OPINIÓN | Nueve años del 1 de Octubre

Artículo de opinión de la portavoz y candidata de Junts per Catalunya a la Paeria de Lleida, Violant Cervera

Violant Cervera
01 de octubre de 2026 a las 14:01h
Violant Cervera durante las cargas policiales del 1-O en la Mariola.
Violant Cervera durante las cargas policiales del 1-O en la Mariola.

Hay fechas que no se olvidan nunca. El 1 de octubre es una de estas. Y muchos ciudadanos de Cataluña recuerdan sus vivencias personales. 

Yo recuerdo también la noche anterior, cuando un grupo de personas pasamos la noche en el Casal de la Mariola. Sabíamos que el día siguiente sería un día complicado. A la madrugada llegaron las urnas. No explicaré quién las fue a buscar. Tampoco explicaré el miedo que se pasó a las tres de la madrugada bajando por la Rambla de Aragón con las urnas escondidas en el coche. Las urnas llegaron al Casal y se guardaron. Aquella noche todos nos mirábamos con ilusión, pero también con un cierto recelo de posibles personas infiltradas.

Por la mañana empezaron a llegar los miembros de las mesas, los interventores y, poco después, la gente. Votantes que llegan con muchísima ilusión. Era un día histórico y todos éramos conscientes. Durante la mañana llegaban noticias de todos los centros escolares. Todos habían sido custodiados durante la noche con actividades diversas. Y gente, mucha gente de todas las edades. Personas mayores que a las 6 de la mañana ya estaban en las puertas de las escuelas con termos de café. En todas partes había nervios. Muchos estábamos pendientes de los móviles y de los medios de comunicación. El Conseller de la Presidència, en Jordi Turull, anunciaba que el Govern implantaba un censo universal para que se pudiera votar en cualquier colegio electoral.

Las noticias llegaban de toda Cataluña. En Lleida estábamos pendientes de lo que iba pasando en la ciudad. Llegan noticias de todos los colegios, de todas las cargas policiales. Y los comentarios del alcalde diciendo que “los cuerpos de seguridad del Estado han actuado con proporcionalidad”.

Hacia el mediodía, la Policía Nacional llega en formación a la Mariola. Avanzaban en marcha militar. Nos pusimos delante de la puerta del Casal, haciendo barrera humana para protegerla. Decenas de ciudadanos pacíficos que, con las manos en alto, solo queríamos votar. Y empiezan las cargas. Recuerdo perfectamente cómo nos protegíamos los unos a los otros. Nos cogíamos por la cintura para evitar que nos sacaran de la fila hasta que, finalmente, el dolor de los tirones de pelo nos hacían ceder. Tampoco olvidaré nunca las palabras del PN antes de tirarme del pelo: “Por favor, no te resistas”. 

Yo, en medio de todo aquello, un hombre de 70 años, Enric Sirvent, cae a tierra con un visible ataque de corazón. Todos empezamos a gritar y a pedir auxilio. Unos jóvenes sanitarios lo atendieron ante la mirada impertérrita de la policía. Al final, vino a atenderle un policía judicial. Aquel momento nos golpeó con mucha fuerza por la impotencia.

Acabaron entrando por la fuerza. Se rompieron puertas y material y se llevaron las urnas. Pero la gente no se marchó.

Improvisamos urnas con cajas de cartón y empezó a llegar más y más gente a votar. Algunos no tenían previsto hacerlo. Vinieron después de ver qué estaba pasando. Algunos a votar que no. Era simplemente un acto de protesta contra aquella situación.

Aquel día, en La Mariola, no solo vimos unas imágenes que después recorrerían el mundo. Vivimos miedo, impotencia, solidaridad y también una determinación difícil de explicar.

Han pasado nueve años. Nueve años desde aquella noche en el Casal, de las urnas escondidas, de los nervios, de la gente haciendo cola, de las cajas de cartón, de los gritos y de las puertas y cristales rotos. Y yo todavía recuerdo aquella voz: “Por favor, no te resistas”.

Jamás olvidaré aquel día. En La Mariola, en el IES Ronda, en la EOI, en los Servicios Territoriales de Enseñanza, en los Servicios Territoriales de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, en el IES de la Caparrella y en tantos otros puntos de Lleida, resistimos. No con violencia. Con nuestro cuerpo, con nuestra presencia y con la determinación de defender nuestro derecho a decidir.

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