La preocupación más importante de los ciudadanos de Lleida tiene nombres muy concretos: la seguridad, la limpieza y el civismo. Son cuestiones diferentes, pero están mucho más relacionadas de lo que puede parecer. Porque cuando la gente tiene miedo de salir por la noche a tirar la basura o volver a casa y cuando el espacio público está sucio, nos indignamos y pensamos que la Lleida de hoy, no es la de hace unos años.
Lleida tenía un contrato de limpieza del año 2006 (absolutamente obsoleto), una ordenanza de civismo del año 2007 y una seguridad pensada para una población de 127.000 habitantes y ahora ya somos 154.000. Está claro ¿no? Somos casi 30.000 personas por lo tanto, necesitamos herramientas para hacer frente a esta nueva realidad.
Desde el inicio del mandato, en Junts per Catalunya lo hemos tenido claro: queremos ser parte de la solución, no recrearnos en el problema. Fuimos el único grupo que hizo aportaciones y aprobó la nueva licitación de limpieza y de recogida de basuras. Aprobamos presupuestos para mejorar la videovigilancia y ahora, hemos sido proactivos con propuestas concretas para aprobar la nueva ordenanza de civismo.
Esta es una ordenanza importante porque, más allá de la regulación de la vestimenta, que incluye la prohibición del burka y del nicab (aspecto que nosotros compartimos al 100% porque va en contra de nuestros valores), la ordenanza regula muchas otras cuestiones sobre las normas de conducta de los ciudadanos. Normas que determinan dónde acaba mi libertad y dónde empieza el derecho de los demás. Convivir significa esto: entender que la calle es de todos.
Me estoy refiriendo a poder descansar sin ruidos; poder caminar por un espacio limpio y cuidado; no ver escupitajos, ni excrementos por la calle; no lavar la ropa en las fuentes; poder disfrutar de una plaza donde convivan el juego de los niños y el disfrute de los mayores y poder vivir sin olores.
Y es también tener herramientas que nos permitan avisar cuando vemos comportamientos inadecuados. Por eso hemos incorporado un canal de denuncia claro que permita comunicar incidencias y conductas incívicas
También hay cuestiones que forman parte del respeto a nuestra identidad. Los anuncios y la rotulación forman parte del espacio público. La ordenanza incorpora que la publicidad sea, como mínimo, en catalán, de acuerdo con la normativa lingüística.
Pero hablar de civismo también quiere decir saber diferenciar. No todas las situaciones que vemos en la calle se pueden abordar de la misma manera. Hay personas que viven situaciones de pobreza extrema, sinhogarismo o exclusión social. En estos casos, la respuesta del Ayuntamiento no puede limitarse a una multa. La ordenanza debe permitir actuar desde la protección, la mediación, el acompañamiento y la derivación a los servicios sociales cuando la conducta esté directamente vinculada a una situación de vulnerabilidad. E implementar servicios, como son los WC y duchas públicas, para evitar comportamientos insalubres.
Ahora bien, también debemos ser claros en otra cuestión: el civismo necesita que las normas tengan consecuencias. Una conducta que se repite una y otra vez no se puede acabar normalizando. La reiteración de una conducta incívica no puede convertirse en una manera habitual de relacionarnos con el espacio público, porque cuando una conducta incívica se convierte en habitual, acaba perjudicando a toda la comunidad.
Al final, el civismo no es una cuestión de multas. Es una cuestión de respeto:
Respetar la calle. Respetar el descanso. Respetar el mobiliario. Respetar quien juega. Respetar quien necesita ayuda. Respetar nuestros valores, nuestras normas de conducta y nuestra lengua.
Porque una ciudad no es solo los edificios, las plazas o las calles. Una ciudad es su gente y cómo nos relacionamos en ella. Y esto es el civismo: entender que Lleida es de todos y que tener cuidado de ella también depende de todos.
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