El Palau Abària abrirá las puertas a la ciudadanía en la Festa del Renaixement

Se hará un cuentacuentos y una visita teatralizada recreando los personajes de Llop y Martí d’Abària

10 de julio de 2026 a las 10:50h

En unos días Tortosa volverá a vestirse de gala para acoger la XXIX edición de la Festa del Renaixement, y hay quien siempre piensa cómo poder seguir haciendo grande la fiesta incorporando nuevas actividades que, desde el rigor histórico, permitan descubrir nuevos espacios a la ciudadanía. Este es el caso de Sand del Renaixement que, por primera vez, abrirán las puertas del Palau Abària para que los más pequeños de la casa puedan adentrarse en el edificio histórico que acoge la sede del Gobierno de la Generalitat en las Terres de l’Ebre.

La actividad tendrá lugar el próximo viernes 17 de julio, a partir de las 11 h. Se iniciará con el cuentacuentos del libro “Un embolic amb la seda tortosina”, el tercero de la colección de cuentos “Descobrint el Renaixement de Tortosa”, de Irene López y Meritxell Algueró. A continuación, habrá una representación teatralizada a cargo del grupo de teatro de Lo Pastisset que recreará las vidas de Llop y Martí d’Abària, los habitantes del palacio en el siglo XVI.

Pero, ¿cómo ha sido posible esta iniciativa? ¿Qué supone para la Generalitat poder organizar, por primera vez desde su rehabilitación, una jornada de puertas abiertas en el edificio? Nos desplazamos hasta el palacio para poder hablar con el delegado del Gobierno de la Generalitat de Catalunya en las Terres de l’Ebre, Joan Càstor Gonell, para que nos lo explique:

 

¿Qué supone abrir por primera vez desde su rehabilitación las puertas del edificio histórico de la Generalitat a la ciudadanía?
Nos permite acercar a la ciudadanía el Gobierno de la Generalitat. Se trata de una actividad reducida y con accesos limitados pensada para los niños en un momento especial para Tortosa como lo es la Festa del Renaixement. Participando de la vida tradicional y festiva de Tortosa, y estando ubicados donde estamos, pienso que es muy positivo porque como Gobierno de la Generalitat también nos debemos integrar en este tipo de actividades y acercar la casa de todos a la ciudadanía.

 

¿Cómo le llegó esta propuesta?
Esta propuesta nos llegó por parte de la compañía de Sand del Renaixement que se dedican a organizar actividades infantiles con cuentacuentos y talleres y que hace muchos años que participan en la Festa del Renaixement. Una propuesta innovadora que nos plantea Irene López para que los niños puedan conocer el Palacio y la historia de su ciudad y también la Generalitat en el territorio.

 

¿Cree que esta actividad puede ayudar a acercar la historia a los niños y niñas de un barrio que no tiene acceso fácil a la cultura?
Nos permite acercar la historia y la cultura a todos los niños, pero es cierto que no es fácil porque de manera normal no tienen acceso y esta será una buena oportunidad para el vecindario de nuestro barrio y para estos colectivos y eso le da aún más valor. Además, no es tampoco la primera actividad que organizamos en este sentido, ya hemos hecho otras, como la chocolatada, también de la mano de Sand del Renacimiento.

 

De hecho, desde el Ayuntamiento se ha comentado que una de las voluntades del Plan de Barrios y Villas de la Generalitat es acercar la Fiesta del Renacimiento a otros colectivos y etnias, ¿no?
Como ya comentábamos, valoro muy positivamente que se acerque la cultura y la historia mediante el Plan de Barrios y estamos alineados tanto el Gobierno como el Ayuntamiento, en este caso.

 

¿Qué pensó el primer día que entró a trabajar en este Palau?
Ya había estado de visita, pero valoré su encanto y valor histórico porque lo puedes conocer con más detalle. Te queda el gozo de poder estar en un edificio histórico cargado de elementos de diferentes épocas que demuestran la relevancia del Palau a nivel histórico, pictórico, arquitectónico y cultural.

