Añadir La Ciutat como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad
La firma del acuerdo de asociación con la Unión Europea, celebrada ayer en Bruselas, ha dejado una imagen curiosa: la de un evento de gran trascendencia política e institucional que, al menos aparentemente, no ha conseguido despertar un entusiasmo proporcional a su importancia.
Por un lado, la manifestación convocada para reclamar la celebración de un referéndum sobre el acuerdo quedó bastante descafeinada. La lluvia no dio tregua y condicionó una movilización que, por la participación registrada, difícilmente se puede calificar de éxito. Los contrarios al acuerdo, o al menos quienes reclaman que la ciudadanía tenga la última palabra, no consiguieron exhibir una demostración de fuerza significativa.
Pero por el otro lado tampoco se vieron grandes celebraciones. Sorprende especialmente la discreción con que el entorno de Demòcrates per Andorra ha recibido la firma. Acostumbrados a ver cómo cualquier iniciativa del Gobierno genera una avalancha de publicaciones, felicitaciones y mensajes entusiastas en las redes sociales por parte de consejeros generales, cargos y simpatizantes demócratas, esta vez el silencio ha sido bastante más elocuente que las celebraciones. Ni siquiera un hito que el ejecutivo considera capital para el futuro del país parece haber activado la habitual maquinaria de difusión y apoyo político en las redes.
El resultado es una paradoja: después de once años de negociaciones, el acuerdo de asociación ha llegado a la firma sin provocar, aparentemente, ni una gran oleada de adhesiones ni una movilización masiva de rechazo. Un acuerdo que puede marcar el futuro de Andorra durante décadas, pero que, de momento, parece no despertar ni frío ni calor.