio, Fran López es uno de los chefs más destacados de las Tierras del Ebro. Al frente del restaurante Villa Retiro, ha sido reconocido con 1 estrella Michelin y 2 Soles Repsol, distinciones que avalan una cocina precisa, elegante y profundamente arraigada al paisaje gastronómico mediterráneo.
La cena tuvo lugar en el Restaurante Lago de Pessons, uno de los espacios más emblemáticos de Grandvalira y un referente gastronómico del dominio situado a más de 2.300 metros de altitud. El entorno de alta montaña, rodeado de cumbres y del lago helado durante los meses de invierno, lo convierte en un escenario singular para experiencias culinarias especiales, que se intensifica con la llegada que se debe hacer en retrac o raquetas de nieve. Una aventura bajo el reflejo de la luna que se complementa con la calidez, el confort y la cocina cuidada del establecimiento, y reafirman el Lago de Pessons como una de las propuestas más destacadas de la gastronomía de alta montaña del país.
En este sentido, Fran López indicó que es un enamorado de este icónico local: “Hace más de 20 años que vengo a Grandvalira y al restaurante del Llac de Pessons como cliente, pero nunca había cocinado, por lo cual me hace mucha ilusión esta cena. Ya habíamos hecho algo aquí en Andorra, pero este evento me hace especial ilusión porque es por la noche”.
Un viaje por los sabores y texturas del Mediterráneo
Para esta jornada, el chef Fran López diseñó un menú degustación estructurado en tres actos, que recorrió a través de diferentes sabores mediterráneos reinterpretados con su técnica y sensibilidad características. “Hemos preparado un menú con mucho cuidado, en el que hemos intentado llevar nuestra cocina a más de 2.000 metros de altitud”, explicaba López.
Así, la velada se inició con un conjunto de entrantes pensados para despertar el paladar: un tartar de atún de l'Ametlla de Mar con emulsión de ajo negro, escabeche delicado y crujiente de kimchi; un canelón tradicional de pollo de corral y pato con bechamel trufada que evocó la cocina más reconfortante y casera; y un calamar presentado en dos texturas —buñuelo encebollado en su tinta y tartar marinado con mayonesa, lima y wasabi— ofreciendo un juego de contrastes muy refrescante.
El segundo bloque del menú estuvo dedicado al producto marino, con elaboraciones que combinaban profundidad y frescura. El consomé de sepia y jengibre con espuma de papada ibérica aportó un punto aromático y reconfortante, mientras que el arroz de sepia y pulpo con nabo confitado dio un equilibrio entre intensidad y acidez. El pescado de la noche, lubina con puré de hinojo y cítricos de Xerta, fue el último sabor antes de dar paso al tercer acto, que se centró en carnes y elaboraciones de mayor profundidad gustativa.
Este incluyó un tartar de pato marinado estilo Kun-pho con piel crujiente de pollo, un foie micuit marinado con sal y cítricos confitado en mantequilla y servido con brioche, y una terrina de rabo de toro y careta de cerdo con yema marinada, espuma de clara y trufa, que aportó una textura melosa y un final intenso. Los postres cerraron la tarde con un juego de frescura y dulzura: una crema y crumble de limón con espuma de manzana nitrogenada, manzana osmotizada y sorbete de limón, seguida de un lingote de chocolate con gianduja y helado de vainilla.
El menú fue acompañado del maridaje de las diferentes especialidades de cerveza de San Miguel y estuvo amenizado con música a cargo del equipo de elrow, como preludio del festival Snowrow que arranca precisamente hoy en el sector Grau Roig.
Las jornadas gastronómicas de Grandvalira
Esta ha sido la tercera sesión de las Jornadas Gastronómicas de Grandvalira, que en la primera cita contó con Carles Flinch, del restaurante andorrano Can Manel, y el chef Pep Moreno, del restaurante Deliranto y distinguido con una estrella Michelin y dos soles Repsol. La segunda cita fue protagonizada por otro gran chef, Enrique Pérez, del restaurante El Doncel de Sigüenza de Guadalajara, y también con una estrella Michelin y dos soles Repsol en su currículum.
La celebración de jornadas gastronómicas especiales como estas, con la participación de cocineros reconocidos que viajan hasta Andorra para compartir su talento, sitúan a Grandvalira en el mapa culinario de alto nivel, reforzando su atractivo como destino más allá de la nieve y el esquí, donde la gastronomía también tiene un papel protagonista.