Marc Giró puso punto final a su etapa en el programa Late Xou con una intervención que sorprendió. En su último monólogo en el programa, el presentador y humorista decidió romper el guion habitual del humor ligero para abrir una reflexión cruda, directa y profundamente personal sobre el alcoholismo, una realidad que asumió públicamente sin tapujos.
Giró explicó que convive con esta condición y que forma parte del grupo de personas que han dejado de beber, si bien remarcó que el alcoholismo no desaparece nunca del todo. Con su estilo irónico, pero punzante, denunció una de las ideas más extendidas: la creencia de que si alguien no mostraba signos evidentes cuando bebía, entonces no podía tener ningún problema. Según él, esta percepción dice más del contexto social normalizado del alcohol que de la realidad de quien lo consume.
A lo largo del discurso, el presentador diferenció entre aquellos que continúan bebiendo y los que han tomado la decisión de dejarlo. Describió cómo, a menudo, el exceso se disfraza de vida social intensa, de carácter abierto o incluso de una supuesta alegría vital, cuando en realidad puede esconder una dependencia.
Marc Giró se sincera en #LateXou: es alcohólico.
— RTVE Play (@rtveplay) January 21, 2026
Por eso, hace una serie de peticiones a quienes no conciben que un adicto no quiera mojar sus labios, aunque solo sea para realizar un brindis
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Uno de los momentos centrales del monólogo llegó cuando Giró subrayó que el problema no es una copa puntual, sino "todo lo que viene después". Explicó que, si una persona con alcoholismo fuera capaz de limitarse a probar un poco de vino, brindar y disfrutar tranquilamente de la conversación, sencillamente no tendría este problema. Pero la realidad, dijo, es otra: "detrás de la primera copa siempre hay una segunda, y una tercera", hasta que el límite desaparece
Giró también hizo referencia a la manera como entidades como Alcohólicos Anónimos entienden el alcoholismo: "una condición crónica que no se cura, sino que se controla". Por eso, muchas personas continúan presentándose como alcohólicas aunque lleven años sin beber. No es una etiqueta del pasado, sino una manera de recordarse a sí mismas dónde están los límites.
La crítica social fue otro de los ejes del discurso. El presentador cargó contra la insistencia constante en que todo el mundo beba en cualquier celebración. Puso en cuestión que se juzgue con más dureza a alguien que brinda con un refresco o con agua que a otros comportamientos socialmente mucho más graves. Con un tono entre sarcástico y serio, pidió que "se deje de interrogar y presionar a aquellas personas que deciden no beber", porque detrás de esta decisión puede haber una lucha personal que no necesita explicaciones.
También desmontó el tópico de que trae mala suerte hacerlo con agua. Según Giró, la verdadera mala suerte es que alguien salga de una celebración bajo los efectos del alcohol y tome decisiones irresponsables, como conducir en lugar de utilizar el transporte público.
El monólogo fue subiendo de tono hasta convertirse en una auténtica performance. Giró escenificó qué puede pasar cuando alguien acepta “solo una copa”, exagerando las consecuencias hasta acabar cantando La Internacional sobre el mobiliario del plató.
Sin una despedida formal ni nostálgica, Giró cerró su intervención con una última ironía sobre las celebraciones familiares y religiosas, reivindicando la libertad personal tanto para no beber como para vivir al margen de determinadas imposiciones sociales. Así se despidió Marc Giró de RTVE, dejando atrás una etapa exitosa en la televisión pública y avanzando su futuro profesional tras anunciar su fichaje por Atresmedia. Lo hizo, fiel a su estilo, convirtiendo el humor en una herramienta para sacudir conciencias y poniendo sobre la mesa un debate incómodo, pero necesario, sobre la relación de la sociedad con el alcohol.