OPINIÓN | Propuestas para no rendirse ante el retroceso

Artículo de opinión de Ot García, concejal del PSC en el Ayuntamiento de Cornellà de Llobregat

Ot García
Ot García
08 de enero de 2026 a las 21:49h

El mes de enero siempre invita a hacer balance y a mirar hacia adelante. También en política. Vivimos un momento en el que muchas voces insisten en que el progreso y las políticas de izquierdas han sido una excepción, que toca girar hacia posiciones conservadoras, competir entre nosotros y mirar solo por el propio interés. No comparto esta mirada porque creo profundamente en el valor de lo colectivo y en el papel de los poderes públicos como herramientas imprescindibles de justicia, cohesión y libertad real.

Comienza 2026 en un contexto complejo, marcado por incertidumbres económicas, tensiones sociales y un creciente ruido político. Ante este escenario no podemos permitirnos el lujo de la resignación. Defender lo público sigue siendo una prioridad democrática. La sanidad, la educación, los servicios sociales o las políticas de vivienda no son un gasto, sino una inversión que garantiza igualdad de oportunidades y derechos efectivos, independientemente del código postal o del saldo de la cuenta corriente. Reivindicar el papel del Estado como garante, y no como enemigo, es también reivindicar un modelo de sociedad donde el mercado no lo decida todo, y donde los privilegios no pesen más que la dignidad de las personas.

La democracia, sin embargo, no se defiende solo con políticas públicas, sino también con actitudes. Recuperar el respeto como base de la convivencia es esencial en un tiempo en que el insulto, la deshumanización del adversario y la sospecha permanente se han ido normalizando. Sin respeto no hay diálogo, y sin diálogo no hay democracia que pueda resistir. Al mismo tiempo, hay que combatir un individualismo que nos quiere hacer creer que cada uno se salva solo. 

El progreso real solo es posible cuando avanzamos juntos, cooperamos y nos cuidamos como comunidad. Defender el progreso significa también no ceder ante la nostalgia reaccionaria. No podemos permitir que se cuestionen derechos y libertades que han costado décadas de lucha colectiva. Tampoco que se normalicen discursos que quieren hacernos retroceder en igualdad, especialmente entre hombres y mujeres.

La cohesión social es una de las grandes tareas democráticas de nuestra época. Las desigualdades no solo son injustas sino que alimentan el descontento y el riesgo de deriva autoritaria. Reducirlas es, por tanto, una cuestión de salud democrática. 

Hay que escuchar más y mejor, salir de las burbujas y reforzar las instituciones combatiendo la desinformación y cuidando la democracia cada día. Porque la esperanza no es ingenuidad, es una forma de organización y compromiso. Y la historia nos recuerda que los avances sociales nunca han sido inevitables, pero siempre han sido posibles cuando ha habido voluntad política y una ciudadanía activa. 

Deseo de todo corazón que este año nos traiga más alegrías que miedos, más derechos que renuncias, y más esperanza que resignación. Porque en estos tiempos de ruidos y repliegue, defender el progreso continúa siendo, más que nunca, un acto de responsabilidad.