Trabajar y aguantar. Esta es la realidad de muchos autónomos y pequeñas empresas de Lleida. No es ningún eslogan. Es el día a día. Levantar la persiana, intentar cuadrar números, hacer frente a gastos que no paran de subir y continuar, aunque a veces no salga a cuenta.
Cuando se habla de economía, a menudo parece que se hable de otra cosa. De grandes cifras, de datos macro, de crecimientos que no se notan. Pero la economía real es otra. Es la del pequeño comercio, la del profesional que se lo hace todo solo, la del agricultor, la del transportista. Es la de la gente que no falla.
Y la realidad es tozuda: hoy cuesta más que hace unos años salir adelante. Los costes se han disparado (energía, carburantes, proveedores...), los precios han subido en todas partes y, en cambio, los márgenes son cada vez más pequeños. Muchas familias tienen menos capacidad de consumo, y eso también se nota en la caja cada día.
Mientras tanto, la presión fiscal no se ha reducido. Al contrario. En los últimos años, el Estado ha incrementado la recaudación de impuestos de manera muy notable. Y es aquí donde muchos nos hacemos la misma pregunta: si se recauda más que nunca, ¿por qué no se nota a la hora de aligerar la carga de la clase media que sostiene la actividad?
En este contexto, también es imprescindible actuar sobre el IRPF en Cataluña. Junts ha registrado una proposición no de ley para rebajarlo con el objetivo de que se note desde la primera nómina. La administración debe crecer, pero no debe vaciar los bolsillos de la gente, porque si no, la economía se detiene.
Estos días en el Congreso también se ha aprobado una medida que hacía tiempo que muchos autónomos reclamaban: el IVA cero para los que facturan menos de 85.000 euros. Una propuesta impulsada por Junts per Catalunya que, además, responde a una directiva europea que aquí todavía no se había aplicado.
Esta medida no lo arregla todo, pero puede ayudar. Especialmente a los que empiezan, a los que tienen ingresos más ajustados o a los que ofrecen servicios personales. Significa un poco más de oxígeno.
Pero no es suficiente. Porque el problema es más profundo. Hace tiempo que se reclama una fiscalidad más justa, menos burocracia y más facilidades para emprender y mantener un negocio. No se trata de privilegios. Se trata de poder trabajar con un poco de margen y de certeza.
También en esta línea, cabe destacar el paquete de medidas para hacer frente al impacto económico de la guerra, que incorpora propuestas defendidas por Junts. Hablamos de mejoras en el precio de la electricidad, del gas, de los carburantes, y de condiciones más favorables para autónomos, agricultores y pescadores.
Son medidas necesarias en un momento en que muchas economías familiares están al límite. Porque una cosa son los datos macroeconómicos y otra muy diferente es lo que pasa en casa de la gente. Y eso, los que suben la persiana cada día, lo sabemos perfectamente. En Lleida, el coste de la vida sube, la vivienda también y la actividad no siempre acompaña. Y todo eso pasa cada día, en cada negocio, en cada familia.
Y después hay otra realidad que también pesa: la inseguridad. Quien tiene un negocio lo sabe. Hablamos de pequeños hurtos, pero repetidos. De situaciones que se cronifican, de la sensación de que no pasa nada.
Por eso también es relevante la aprobación de la ley contra la multirreincidencia. Porque sin orden, sin consecuencias, sin seguridad, no hay economía que aguante. Porque al final todo está conectado: fiscalidad, costes y seguridad.
O lo entendemos así, o continuaremos pidiendo a los de siempre que hagan lo imposible. Los autónomos no quieren privilegios. Quieren poder trabajar. Quieren poder vivir. Y sobre todo, quieren dejar de resistir para empezar, de una vez, a avanzar.
