El temporal de viento asociado a la borrasca Nils ha dejado un fuerte impacto en Cataluña, con incidencias importantes, afectaciones al transporte y numerosos desperfectos materiales. Las rachas superaron los 100 km/h en varios puntos, en lo que se ha considerado uno de los episodios de viento más destacados de los últimos años.
Justo después de su paso, una nueva perturbación, llamada Oriana, llega con lluvias, viento y mal mar, aunque con una intensidad menor. Esta también irá acompañada de aire frío que hará bajar las temperaturas y podría traer nieve a cotas relativamente bajas.
Un invierno con muchas más tormentas de lo habitual
Desde el inicio de la temporada de borrascas en otoño, Europa ha registrado numerosos temporales, muchos de ellos seguidos y con poca interrupción entre episodios, una situación poco frecuente en las últimas tres décadas.
De hecho, enero ha sido especialmente lluvioso, con registros que no se veían desde hace más de veinte años.
En Cataluña se han contabilizado diversas borrascas, muchas con nombre propio —señal de que han sido especialmente intensas—, como Harry, Kristin, Leonardo o la misma Nils.
El papel clave del vórtice polar
Los meteorólogos atribuyen esta cadena de temporales a una alteración del vórtice polar, una gran masa de aire frío situada sobre el polo norte que normalmente se mantiene estable y confinada a latitudes altas.
Cuando este sistema se desestabiliza, el aire frío se desplaza hacia zonas más templadas. Esto provoca ondulaciones en la corriente en chorro —el flujo de vientos que separa el aire frío del cálido— y favorece la llegada de perturbaciones más frecuentes y activas de lo que sería normal.
Este desajuste es lo que ha generado una sucesión de tormentas casi consecutivas durante semanas.
¿Tiene relación con el cambio climático?
La desestabilización del vórtice polar es un fenómeno natural que se ha producido otras veces y no se puede atribuir directamente al calentamiento global.
Ahora bien, los expertos señalan que una atmósfera más cálida puede intensificar los efectos de los temporales, porque el aire caliente retiene más humedad y puede generar precipitaciones más extremas.
Una temporada especialmente activa
En los últimos meses se han ido encadenando múltiples borrascas de impacto, bautizadas por los servicios meteorológicos europeos dentro del sistema de nomenclatura que se utiliza para facilitar la comunicación del riesgo a la población.
Este protocolo de poner nombre a los temporales se aplica a aquellos episodios que pueden causar daños o afectaciones relevantes, con el objetivo de mejorar la prevención y la información ciudadana.