OPINIÓN | Ureña: pintar la vida

Artículo de opinión de Jordina Freixanet, portavoz del grupo municipal de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Lleida

Jordina Freixanet
26 de septiembre de 2026 a las 09:01h

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Hay personas que, cuando se van, continúan formando parte del paisaje de una ciudad. Joaquim Ureña es una de esas personas. Todavía hoy cuesta pasear por la Rambla sin buscarlo, o levantar la vista de noche sin recordar la luz de su balcón, mientras trabajaba entre luces y oscuridades.

Esta semana Lleida ha hecho un pequeño acto de reconocimiento y de justicia: se ha inaugurado la exposición Joaquim Ureña. Pintar la vida. La muestra, comisariada por Jesús Vilamajó, se puede visitar en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento hasta el 10 de enero. Os recomiendo que vayáis y que llevéis a alguien. Compartir su mirada también es una manera de hacer ciudad.

El Joaquim había estado siempre allí, en la Rambla, atento a todo lo que pasaba. Con el café y el pincel cerca, retrataba los detalles que a muchos nos pasan por alto: una mesa, unos libros, una ventana, alguien que espera el autobús. La luz de su balcón ha acompañado a generaciones de leridanos. Y él, con aquella curiosidad suya, recogía fragmentos de nuestras vidas y los convertía en trazo y en luz.

Amar Lleida, para él, también era salir a descubrir mundo. Quería mucho a Almería de Maria del Mar, donde tenía otro estudio y donde encontró paisajes que entraron en su pintura. Ureña llevó Lleida al mundo. Y, a veces, tengo la sensación de que la ciudad no supo reconocerle lo suficiente.

También compartió esta mirada con los demás. Durante casi treinta años dio clase en la Escuela de Arte Municipal Leandre Cristòfol. Detrás del artista reconocido en todas partes había un maestro que ayudaba a otras personas a encontrar su voz.

Pienso en ello especialmente ahora. La Escuela de Arte necesita confianza: en el profesorado, en el alumnado y en el trabajo que hacen cada día. Una ciudad que reconoce a Ureña también debe cuidar los lugares donde se forman los artistas que vendrán. Los números y las mochilas heredadas no pueden ser la única manera de mirar una escuela, este sería el verdadero homenaje que le podríamos hacer.

Recuerdo la emoción de verle pronunciar el pregón de la Fiesta Mayor del 2024. Él, que había pintado tantas veces la vida de Lleida, tomaba la palabra ante la ciudad para hablar de su estima por la pintura y por su casa. Era una manera bonita de devolverle una parte de todo lo que nos había dado.

Esta semana hemos hablado mucho de convivencia en el pleno. Yo misma he dedicado muchas palabras. Y seguro que aún leeremos artículos llenos de reproches y de fórmulas mágicas que, poco a poco, van sembrando desconfianza y odio en nuestras calles. Al salir de la exposición, pensé que hoy quería apartarme de este ruido. Estoy convencida de que en Lleida somos muchos más los que también estamos cansados.

Ureña nos recuerda algo sencillo: para entender una ciudad, hay que mirarla. Mirar a las personas, los espacios que comparten y los pequeños gestos que hacen que un lugar sea hogar. Él lo hizo toda la vida, con curiosidad y con el pincel en la mano.

Joaquim nos dejó en diciembre de 2024. Pero todavía lo podemos encontrar en la Rambla, en aquella luz que recordamos y en sus cuadros. Nos espera con una invitación que vale la pena aceptar: volver a mirar la Lleida que creíamos que ya conocíamos.

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