El delta del Ebro, zona cero del cambio climático 25 años después del intento de trasvase

Gobierno, regantes y expertos admiten que el Delta se hunde como una "bañera" y alertan que sin sedimentos no será viable ante la aceleración climática

ACN
03 de enero de 2026 a las 13:28h

De una cuña emergida a una bañera que se hunde cada vez más. La aceleración de los efectos del cambio climático ha modificado sensiblemente la representación simbólica del delta del Ebro por parte de todos los actores que interactúan en él: habitantes, productores, administraciones, expertos y conservacionistas.

25 años después de superar la amenaza del Plan Hidrológico y el gran trasvase proyectado por el entonces gobierno español del PP, todos reconocen la urgencia y la necesidad de actuar para hacer frente a los retos ambientales de este siglo. Gobierno y regantes apuestan por "sellar" esta "bañera" con medidas contra la regresión y gestionar el agua con sistemas de bombeo. Los expertos recuerdan, sin embargo, que sin sedimentos mantener el espacio no será viable.

A principios de la década del 2000, la sociedad de las Terres de l'Ebre se movilizaba de forma masiva para detener una amenaza sin precedentes plasmada legalmente en las páginas del BOE. La ejecución del Plan Hidrológico Nacional (PHN) y el trasvase de 1.050 hectómetros cúbicos anuales del río Ebro hacia el sur que preveía fueron percibidos como una sentencia de muerte para el tramo final del río y el Delta.

En aquel momento, los dirigentes de las comunidades de regantes del tramo final del Ebro, en consonancia con el gobierno de la Generalitat entonces convergente, abrazaron la idea de vender el agua de sus concesiones para, aparentemente, financiar medidas de preservación del Delta. Como compensación por el trasvase, el gobierno español puso sobre la mesa un plan de medidas multimillonario que incluía desde una ultramoderna red de sensores ambientales a colosales barreras contra el agua salada en la desembocadura del río. Era lo que se dio a conocer como el Plan Integral de Protección del Delta del Ebro (PIPDE).

Ni el trasvase, ni este plan compensatorio se acabaron materializando, tras la derrota del gobierno del PP en las urnas en 2004. La posición de los regantes, pasados 25 años y fruto de procesos de relevo internos, dista bastante también de la de aquella época. "Aquello fue un fracaso porque nos encontramos en un escenario en el que se hicieron muchas obras sin tener en cuenta el territorio, actuaciones sin sentido para quien no vive en el Delta. Sirvió para alimentar y justificar la inacción (del gobierno español)", analiza en declaraciones a la ACN el presidente de la Junta de Gobierno de la Comunidad de Regantes de la Izquierda del Ebro, Javier Casanova.

"Creo que el Delta ha cobrado un papel protagonista. Se ha convertido en el actor principal de esta lucha que comenzó hace más de 20 años y que, ahora mismo, tiene al Delta como punto de mira y se ha convertido en la zona cero del cambio climático", subraya, por su parte, el director del Departamento de Territorio en las Terres de l'Ebre, Miquel Alonso.

Muestras de sedimentos en los laboratorios de Eurecat en Amposta

 

El alarmante precedente del mar Menor

Nadie duda ya, a estas alturas, que el Delta requiere una protección especial y, sobre todo, urgente. Los científicos lo tienen claro: alertan de que el espacio natural ha llegado a 2025 "con el peor de los escenarios" que se preveía a principios de siglo. Una situación que todavía podría ser más catastrófica si se hubiera ejecutado el PHN, con el riesgo de convertirlo en un ecosistema profundamente degradado, como el Mar Menor.

Lo sostiene el director del Centro de Resiliencia Climática de Eurecat, Carles Ibáñez, al recordar los efectos catastróficos que, en este último caso, ha producido el trasvase del Tajo-Segura (a partir de una sobreestimación de los recursos hídricos existentes y una expansión sin parar de los regadíos) y los paralelismos que un caso similar habría replicado en el Delta.

Así las cosas, dos décadas y media después de aquella amenaza los diferentes sectores del Delta coinciden en la necesidad urgente de actuar para hacer frente a los embates del cambio climático, expuestos de forma cruda a raíz del temporal Gloria de hace cinco años. A diferencia de hace 25 años, también se han disipado "las dudas y el escepticismo" sobre el cambio climático.

