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Los terremotos han vuelto a ocupar la actualidad este verano a raíz de la secuencia sísmica de Granada y de varios sismos de gran magnitud registrados en todo el mundo. El episodio ha vuelto a poner el foco sobre una cuestión que también afecta a Cataluña: ¿dónde es más probable que tiemble la tierra y qué riesgo hay de que un terremoto provoque daños?
Cataluña está lejos de las zonas con una actividad sísmica más elevada del planeta, pero no es un territorio exento de terremotos importantes. El riesgo es especialmente relevante en los Pirineos y en el Sistema Mediterráneo, mientras que la Garrotxa conserva una larga historia de actividad sísmica.
Los Pirineos, la zona con más actividad sísmica de Cataluña
Los Pirineos son la principal zona sísmica de Cataluña y la segunda gran área sísmica de la península Ibérica. Su actividad está relacionada con las estructuras tectónicas generadas por la antigua colisión entre la placa Ibérica y Eurasia.
Los terremotos que se registran allí suelen ser pequeños o moderados, especialmente en el Pirineo central y occidental, pero la zona ha vivido episodios importantes a lo largo de la historia.
Uno de los principales precedentes es el terremoto de la Alta Ribagorça de 1373, mientras que en el siglo XX un sismo de magnitud 5,5 causó daños en el Valle de Arán en el año 1923.
La Garrotxa también es una zona históricamente sensible
La Garrotxa es otro de los puntos que concentran la atención cuando se habla de terremotos en Cataluña.
La comarca fue una de las más afectadas por la gran crisis sísmica de 1427 y 1428, con movimientos que provocaron daños importantes en diversas poblaciones del noreste catalán.
A pesar de su paisaje volcánico, esta actividad sísmica no está relacionada directamente con una reactivación de los volcanes, sino principalmente con las fallas tectónicas de la región.
También puede temblar frente a Tarragona, el Garraf o el Maresme
El riesgo sísmico catalán no se concentra exclusivamente en las zonas de montaña. También hay actividad en el Mediterráneo catalán, tanto frente a la costa de Tarragona como en el litoral central y norte.
La red sísmica del ICGC registra periódicamente pequeños terremotos mar adentro, entre otros puntos en la costa del Tarragonès y en el golfo de León.
A lo largo del siglo XX y las últimas décadas también se han registrado movimientos de magnitud superior a 4 frente a Tarragona, el Garraf y el Maresme, aunque sin provocar daños importantes.
El riesgo sísmico de Cataluña es moderado, pero no es cero
La clave es diferenciar entre peligrosidad sísmica y riesgo sísmico.
La peligrosidad hace referencia a la probabilidad de que una zona sufra una determinada sacudida. El riesgo, en cambio, también depende de la población, los edificios, las infraestructuras y la vulnerabilidad de las construcciones.
Esto explica por qué un terremoto que sobre el papel no es extraordinariamente grande puede llegar a causar consecuencias graves si es superficial y tiene el epicentro muy cerca de una zona habitada.
Un ejemplo es el terremoto de Lorca del 11 de mayo de 2011, de magnitud aproximada 5,1, que causó nueve muertos, cientos de heridos e importantes daños.
Cataluña no puede saber cuándo llegará el próximo gran terremoto
La ciencia actual permite identificar fallas, estudiar la deformación del terreno, elaborar mapas de peligrosidad y calcular probabilidades. Pero no puede predecir con precisión el día, el lugar y la magnitud de un terremoto.
Por eso, ante el riesgo sísmico, la principal herramienta es la prevención y la preparación, no intentar saber exactamente cuándo llegará el próximo seísmo.
La situación de Cataluña, por lo tanto, está lejos de la de otras regiones con una actividad sísmica mucho más elevada, pero la historia demuestra que los Pirineos, la Garrotxa y otros sectores del territorio pueden sufrir terremotos significativos. La cuestión no es si la tierra volverá a temblar, sino cuándo y con qué intensidad lo hará.