Ayer, durante las jornadas INNTEC, el cónsul mayor de Andorra la Vella, Sergi González, volvió a poner el foco en el proyecto del Espai Capital. En esta ocasión, sin embargo, lo hizo presentándolo como un futuro epicentro de innovación y talento, una definición que se añade a las muchas que ya se han ido acumulando a lo largo de los últimos meses.
El proyecto del Espai Capital se puso sobre la mesa en 2025 como una gran apuesta urbanística para transformar la zona de la antigua plaza de toros, situada entre las calles Prat de la Creu, Doctor Vilanova y Prada Casadet. La iniciativa prevé actuar sobre una superficie de unos 10.500 metros cuadrados, combinando terrenos de titularidad pública y privada, con el objetivo de crear un nuevo polo de actividad para la parroquia.
En su planteamiento inicial, el proyecto pivotaba claramente alrededor de un gran recinto ferial multifuncional, aunque siempre han evitado la palabra multifuncional, que parece que es patrimonio de DA. El espacio está pensado para acoger eventos de gran formato, como la Feria de Andorra la Vieja, así como conciertos, congresos y actividades culturales. Paralelamente, también se preveía una plaza pública, aparcamiento subterráneo y equipamientos complementarios como una Casa Pairal para la gente mayor.
Sin embargo, con el paso de los meses, el discurso en torno al Espai Capital ha ido evolucionando o, según se mire, ampliándose sin límites. Lo que debía ser principalmente un recinto ferial se ha ido convirtiendo, en función del contexto y del escenario, en un espacio social, cultural, intergeneracional y ahora también en un hub de innovación y captación de talento.
Esta versatilidad discursiva, lejos de reforzar el proyecto, empieza a generar dudas sobre su definición real. Porque una cosa es plantear un equipamiento polivalente, y otra muy distinta es convertirlo en un cajón de sastre donde cabe todo: desde eventos multitudinarios hasta espacios para la gente mayor o ecosistemas de emprendimiento.
Actualmente, el proyecto se encuentra todavía en fase de definición y desarrollo, con un presupuesto estimado alrededor de los 15 millones de euros y con la voluntad de que pueda estar operativo de cara al 2027. Un calendario que coincide, no casualmente, con el horizonte de las próximas elecciones comunales.
Es precisamente en este contexto donde el Espai Capital adquiere una nueva dimensión política. Más allá de su viabilidad técnica o económica, que aún está por ver, el proyecto se está convirtiendo en una herramienta de relato, una infraestructura que sirve para proyectar ideas, promesas y conceptos según el momento y la audiencia, en discursos que parecen más hechos por una inteligencia artificial que por alguien que debería tener cierta estrategia política.