Lejos de los primeros indicios de principios de siglo, durante los últimos años las evidencias han sido incuestionables hasta el punto de que se ha generado la actividad científica y la innovación tecnológica para "encontrar las herramientas de adaptación" desde el Delta y las Terres de l'Ebre, con una especial aceleración en los últimos años. Un reconocimiento capital, vistos los precedentes, pero con matices importantes a la hora de planificar y aplicar las medidas sobre el terreno

El director del Departament de Territori a les Terres de l'Ebre, Miquel Alonso, assenyala la badia dels Alfacs des de la guarda construïda al litoral

 

La clave de la gestión del agua

Tras años de diferencias ostensibles, las estrategias de actuación de regantes y Gobierno parecen volver a confluir y las estrategias se vuelven a alinear. Se ha articulado la Mesa de Consenso por el delta del Ebro como espacio de encuentro institucional y se despliegan instrumentos como el Plan Integral de Gestión del Agua Dulce en el Delta del Ebro (PIGADE). Casanova subraya la relevancia de esta gestión del agua, sobre todo, a partir de la eclosión de la plaga del caracol manzana, que obligó a los arroceros a rebajar la lámina de agua y replantear buena parte de sus prácticas agronómicas. El Gloria, asegura, corroboró esta necesidad.

"Teníamos que dar respuestas desde todos los ámbitos: por el tema ambiental, pero también por el tema productivo", señala, recordando la interdependencia de sectores como la pesca y la acuicultura. Esto ha llevado a los regantes a adaptarse para gestionar adecuadamente la inundación de una llanura deltaica que se hunde progresivamente por la falta de sedimentos y ve cómo el mar sigue creciendo. "Estamos subiendo las paredes de protección y el nivel del mar sube: tenemos que tener más capacidad de extracción", sentencia.

La idea es que en los próximos dos o tres años, los regantes de la Izquierda puedan doblar la capacidad actual de bombeo, pasando los cerca de 19 metros cúbicos por segundo actual a una capacidad de extracción de agua dulce a los casi 40. Uno de los ejemplos lo encontramos en la zona del estanque de la Estella, donde los regantes instalan (con financiación pública del Gobierno) media docena de bombas para extraer el agua de los arrozales más hundidos para dirigirla hacia la laguna y, en última instancia, hacia las bahías y el mar.

La inversión prevista con el PIGADE es de 36,7 millones de euros en los dos hemideltas, incluyendo sistemas de monitorización, las bombas y generación eléctrica fotovoltaica para alimentarlas. Casanova se muestra optimista sobre la viabilidad del Delta durante lo que queda de siglo. Cree que la gestión hecha con criterios acordados por los mismos agentes presentes en el Delta es clave para mantener a raya fenómenos como la subsidencia y la regresión de la costa. El dirigente de los regantes asume que los mismos embalses que alimentan los canales son los que retienen los sedimentos y es firme partidario de luchar contra el retroceso con las dragas que utilizan en los Países Bajos o en la Albufera de Valencia.

"Creo que uno de los hechos que hace que el Delta sea protagonista, precisamente, no tanto por la subsidencia o la falta de aportación de sedimentos que hay en el Delta, sino que los efectos provocados por el cambio climático, como por ejemplo la subida del nivel del mar, que se incrementa y es mucho más rápida y hace que la gente que vivimos aquí tengamos que prevenirlo", subraya Alonso, desde el Departamento de Territorio.

Una de las bombas instalada en la balsa de L'Estella, en el delta del Ebro

 

Guardas, bombas y dragas

Reivindica, junto a planes como el PIGADE, la utilidad de las medidas planteadas desde el Govern: las guardias elevadas siguiendo la línea de costa de las bahías de los Alfacs y del Fangar, también alrededor de las lagunas o la futura movilización de sedimentos del frontal del Delta para actuar contra la regresión litoral y para la cual se prevé la adquisición de una draga siguiendo el modelo adaptado de la costa holandesa del mar del Norte. "Tenemos un proyecto para salvaguardar el Delta y lo estamos llevando a cabo", asegura, matizando que más allá de la importancia ambiental, en el espacio viven personas y existen actividades productivas.

Son acciones, de acuerdo con el Gobierno, que pueden contribuir a preservar los usos actuales del espacio en el horizonte del año 2100. Más allá de esta fecha el agua las guardas que se levantan 1,2 metros por encima del actual nivel del mar podrían resultar insuficientes. "Una de las cosas de las que nos hemos dado cuenta es que esto es una bañera, no una cuña emergida por encima del mar", apunta Alonso, partidario firme de la movilización de sedimentos litorales para reforzar los márgenes exteriores de esta bañera mientras se continúa bombeando hacia afuera el agua dulce del interior.

"Tenemos que empezar a trabajar en la protección, pero la gente que venga, que esta protección ya la tendrá porque este es nuestro objetivo, teniendo esto se tendrán que preocupar de qué hacemos dentro del Delta, qué pasa, qué hacemos en la vida nuestra de la gente que somos del Delta y que tenemos una manera de entender la vida única", sentencia.

La visión optimista de regantes y Gobierno todavía choca con la reticencia de las entidades ambientalistas, que desde hace décadas reivindican un caudal de agua y suficientes sedimentos para garantizar la pervivencia del Delta. Pero los anuncios de los diferentes gobiernos en el sentido de abrir la puerta a estudiar la movilización de los sedimentos que retienen los pantanos del tramo final del río sigue chocando con la realidad administrativa y la enorme lentitud de unos procesos que la urgencia que vive el Delta no puede asumir.

