La adicción silenciosa que amenaza a los jóvenes catalanes: apuestas y videojuegos disparan las alarmas

Las drogas y el alcohol han perdido terreno entre los alumnos de secundaria, cediendo espacio a las pantallas y las apuestas

22 de abril de 2026 a las 16:16h

Baja el consumo de alcohol y tabaco entre los alumnos de secundaria, mientras que el ocio digital empieza a hacerse un hueco entre las adicciones de los jóvenes. Esta es la lectura que se extrae de los resultados de la última Encuesta sobre el Uso de Drogas en la Enseñanza Secundaria, que entrevistó a 2.500 estudiantes durante el 2025 para recoger estos datos.

Sin embargo, la encuesta muestra que el alcohol continúa teniendo una fuerte presencia entre los estudiantes de secundaria, a pesar de tener prohibida su compra. Según la muestra, la mitad de ellos había consumido el último mes y uno de cada cinco hace un consumo intensivo. Aunque los datos parecen (y son) preocupantes, se debe tener en cuenta que las borracheras han alcanzado los niveles más bajos desde el 2000. Un factor que refleja la disminución progresiva que está teniendo esta práctica. En el caso de la marihuana, pasa del 40% hace nueve años al 16,2% actual

 

El ocio digital, nueva preocupación

Ahora bien, esta tendencia a la baja ha venido acompañada de nuevas adicciones que cada vez son más presentes entre los jóvenes catalanes. El alumnado pasa 4,8 horas al día conectado a internet entre semana, mientras que al fin de semana las horas suben a 6,7. A esto se le suma el uso problemático de las redes sociales, que escala al 15,7% entre los estudiantes de secundaria. 

La encuesta también señala dos prácticas más que tienen cada vez mayor prevalencia entre los jóvenes: los videojuegos y las apuestas. Ambos son casos que tratan en la Unidad de Juego Patológico y otras Adicciones Comportamentales del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge. Si nos centramos en las personas de entre 14 y 25 años que atienden, el 71% de ellos vienen por problemas con los juegos con apuestas, el 17% por la adicción a los videojuegos y en tercer lugar se encuentran los casos de compras compulsivas. Las redes sociales, en cambio, no tienen tanto peso: “De las redes sociales se habla mucho, pero no se trata tanto. No vemos este perfil. Puede ser que no pidan ayuda”, reflexiona Mónica Gómez, del Servicio de Psicología Clínica del Hospital de Bellvitge. 

Además, la mayoría de los casos que recibe el hospital son hombres. Una tendencia que también señala la encuesta: un 84,9% de los alumnos juegan a videojuegos, pero, si hablamos únicamente de los hombres, son el 97% y un 10% de ellos presentan síntomas de adicción. En cuanto a las apuestas, los datos del estudio reflejan que un 5,7% presentan síntomas y un 17% admiten haber jugado el último año (12% en línea). 

 

El peligro del ‘loot boxing’

Los videojuegos hace años que han entrado en buena parte de los hogares catalanes y, en algunos casos, suponen problemas de adicción. Mónica Gómez explica que tienen una “estructura atractiva” y su formato por niveles son un arma de doble filo. “Son partidas rápidas y es fácil empezar a jugar a un videojuego, pero para dominarlo requiere más tiempo”, apunta. 

Los casos más habituales que reciben son los de los videojuegos multijugador, con juegos populares como el Fortnite o el League of Legends (LOL). Con todo, los mayores problemas aparecen con lo que se denomina ‘loot boxes’ (cajas de recompensa en inglés). Se trata de sistemas de recompensa aleatoria que se pueden adquirir dentro del juego con dinero real o con otras vías más lentas relacionadas con tu rendimiento en la partida. Por ejemplo, con cofres para conseguir mejores armas o sobres sorpresa que te dan acceso a mejores jugadores de fútbol. 