 

¿Le favorece en la tranquilidad o el estado de ánimo el hecho de trabajar en un espacio diáfano, rodeado de historia y de pinturas murales como las de su despacho?
Nos debería favorecer, pero, en este caso, mucha parte de la actividad de la delegación tiene lugar fuera del Palau. Y sí, es un espacio que inspira calma y tranquilidad, pero, por desgracia, no la puedo disfrutar tanto como quisiera porque estoy poco tiempo en el Palau.

 

Los primeros ocupantes de este Palau, en el siglo XV, fueron los nobles de la familia Aldana. Más tarde, Llop y Martí d’Abària. ¿Conocía la historia de sus antiguos residentes?
Bueno, la historia en profundidad no la conocía, pero sí que había leído cosas sobre los antiguos propietarios del Palau y quién lo había ocupado en el pasado. 

 

¿Es importante, pues, difundir el pasado histórico?
Creo que es importante acercar las instituciones y el Gobierno a la ciudadanía, pero si hablamos de los niños, aún más. Si se trata de un lugar con un cierto valor histórico, patrimonial y cultural el hecho de que se pueda visitar aún le da más valor y dentro de las actividades de la Fiesta del Renacimiento, también es muy importante estar ahí y apoyarlo.

 

Por último, ¿qué le diría a la ciudadanía que todavía no sepa que en esta Festa del Renaixement pueden venir a descubrir este palacio?
Les diría que vale la pena aprovechar esta oportunidad y que puedan participar de nuestra actividad para disfrutar del Palacio, las pinturas y la visita teatralizada que haremos.

 

La actividad está pensada para poder acercar la historia del siglo XVI y la Festa del Renaixement a aquellos niños y niñas de colectivos más vulnerables de los barrios del Rastre, Santa Clara y Remolins que, normalmente, no pueden tener un acceso directo a la cultura ni tampoco pueden formar parte activa de la Festa del Renaixement. El Ayuntamiento de Tortosa anunció hace poco su voluntad de incluir como una de las acciones previstas en la Llei de Barris i Viles el hecho de acercar la Festa del Renaixement a todos estos colectivos para hacerla más cercana y más inclusiva.

 

El pasado del Palau Abària

La historia del Palau Abària se remonta a 1453, cuando aparece documentada en Tortosa la familia noble de los Aldana, procedentes de Galicia. Entre los siglos XV y XVI su máximo representante fue Joan d’Aldana, que sirvió en las campañas italianas de la época de Ferran II y Carles I. Joan d’Aldana tuvo cuatro hijos, pero todos ellos murieron sin descendencia a mediados del siglo XVI. Ante este hecho, es muy posible que el Obispado de Tortosa adquiriera los terrenos, ya que, posteriormente consta que fueron los canónigos de la Catedral quienes ofrecieron el palacio como vivienda a la familia de Llop d’Abària, originario del País Vasco (Lazkao), que había venido a Tortosa para trabajar en las obras de la Catedral como ayudante del maestro de obras, Martín García de Mendoza, a finales de los años ochenta del siglo XVI. Cuando este murió, le sucedió como maestro titular de la obra de la Seu, pero también se murió al cabo de un año, en 1616.

Su hijo fue Martí d’Abària i Magraner, que continuó la tarea de su padre y obra suya es la actual fachada barroca de la Catedral de Tortosa, de la cual firmó el proyecto. En 1625, sin embargo, decidió dimitir del cargo para dedicarse a otros negocios como los de la madera del Puerto de Tortosa-Beseit para los astilleros de Barcelona y para el mobiliario de madera del Palau de la Generalitat, así como también al comercio del trigo, mediante el cual acabó ocupando el cargo de tesorero de la Santa Cruzada en Cataluña. También destacó por su participación en la contrarrevolución tortosina de 1640 en la que fue premiado por el rey Felipe IV, que le concedió los privilegios de caballero, militar y noble el 19 de abril y el 20 y 21 de septiembre de 1642. La estirpe de los Abària se prolongó hasta finales del siglo XVIII, en que los últimos miembros de la familia murieron solteros o sin descendientes.

