¿Éramos conscientes los leridanos y las leridanas de que, si sufríamos un ictus, no recibíamos la misma atención que un ciudadano de Barcelona? Probablemente no. Pero esta era la realidad.
Por eso, el 1 de junio fue un buen día para la sanidad de Lleida. El Hospital Arnau de Vilanova ha dado un paso adelante en la atención a los pacientes que sufren un ictus, ampliando la disponibilidad de la trombectomía mecánica, un tratamiento que puede ser determinante para reducir las secuelas y mejorar las posibilidades de recuperación.
Este avance no ha llegado por casualidad. Es el resultado de meses de reivindicación y de trabajo conjunto. Junts per Catalunya, a través del médico y diputado Jordi Fàbrega, empezó a reclamar esta mejora en el Parlament en octubre de 2024 y en marzo de este año, la cámara la avaló por unanimidad. Pero esta reivindicación ha ido mucho más allá de los partidos políticos. Profesionales sanitarios, entidades, ciudadanía han contribuido a situar esta necesidad en el centro del debate. También desde la Paeria de Lleida, donde Junts impulsamos una declaración institucional, suscrita por todos los grupos municipales, para reclamar una atención integral del ictus las veinticuatro horas del día, con los recursos necesarios y sin sobrecargar a los profesionales.
Pero esta mejora, a pesar de ser un paso adelante, todavía no es suficiente. Desde el 1 de junio, el servicio pasa a ser de 12 horas diarias, con el compromiso de incorporar los festivos y fines de semana en septiembre y de llegar a las 24 horas a finales de 2027. Pero tenemos que conseguir reducir esta previsión.
Porque los ictus no entienden de calendarios ni de horarios. No esperan a que sea un día laborable ni a que sea de día. Cuando se producen, cada minuto es determinante. La rapidez en el diagnóstico y el acceso al tratamiento puede marcar la diferencia entre una recuperación satisfactoria, una discapacidad permanente o incluso la pérdida de la vida.
Por eso este debate nos lleva a la pregunta del inicio porque va mucho más allá de la atención a los pacientes que sufren un ictus. Todos nos llenamos la boca con el equilibrio territorial, pero realmente lo tenemos cuando hablamos de los servicios más básicos? No, “la sanidad no puede depender del código postal”, decía Jordi Fàbrega, sobre todo cuando la distancia se convierte en un factor de riesgo.
La proximidad de los servicios sanitarios no es ningún privilegio ni ninguna reivindicación localista. Es una necesidad. Y también una inversión inteligente. Una buena sanidad mejora la calidad de vida de las personas, permite prevenir complicaciones futuras y evita costes mucho más elevados para el sistema. Invertir en salud es invertir en bienestar, pero también en eficiencia.
Al mismo tiempo, es evidente que muchos ciudadanos tienen la percepción de que pagan muchos impuestos y no tienen unos servicios públicos de calidad. Y es que los servicios no crecen al mismo ritmo que la sociedad. Cataluña ha pasado en pocas décadas de ser seis millones, a más de ocho y las estructuras y recursos no se han adaptado a la nueva realidad.
Y esta tensión es muy evidente en la sanidad: profesionales bajo presión, listas de espera interminables y servicios mal dimensionados para atender la demanda actual. Por eso debemos valorar positivamente el paso que se dio este 1 de junio, pero también debemos continuar reclamando aquello que todavía falta.
Lleida no pide privilegios. Pide que los servicios esenciales sean lo suficientemente cercanos para que cualquier ciudadano tenga las mismas oportunidades ante una enfermedad grave. Que la calidad de la atención no dependa del código postal. Y que el reequilibrio territorial deje de ser una declaración de intenciones para convertirse en una realidad.
Nos podemos felicitar por el camino recorrido, pero no podemos darlo por acabado. Porque en salud, como en tantos otros ámbitos, la igualdad no consiste en prometer los mismos derechos a todo el mundo. Consiste en garantizar que todo el mundo los pueda ejercer en las mismas condiciones. Consiste en garantizar que una persona de Lleida tenga exactamente las mismas oportunidades que una persona de Barcelona cuando el tiempo, la salud y la vida están en juego.