OPINIÓN | Primero los deberes y después los derechos

Artículo de opinión de la portavoz del Grupo Municipal de Junts en la Paeria, Violant Cervera

Violant Cervera
09 de abril de 2026 a las 09:17h

“Es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña, y quiere serlo”. Esta ha sido durante décadas una frase poderosísima que nos ha identificado como País. La formuló el president Jordi Pujol en los años ochenta, y nos ha hecho grandes porque habla de apertura, de integración y de proyecto compartido. Pero a menudo hemos olvidado la parte más importante: “querer serlo”. Y querer serlo no es una declaración retórica, es una actitud y una voluntad real de formar parte de una sociedad con una lengua, una cultura, una identidad, unos valores y unas normas que nos ha costado mucho preservar y construir.

“Querer serlo” es la clave, porque nos obliga a entender que la integración no puede ser un proceso de una sola dirección. Durante demasiado tiempo la sociedad de acogida se ha esforzado por integrar. Como si integrar fuera solo responsabilidad de unos. Pero integrar también requiere corresponsabilidad por parte de quien llega: voluntad, implicación, respeto y cumplimiento. Las sociedades no se construyen solo con derechos; se construyen, sobre todo, con deberes.

Cataluña es una tierra de acogida. Lo ha sido y lo seguirá siendo. Pero también es una sociedad con unos valores muy definidos, que están en riesgo y que no podemos dar por descontados. La cultura del esfuerzo, el respeto, la solidaridad y la voluntad de progreso compartido forman parte de lo que somos. Y estos valores no se defienden con discursos, sino con actitudes cotidianas.

Cuando hablamos de deberes, hablamos precisamente de eso: de cumplir las normas que nos hemos dotado y de respetar el espacio compartido. Se concreta en gestos muy básicos pero imprescindibles: tirar la basura donde toca, no abandonar voluminosos al lado de los contenedores, recoger los excrementos de los perros, no ensuciar ni escupir al suelo, respetar el descanso de los vecinos o hacer un uso responsable del espacio público. Son acciones sencillas, pero que definen qué tipo de sociedad queremos ser.

En este mismo sentido, la lengua tiene un papel central. El catalán es la lengua propia del País. Es sinónimo de cohesión, de oportunidades y de pertenencia. Y los catalanes tenemos el derecho de vivir en catalán, de ser atendidos en catalán y de no tener que renunciar a ello en nuestro día a día. Ni en la escuela, ni en el médico, ni en los servicios públicos, ni cuando tomamos un café, ni cuando vamos a comprar.

Y este derecho, lo hemos tenido que defender a lo largo de la historia, desde el Decreto de Nueva Planta hasta las decisiones más recientes que cuestionan su papel en la escuela y en la vida pública. No es un debate nuevo. Es una realidad persistente. Y precisamente por eso, este derecho no se puede sostener sin compromiso.

Integrarse también significa esto. Cuando hay voluntad de entenderlo, de hablarlo y de incorporarlo. Cuando alguien que ha llegado hace el esfuerzo de hablar en catalán, está contribuyendo a reforzar la cohesión de todos.

Integrarse, por lo tanto, no es solo estar. Es querer formar parte de una comunidad y asumir que esto implica también deberes: respetar las normas, cuidar aquello que es de todos, entender la lengua y compartir los valores que nos han hecho avanzar. Entre estos valores hay algunos que no son negociables. La igualdad entre mujeres y hombres es uno de los principales. No es una opinión ni una opción cultural, es un pilar de nuestra sociedad, y respetarla forma parte también de los deberes básicos de convivencia.

Lleida tiene hoy una oportunidad con la nueva ordenanza de civismo. Será importante que sea clara y útil, pero aún lo será más que haya una actitud compartida de querer cumplirla. Si queremos seguir siendo una tierra de acogida, debemos entender que acoger también significa exigir. No para excluir, sino para integrar mejor; no para separar, sino para construir comunidad.

Porque ser un solo pueblo no es solo compartir un territorio. No es vivir en paralelo, es compartir una manera de vivir. Y eso comienza por una idea muy clara: primero, los deberes, y después, los derechos.