El Palau Abària ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de su historia y, al final, era un edificio que presentaba una mezcla compleja de diversos estilos comprendidos entre los siglos XV y XIX. La obra constructiva, de los siglos XV y XVI, era de estilo gótico y barroco. La estructura del palacio era de planta baja, entresuelo, piso principal y buhardillas. La fachada principal se dividía en tres cuerpos verticales, con la parte central de mayor altura y con un alero de madera. La portada de acceso era mediante un arco de medio punto con montantes de sillares y arcos de ladrillos en abanico enlucidos. En su centro había un relieve de Cristo y dos escudos laterales (uno de los cuales tenía la imagen de un león rampante y la inscripción latina “reinare”). Había dos puertas más, de inferior altura y con una dintel. Los balcones son de hierro y baldosa lisa y las ventanas eran rectangulares en los laterales y en forma de arco y con tres aberturas las del centro.

Su patio interior, según recuerdan aún diversos testigos, era similar al del Palacio Episcopal o al que había en el Palacio Oliver de Boteller, a cielo abierto. Había una gran escalinata de piedra y el primer piso tenía también una galería con arcos alrededor del patio. En el centro, había un pozo y en este espacio hemos de imaginarnos que había también las caballerizas, los establos, la cocina y las habitaciones de los criados. La puerta de salida trasera era, de hecho, un patio interior, dado que las dependencias del Palacio eran mucho más extensas. Allí se observa un blasón nobiliario con referencias mitológicas como una sirena de dos colas, representación típica del barroco, que podría simbolizar el dominio sobre los mares, la influencia de la familia en el comercio fluvial o marítimo próspero o la abundancia de recursos que aporta el agua a la ciudad.

Encontramos también la representación de la diosa Venus con un espejito en la mano. Esta imagen estaba ligada a la figura de la vanidad y representaba la fugacidad de la juventud, la belleza física y el paso del tiempo. El triunfo de la virtud sobre la superficialidad. También aparece un infante desnudo sobre una nube que, en la iconografía religiosa representa un ángel símbolo de la pureza, la inocencia y la protección divina. Mientras que la aparición de una figura de un caballero con armadura, típica de la nobleza, simboliza el coraje, el honor, la protección del pueblo y la vinculación a un estamento militar, como sabemos que sí tuvieron los nobles de los Aldana y, a partir del siglo XVII, también los Abadía. Finalmente, el ave de larga cola que aparece en la pared lateral podría estar vinculado con el ave de fuego, símbolo del espíritu o de la libertad.

Hasta 1918 fue la casa solariega de la familia burguesa de los Tallada-Ravanals que incorporaron a la casa los pavimentos de mosaicos hidráulicos y las pinturas de la sala dorada, así como el mobiliario modernista que aún había en su interior. Cuando la abandonaron, la adquirió el Ayuntamiento, pero no hizo ninguna actuación y, finalmente, en 2007 la adquirió el Gobierno de la Generalitat. 

En 2007 el Palacio sufrió una rehabilitación integral que no respetó mucho los elementos históricos del edificio. Se han conservado muy pocos detalles ornamentales de todos aquellos siglos y cuesta ubicarlos en el contexto antiguo. Algunos de los elementos conservados son: una esquina de sillares coronada por una gárgola, el pozo, algunas columnas del patio y las pinturas murales del interior.

En la sala dorada, que actualmente acoge el despacho del delegado del Gobierno, se conservan las pinturas murales del siglo XVIII que se basan en el libro del Génesis del Antiguo Testamento y de la Creación del Mundo que representan las escenas de: la creación de Adán y Eva, Adán y Eva en el jardín del Edén, la Expulsión del Paraíso y Caín y Abel. Así como también el quinto día de la creación donde Dios, desde una nube, crea los animales con un perro lobo, un unicornio y dos pájaros. Allí también hay unas del siglo XIX que corresponden a una cenefa con motivos geométricos de tonalidades verdes y amarillas; así como la representación de un par de paisajes fluviales idealizados que representan una escena de caza y una de pesca.

En el piso superior, donde originariamente estaban el desván y un palomar, hay unas pinturas del siglo XVIII de las representaciones de la Inmaculada, la Virgen de la Cinta, una figura alegórica a la Pureza, un jarrón de flores y una viga de madera decorada con pájaros de estilo naturalista. También había una representación de San Miguel Arcángel, pero estaba muy deteriorada y no se pudo conservar.