OPINIÓN | Trapecio: 30 años convirtiendo el circo en capitalidad cultural

Artículo de opinión de Daniel Recasens, portavoz del grupo municipal de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Reus

Daniel Recasens
Daniel Recasens
22 de mayo de 2026 a las 10:23h
Actualizado: 22 de mayo de 2026 a las 10:27h

Hay proyectos culturales que, con el paso de los años, se convierten en parte de la identidad de una ciudad. El Trapezi es uno de los ejemplos más claros, en Reus. La Fira del Circ de Catalunya no es solo una cita cultural en nuestro calendario. Es también una manera de entender el espacio público e incluso el papel que un municipio puede jugar dentro del mapa cultural del país.

Este año, el Trapezi ha celebrado su trigésima edición. Y lo ha hecho demostrando una salud extraordinaria. Unos 45.000 espectadores, entradas agotadas y calles llenas de vida, de actividad y de público venido de todas partes. Son datos que evidencian el éxito de un modelo consolidado. Pero sobre todo son datos que explican una historia de perseverancia, de visión y de compromiso sostenido con la cultura.

Porque si hoy el Trapezi es una referencia nacional y estatal, y también internacional dentro del mundo del circo contemporáneo, no es fruto de la casualidad. Es el resultado de décadas de trabajo constante, y de una manera muy concreta de entender las políticas culturales: como una herramienta de transformación, de proyección y de cohesión.

Hay que recordar de dónde venimos. El Trapezi nació a mediados de los años noventa, impulsado por Alfred Fort y Bienve Moya, técnicos de cultura de los ayuntamientos de Reus y de Vilanova i la Geltrú. Y es importante subrayarlo, porque nos recuerda el papel fundamental de los equipos culturales, de los técnicos, de la gente que piensa la cultura con mirada larga.

La propuesta era clara: incentivar y difundir el circo como expresión artística contemporánea. En aquel momento había mucho camino por hacer. El Trapezi ha contribuido, edición tras edición, a situar el circo dentro de las artes escénicas con plenitud y reconocimiento. Los primeros directores, Jordi Aspa y Bet Miralta, fueron también piezas fundamentales de este crecimiento. Se estableció un modelo singular: un evento compartido entre Reus y Vilanova i la Geltrú, que alternaban el papel de sede principal y secundaria. Aquella misma voluntad de hacer red y de construir cultura desde el territorio se tradujo también en la existencia de subsedes
como Lleida, Vila-seca o Cubelles durante algunas primeras ediciones.

Había, por tanto, una clara vocación de país. Una voluntad de llegar a todas partes. De entender que la cultura podía y debía crecer y excel·lir también desde ciudades como Reus, porque desde el ámbito local se pueden impulsar proyectos de proyección internacional. El compromiso, la visión y la ambición de Josep Maria Galofre, Xavier Filella, Empar Pont, Joaquim Sorio y Montserrat Caelles, quienes me precedieron al frente de la concejalía de Cultura, también explican que el Trapezi se haya convertido en una referencia mucho más allá de su entorno inmediato.

Incluso en momentos difíciles o de incertidumbre, Reus se creyó el Trapezi. Cuando Vilanova i la Geltrú se fue desvinculando progresivamente, hasta la desaparición definitiva de su festival paralelo en 2011, Reus mantuvo la apuesta. Y por esta perseverancia, el Trapezi se ha consolidado definitivamente como el gran referente del circo contemporáneo en Cataluña y en el Estado. Lo ha hecho también desde la evolución, desde la adaptación. Desde la continuidad de Jordi Aspa al frente del proyecto, hasta la etapa de Leandro Mendoza, marcada también por la dificultad extraordinaria que supuso la pandemia. Y más recientemente, con la dirección de Alba Sarraute y Cristina Cazorla, el Trapezi ha continuado demostrando capacidad de renovación, sensibilidad artística y voluntad de abrir nuevos lenguajes.

Por todo ello, el Trapezi es más que una cita cultural. Es también actividad económica, proyección exterior y dinamización urbana. Es una muestra de que la ciudad está viva. Es comercio. Es restauración. Es ocupación hotelera. Es gente que descubre Reus a través de la cultura. Y sobre todo es punto de encuentro, porque en el Trapezi se dan cita artistas, compañías, programadores y exhibidores, para compartir y generar oportunidades.

Este ecosistema no se construye de un día para otro. Ha necesitado tiempo, complicidades y confianza. Y necesita instituciones que crean en él. Necesita público. Y necesita también una ciudad como Reus, que asuma la cultura como un elemento central de su proyecto colectivo. Cuando vemos familias, niños, jóvenes y adultos compartiendo espectáculos en las calles de Reus, vemos cultura arraigada. Vemos una ciudadanía que ve en el circo una expresión cultural propia. Y vemos también treinta años de trabajo bien hecho.