Emmanuel Macron parece haber encontrado un nuevo papel en esta recta final de su mandato: el de vigilante del respeto, las formas y la moral pública. El presidente francés, también copríncipe de Andorra, acumula últimamente episodios en los que abandona el discurso institucional para dar lecciones públicamente a ciudadanos o asistentes en actos a los que asiste.
Hace solo unos días, las redes sociales se llenaron con un vídeo viral donde Macron recriminaba el comportamiento de un joven que, durante un acto protocolario, le había dicho “Manu” en lugar de “Monsieur le Président” que él debería esperar. El presidente francés le respondió con un tono paternalista, recordándole que “el respeto y las buenas maneras” son imprescindibles en este tipo de actos. El detalle es que el joven no era ningún cargo público ni representante institucional, sino simplemente un espectador más en un acto multitudinario que topó con el presidente cuando este pretendía darse el típico baño de masas después del acto.
La secuencia generó todo tipo de comentarios en Francia. Algunos vieron un presidente defensor de las formas republicanas; otros, un líder cada vez más distante y obsesionado con la imagen presidencial.
Este lunes, Macron protagonizó una nueva escena similar en Nairobi, durante una conferencia cultural francoafricana en la Universidad de Nairobi. Visiblemente molesto por el ruido de una parte del público, el presidente se levantó de la primera fila e interrumpió el acto para exigir silencio. “Es una total falta de respeto”, espetó ante el auditorio. El vídeo también se ha hecho viral y ha vuelto a alimentar el debate sobre su estilo presidencial.
Este giro coincide con un momento político delicado para el presidente francés. Después de casi una década en el poder, Macron afronta una erosión importante de su popularidad. Varias encuestas sitúan su aprobación en torno al 24%, mientras crecen las alternativas tanto a la derecha tradicional como, sobre todo, a la extrema derecha.
Además, Macron ya no podrá presentarse a las presidenciales de 2027 por la limitación constitucional de mandatos. La carrera para sustituirlo ya está plenamente abierta y su espacio político afronta un futuro incierto. Figuras como Édouard Philippe o Gabriel Attal intentan heredar el centro macronista, pero las encuestas muestran un ascenso sostenido del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella.
En este contexto, las escenas de un Macron corrigiendo ciudadanos o riñendo públicos ruidosos proyectan la imagen de un presidente que, más que gobernar el futuro político de Francia, parece querer preservar hasta el final una cierta idea de autoridad republicana y de solemnidad institucional.
