Este jueves, la Audiencia de Barcelona ha acogido el juicio contra un hombre acusado de haber agredido sexualmente y retenido durante varias horas a una chica en una zona apartada del polígono de los Trullols de Manresa. Según el relato de la víctima, aquella noche vivió momentos de extremo terror. La joven declaró que "entre el frío y su agresividad, no me dejaba ir y el tiempo se me hacía eterno".
El acusado, que se encuentra en prisión preventiva desde el momento de la detención, ha mantenido un comportamiento disruptivo durante el juicio, con intervenciones fuera de contexto y actitudes irrespetuosas. Este hecho provocó que el juez lo expulsara temporalmente de la sala. Además, solicitó retirarle las esposas, pero le fueron denegadas. En el único turno en que se le permitió hablar, afirmó: "No amo a ninguna mujer. Solo a mi madre y ni eso", declaración que ha quedado registrada.
Los hechos se remontan a la madrugada del 12 de enero de 2025, cuando el acusado presuntamente se presentó ante la víctima a la salida de una discoteca haciéndose pasar por policía. Esta estrategia le habría permitido ganarse la confianza de la joven para conducirla hasta un lugar aislado. Allí se habrían producido diversas agresiones físicas y sexuales seguidas de una detención ilegal dentro de una barraca durante aproximadamente cuatro horas.
La víctima, que ha declarado desde una sala separada para evitar contacto directo con el acusado, ha detallado que el agresor la trasladaba entre diferentes barracas donde ella sufría constantemente actos violentos. Ha asegurado: "La persona era muy agresiva, me cogió por el cuello, me tiró al suelo y me quería quitar los pantalones". También ha explicado cómo perdió control sobre sus objetos personales y móvil mientras sentía que perdía la vida entre el frío intenso y el riesgo constante.
Este episodio ha dejado secuelas psicológicas importantes en la joven. Ha manifestado sentirse permanentemente en alerta: "Ya no soy la misma; salgo a la calle con miedo, no confío en nadie y he perdido la fe en la humanidad". Actualmente recibe tratamiento psicológico intensivo con medicación aumentada para controlar la ansiedad derivada de los hechos.
Ante el tribunal también ha comparecido una testigo clave: una mujer que encontró a la víctima semidesnuda dentro de una cabaña sin luz ni posibilidades de ayuda. La testigo describe cómo estaba temblando por el frío extremo: "No podía hablar; estaba sin zapatos y con los pantalones medio caídos". Cuando el acusado salió brevemente del lugar, esta persona le preguntó qué había pasado; él se escapó inmediatamente antes de que llegaran los Mossos d’Esquadra.
Además, un amigo de la víctima presente aquel día ha explicado cómo fueron abordados por un individuo vestido como policía marroquí que les exigió documentos identificativos intentando quedarse solo con ella. Este testimonio confirma que el agresor iba solo y mostraba actitud intimidatoria hacia los dos jóvenes.
Poco después de los hechos denunciados, los Mossos localizaron al acusado fuera del domicilio familiar después de haber huido saltando desde el segundo piso cuando acudieron a su vivienda buscándolo. Se confirmó también mediante pinchazos telefónicos intentos posteriores infructuosos de contratar servicios sexuales o domésticos.
El arresto se produjo finalmente en Terrassa cuando se encontraba en un restaurante; según fuentes policiales, mostró gran resistencia durante la detención golpeando a agentes hasta intentar huir a pesar de llevar esposas puestas.
Ante el tribunal ha intervenido también un experto criminalista quien califica al acusado como un "agresor sexual en serie", destacando tres casos previos similares cometidos anteriormente por este mismo individuo.
Según este perito, "
Tiene una estrategia planificada consistente en engañar a las víctimas mediante roles autoritarios (como hacerse pasar por policía) para después trasladarlas a lugares apartados donde perpetrar las agresiones sin interrupciones". Asimismo describe el perfil como "rondador", especialmente orientado hacia mujeres originarias de América Latina.
El informe médico forense corrobora claramente las secuelas postraumáticas diagnosticadas: trastorno de estrés postraumático con dificultades para salir sola a la calle o dormir adecuadamente.
Los especialistas confirman pues las consecuencias físicas y psicológicas graves causadas por los hechos objeto del proceso judicial.
Ambas partes acusadoras —fiscalía y acusación particular— mantienen firmemente sus peticiones condenatorias:
la reclamación de los 17 años de prisión, por los delitos tipificados como de agresión sexual con penetración, detención ilegal, así como un delito leve relacionado con lesiones.
En cambio, la defensa reclama absolución total argumentando falta de pruebas suficientes.
El caso ya está visto para sentencia.