Cada 14 de marzo, las personas amantes de la matemática tenemos una cita destacada en el calendario: el Día Internacional del Número Pi (3/14 según la notación anglosajona). Como docente de matemáticas en un instituto público de nuestra ciudad, es una jornada que aprovecho para intentar contagiar a mi alumnado la fascinación por esta constante mágica, un número irracional con infinitos decimales que no siguen ningún patrón previsible. Pero hoy, quiero relacionarlo con las áreas en las que tengo responsabilidad de gobierno e ir un poco más allá de la pizarra de aula y invitaros a reflexionar sobre qué esconden, en realidad, las matemáticas en el siglo XXI.
En el aula, demasiado a menudo me encuentro con miradas de recelo cuando hablamos de álgebra, de estadística o de geometría. Las matemáticas tienen, injustamente, fama de ser frías e inaccesibles. Nada más lejos de la realidad. Son, de hecho, el lenguaje exacto con el que la naturaleza nos habla y una herramienta fundamental para estructurar el pensamiento crítico de las personas. Enseñar matemáticas en la secundaria es enseñar a cuestionar, a deducir y a no dar ninguna premisa por válida sin una demostración previa. ¿Y qué ejercicio de memoria democrática hay más potente que formar ciudadanos libres, con una fuerte capacidad crítica, inmunes a la manipulación, a los populismos y a las noticias falsas? La escuela pública tiene este deber, porque la razón y la ciencia han sido, a lo largo de nuestra historia, el mejor antídoto contra los totalitarismos y el oscurantismo.
Sin embargo, hay una realidad que me encoge el corazón cuando el alumnado tiene que elegir su itinerario en cuarto de ESO o en bachillerato: la flagrante brecha de género. ¿Dónde están las chicas en las ramas tecnológicas y científicas? Las estadísticas son tozudas y nos alertan que muchas jóvenes, a pesar de tener expedientes brillantes, descartan estas opciones por culpa de estereotipos de género profundamente arraigados en la sociedad. Aquí es donde nuestra memoria y la visión feminista tienen que darse la mano con fuerza. Si nuestras jóvenes no tienen referentes, difícilmente se podrán proyectar. En este sentido, me hace ilusión la iniciativa reciente que podemos encontrar en la Oficina de Turismo de Cataluña en las Tierras del Ebro, situada en el Museo de Tortosa, con una ruta matemática por Tortosa que invita a explorar nuestra ciudad desde una perspectiva geométrica, estadística, de cálculo... y de la mano de la figura de Griselda Pascual, una de las matemáticas catalanas más relevantes y pioneras de nuestra historia reciente y con vínculo con nuestra ciudad. Recuperar su nombre, hacerlo pisando el territorio y ponerla en el lugar que le corresponde es un ejercicio magnífico de justicia, memoria y divulgación.
Desde la concejalía de promoción económica lo constatamos diariamente: los perfiles profesionales más demandados por las empresas y los que generarán el empleo de calidad del futuro más inmediato están estrechamente ligados a las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Si renunciamos al talento de la mitad de la población —las mujeres—, estamos lastrando nuestro propio desarrollo económico local y nacional. Necesitamos atraer este talento y necesitamos, además, hacerlo en catalán. Promover que la tecnología de vanguardia se exprese, se investiguen algoritmos y se divulgue ciencia en nuestra lengua es capital para asegurar su supervivencia y la normalidad en todos los ámbitos estratégicos. Un país que hace investigación y piensa matemáticamente en su lengua es un país vivo, cohesionado y proyectado hacia el mundo con voz propia.
El número Pi es apasionante porque es infinito, no se acaba nunca, exactamente igual que nuestro camino hacia la igualdad y el conocimiento. Este 14 de marzo, os invito a mirar las matemáticas con otros ojos. Desmitifiquémoslas, hagámoslas cercanas. Decid a vuestras hijas, nietas y alumnas que ellas también pueden diseñar aplicaciones, calcular estructuras o entender el universo. Desde los ayuntamientos y desde la escuela pública continuaremos trabajando, incansablemente, para que la ecuación de nuestro futuro sume progreso económico, igualdad de oportunidades, memoria compartida y plena normalidad lingüística. Feliz Día de Pi.