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La estrategia para afrontar las próximas elecciones generales empieza a generar debate interno en Demòcrates. El jefe de Gobierno, Xavier Espot, explicó durante la Diada de Meritxell que DA encara los próximos meses con la voluntad de intensificar los contactos con las diferentes formaciones situadas a la derecha y la centroderecha del espectro político andorrano para intentar construir un proyecto común que permita llegar a las elecciones con este espacio el máximo de unido posible.
La propuesta, sin embargo, no genera el mismo entusiasmo en todos los sectores de DA. Dentro de la formación hay voces que consideran que el partido continúa disponiendo de suficiente fuerza electoral, implantación territorial y estructura para hacerse valer y que, por lo tanto, cualquier negociación con otros actores políticos debería hacerse desde esta posición de fortaleza y no desde la necesidad de construir prácticamente de cero un nuevo espacio político.
Uno de los elementos que más reticencias genera es la posibilidad de que la confluencia acabe comportando la creación de una nueva plataforma electoral o, incluso, una modificación o desaparición de la marca Demòcrates. Para una parte del partido, DA continúa siendo una marca plenamente vigente, con una estructura consolidada y con capacidad para continuar articulando la centroderecha andorrana. Este sector no ve justificado renunciar a ella para facilitar un acuerdo con otras formaciones.
La cuestión va, sin embargo, más allá del nombre. El debate de fondo es sobre cuál debe ser la correlación de fuerzas a la hora de negociar. Algunas voces internas consideran difícil de asumir que Demòcrates, después de años al frente del Gobierno y manteniendo una importante representación institucional y territorial, tenga que aceptar determinadas exigencias de espacios políticos que en su momento se alejaron del proyecto demócrata y que ahora podrían estar interesados en confluir nuevamente en un espacio común.
La incomodidad aparece especialmente ante la posibilidad de que estos actores condicionen aspectos esenciales del futuro proyecto, desde la marca y la estructura hasta la confección de las candidaturas o el peso de cada una de las formaciones. Los sectores más partidarios de preservar el actual DA defienden que abrir el partido y llegar a acuerdos es una cosa y que permitir que los potenciales socios rediseñen el proyecto demócrata es otra.
Espot, en cambio, ha situado la construcción de un proyecto compartido por delante del debate sobre los nombres y las candidaturas. Su apuesta pasa por intentar recomponer un espacio político de centroderecha que durante los últimos años se ha fragmentado y establecer primero las bases programáticas que permitan afrontar conjuntamente los retos de la próxima legislatura.
El debate interno, por tanto, no se centra tanto en la conveniencia de llegar a acuerdos con otras fuerzas de centroderecha —una posibilidad que pocos cuestionan— como en el precio político que DA debería pagar para conseguir esta unidad. Para una parte de los demócratas, la prioridad debería ser ampliar el proyecto sin desdibujarlo. Y, sobre todo, evitar que la búsqueda de una gran coalición acabe transmitiendo una imagen de debilidad de un partido que consideran que todavía tiene suficiente músculo para continuar ocupando el centro de gravedad de este espacio político.