 

Combinación de modelos y estrategias

Desde Eurecat, Carles Ibáñez, una de las autoridades científicas más respetadas por estos grupos, apuesta ahora por consensuar una combinación de modelos y estrategias que permitan mantener la morfología actual del Delta. Consciente de que cada vez hay menos agua disponible y de que el gobierno español en ningún caso se plantea reducir las dotaciones de agua de la cuenca del Ebro a los regadíos -que suponen ya un 90% de las concesiones-, avisa de que los costes socioeconómicos de la degradación de ecosistemas sensibles serán difícilmente asumibles, como los 600 millones que el gobierno español destinará a revertir la situación crítica del Mar Menor.

Respecto a hace 25 años, certifica que se han disipado "las dudas y el escepticismo" sobre el cambio climático. Si a principios de siglo los cambios se comenzaban a percibir, ha sido durante estos años posteriores cuando las evidencias se han vuelto incuestionables hasta el punto de que se ha generado la actividad científica y la innovación tecnológica para "encontrar las herramientas de adaptación" desde el Delta y las Terres de l'Ebre, con una especial aceleración en los últimos años.

Además de Eurecat, organismos como el IRTA, el Observatorio del Ebro o la URV trabajan para incrementar la resiliencia del Delta, un "tejido de investigación e innovación" para entender mejor qué está pasando y encontrar soluciones para adaptarse a ello. Una actividad, explica Ibáñez, que también ha permitido atraer y retener talento joven en el territorio. "Esta percepción de la investigación vinculada a la realidad del territorio es importante y puede ayudar a mejorar las actividades económicas", ha defendido Ibáñez.

Los resultados obtenidos por los investigadores son abrumadores. Si hace 25 años preocupaba que el nivel del mar aumentara unos dos milímetros, "ahora ya estamos llegando a los cinco milímetros cada año". Aparte de perder playa, en la práctica, supone más cantidad de agua a bombear en los arrozales, tormentas marinas devastadoras y sin precedentes, como la Gloria, una sequía inédita que ha obligado, por primera vez, a restringir a la mitad el agua de riego en el Delta, constantes y violentas gotas frías, u olas de calor tan graves que matan el cultivo acuícola y "afectan a toda la biodiversidad, la salud humana, el mismo cultivo del arroz y la pesca". El clima deltaico se ha "tropicalizado".

 

El escenario más grave de los previstos

Según el director del Centro de Resiliencia Climática de Cataluña, la situación ha acabado siendo "más grave" de lo que se preveía hace un cuarto de siglo. Apunta, de hecho, que se trata de un escenario "peor" entre los previstos a principios del siglo XXI, aunque la aceleración de la emergencia climática "también se había augurado". "No todo es culpa del cambio climático. Eso es muy fácil como excusa. Hay una parte de mala gestión y una gestión mejorable de los recursos naturales", apunta, en referencia, precisamente, al agua.

Con el objetivo de mantener el Delta "en un estado similar al actual", Ibáñez defiende que es necesario conservar los espacios naturales y también el cultivo del arroz reduciendo las emisiones de carbono y persiguiendo la neutralidad climática. Advierte que si se acaba sustituyendo por otros cultivos o actividades humanas más agresivas puede ser catastrófico para el Delta. Por ello trabajan en un esquema de créditos de carbono como incentivo para los arroceros, dentro del proyecto Bioresilmed. "Puede ayudar a garantizar, con un pequeño cambio de prácticas, una aportación de dinero al sector que pueda permitir mantener el cultivo", apunta el científico.

Ibáñez mantiene también que las investigaciones de los últimos 25 años han constatado que la mejor respuesta del frente litoral con zonas de playa más amplias y humedales ante situaciones de emergencia (como el Gloria) redunda en menos desperfectos. La restauración del sistema costero es "una franja de seguridad" en temporales marinos y como franja de protección exterior es la más adecuada, según defiende Ibáñez

Es también una de las claves del "modelo holandés" hacia el que, "desgraciadamente" según Ibáñez, va el Delta porque la recuperación de los sedimentos retenidos en los embalses, río arriba, "está tardando demasiado". "La parte de los diques que tienen los pueblos en aguas interiores sería el equivalente a nuestras bahías. Aquí, como no tenemos playas, tenemos que hacer cosas como las guardas costeras, que ya se están construyendo", ha apuntado.

Apunta que habrá que combinar medidas de protección al estilo holandés, como se empieza a hacer, con la recuperación de caudales de agua y sedimentos, "en la medida que se pueda", así como distribuir sedimentos por los canales de regadío "para intentar mantener una cierta aportación y evitar la subsidencia". Una estrategia que puede aspirar a conseguir, en las próximas décadas, intentar mantener "la situación actual".