La artista Eugènia Balcells ha muerto a los 82 años, según ha avanzado el diario Ara y ha podido confirmar la ACN. Balcells fue pionera del cine experimental y del arte audiovisual en Cataluña, con una trayectoria marcada por la innovación y la proyección internacional.
Nacida en Barcelona el año 1943, se trasladó a Nova York en 1968, ciudad donde desarrolló buena parte de su carrera. A pesar de residir durante muchos años en Estats Units, mantuvo un vínculo constante con Catalunya, viviendo largas temporadas entre ambas ciudades.
Sus instalaciones y obras se han podido ver en instituciones de primer nivel como el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (Macba) y el Museu Reina Sofía de Madrid, así como en diversos espacios expositivos de Nueva York. El año 2010 recibió el Premi Nacional d’Arts Plàstiques de la Generalitat y el 2025 fue distinguida con la Creu de Sant Jordi.
Una trayectoria entre Barcelona y Nueva York
Balcells estudió arquitectura técnica en Barcelona antes de marcharse a Estados Unidos, donde se graduó con un máster de artes en la Universidad de Iowa (1971). También trabajó para la prestigiosa firma de diseño Chermayeff & Geismar.
Interesada por el audiovisual, se estableció en Nueva York y, a partir de 1975, ya desde Barcelona, se vinculó a los ámbitos de el arte alternativo, el cine experimental y el videoarte, contribuyendo a consolidar estos lenguajes en Cataluña. Desde 1988 vivió a caballo entre Nueva York y Barcelona.
Una obra conceptual y multidisciplinaria
De orientación conceptual, su obra incluye vídeos, cine experimental, instalaciones y montajes audiovisuales, a menudo elaborados a partir de material publicitario y fotográfico y con una presencia destacada del sonido. También dirigió piezas cinematográficas como los filmes ‘Àlbum’ y ‘Boy meets girl’.
Hace menos de un año, en junio de 2025, el MNAC acogió la instalación multimedia ‘Des del centre’, más de cuatro décadas después de su primera exposición en Nueva York. En la Sala Oval se instaló una gran cúpula iridiscente en forma de ojo, con doce pantallas interiores que proyectaban fragmentos de vídeo del mundo entrelazados con música de Peter Van Riper.
Con su muerte, desaparece una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo catalán, referente del lenguaje audiovisual y de la mirada experimental que conectó Barcelona con la escena artística internacional.