 

“Muchos estudios asocian las ‘loot boxes’ como la puerta de entrada para desarrollar adicciones al juego con apuesta. Parecen inocentes y sencillas, pero vemos gente joven que se ha llegado a endeudar. La recompensa es aleatoria y funciona igual que una máquina tragaperras. Engancha porque es un refuerzo intermitente”, afirma Mónica Gómez. 

 

Las apuestas están de moda

Detrás de todo esto, el gran problema que sobresale es el de las apuestas y el juego de azar. “En la sociedad actual hay una aceptación del juego. No hay una percepción de riesgo como con el alcohol o las otras drogas. La parte cultural de ir a un casino o hacer apuestas deportivas se está normalizando, sobre todo en población joven”, alerta la doctora en psicología del Hospital de Bellvitge. 

Entre los casos de entre 14 y 25 años que atienden, un 42% juegan a máquinas tragaperras, un 40% hacen apuestas deportivas y un 39% van a casinos o salas de juego. De hecho, una de las curiosidades es la forma habitual de acceder a ellos. A pesar de que el móvil ha permitido que tengamos un casino en el bolsillo, un 75% de los casos tratados juegan de manera presencial. Un dato alarmante teniendo en cuenta que, en principio, los menores no pueden entrar ni en casinos ni en las casas de apuestas. “La gente joven socializa dentro de un salón de juegos”, destaca. 

 

Más allá de la propia adicción, estos casos conllevan también efectos económicos entre los diversos pacientes que tratan y la mitad de los jóvenes que llegan arrastran deudas. Estos van desde los 10 euros hasta los 120 mil y tienen una media de 8 mil euros. 

 

¿Quién puede generar estas adicciones?

Aunque cualquier joven puede desarrollar una adicción a videojuegos o a las apuestas, hay factores de vulnerabilidad que hacen que ciertos perfiles sean más propensos. Uno de ellos es empezar a desarrollar una adicción conductual con edades tempranas, que facilita una adicción mayor en la vida adulta. Algunos de los otros factores son las personas que puedan tener cuadros de ansiedad, depresión o baja autoestima, ya que tanto los videojuegos como las apuestas “tienen muchas veces la función de evasión” y sirven de vía de escape. 

Por otro lado, las personalidades con impulsividad, más sedentarias o que toleran mal el aburrimiento también pueden estar más expuestas a estos problemas, a pesar de que no es 100% causal. Finalmente, la tecnología puede ser a la vez una puerta de entrada a estas adicciones y “la accesibilidad de manera ilimitada a dispositivos electrónicos” podría suponer un riesgo. A pesar de no estar aún estudiado, Mónica Gómez recalca que no cree que medidas como la prohibición de los móviles en las escuelas modifique de manera significativa la prevalencia de gente con adicciones.

 

¿Cuándo sabemos que alguien es adicto?

La adicción se detecta cuando la actividad en cuestión se prioriza frente a otras. No se trata de cuánto tiempo se le dedica, sino si desplaza otras actividades. Además, también se observa irritabilidad excesiva -tanto a la hora de jugar como por la necesidad de jugar-, menos ganas de estar con familia y amigos o afectación en el rendimiento escolar e incumplimiento de horarios laborales por parte de los jóvenes que empiezan a trabajar. 

 

¿Cómo podemos ayudar?

Cuando se detectan casos como estos, Mónica Gómez remarca que se deben abordar con empatía y sin juicios: “Cuando un familiar detecta este aislamiento y ve este cambio de humor, muchas veces confronta. Si el joven no tiene conciencia de que ha perdido el control, la reacción es de cierre. Evitar la confrontación es un elemento importante, ya que una lucha genera un ambiente contraproducente. Se debe saber buscar el momento. Si está jugando, no estará receptivo”. 

Para poder combatirlo, el Departamento de Salud está elaborando un nuevo Plan de Drogas y Adicciones enfocado a la prevención, a la detección precoz en pediatría y a enseñar un uso saludable de los entornos digitales. En este sentido, Mónica Gómez considera que queda mucho camino por recorrer a la hora de informar de los riesgos del juego patológico y cree que se debería empezar a abordar desde la educación primaria.