OPINIÓN| No se puede recordar aquello que se ha olvidado

Artículo de opinión de la portavoz del Grupo Municipal de Junts en la Paeria, Violant Cervera

Violant Cervera
16 de julio de 2026 a las 13:20h
Sesión constitutiva del Consejo Municipal de las Personas Mayores de Lleida (JuntsXCat Paeria).
Sesión constitutiva del Consejo Municipal de las Personas Mayores de Lleida (JuntsXCat Paeria).

Este mes se ha constituido en Lleida el Consejo Municipal de las Personas Mayores. Celebro que exista este espacio de participación, pero sobre todo espero que sea útil. Que no se quede en una fotografía institucional, sino que sirva para escuchar y mejorar la vida de nuestra gente mayor.

Porque hablar de las personas mayores es hablar de realidades muy diferentes. No tiene las mismas necesidades una persona de sesenta y cinco años, activa, que recupera tiempo para hacer deporte, participar en una entidad o cuidar de los nietos, que otra que vive sola, necesita más apoyo para continuar en casa o espera una plaza residencial.

Pero también me gustaría que este Consejo ayudara a preservar otra riqueza que a menudo olvidamos: la memoria. Mientras era en su constitución, pensé en mis abuelos en lo poco que sé de sus vidas. De lo que sufrieron especialmente durante la Guerra Civil. Hay recuerdos que ya no podremos recuperar nunca. No porque los hayamos olvidado, sino porque nadie nos los explicó.

Cuando pensamos en ellos, acostumbramos a recordar momentos concretos. Yo recuerdo perfectamente que mi abuela de Alcarràs me despertaba a las seis de la mañana para darme un vaso de leche y luego daba personalmente la basura al que la venía a recoger, no fuera caso que los perros la tiraran por tierra. La recuerdo siempre con un pañuelo en la frente, porque le dolía la cabeza. Siempre pensé que no me extrañaba... aquellas horas no eran normales para estar de pie.

Recuerdo también sus cazuelitas de pollo y ciruelas. Las cocinaba a fuego lento a primera hora de la mañana. Nunca he probado iguales. Recuerdo cómo hacía la conserva de tomate. Sin ninguna pepita, las sacaba todas poco a poco. ¡Hacían tan buena pinta!

También recuerdo las tardes jugando a cartas con la otra abuela, la de la torre. Cuando mi padre nos veía, dejábamos de jugar. Jugar estaba prohibido... Yo entonces no lo entendía. Hoy sé que incluso los gestos más pequeños pueden ser la herencia silenciosa de un tiempo muy difícil. Estos recuerdos, sí que los tengo presentes, pero no podré recordar nunca los suyos. Porque no nos los explicaron. El miedo llevó al silencio, y el silencio al olvido. No se puede recordar aquello que se ha tenido que olvidar.

Mis dos abuelos pasaron por la cárcel. Uno de ellos tenía dos hermanos y los enviaron al frente. Como el más pequeño era muy joven, mi abuelo lo fue a esconder y le dijo a su otro hermano: «Tú sigue adelante, que ya te encontraré». No lo encontró. No lo volvió a ver nunca más. Murió en algún lugar. No sabemos dónde.

Mi bisabuela Rosa, su madre, no lo llegó a superar nunca. Guardaba una bandera republicana escondida bajo el colchón. Cuando murió, aún en plena dictadura, mi abuela la puso dentro del féretro. Escondida también. La recuerdo vestida de negro, sentada de espaldas al televisor porque no veía lo suficientemente bien. Pero no recuerdo sus palabras. No sé qué sintió cuando estalló la guerra. No sé qué sufrió. Nadie me lo explicó.

Por parte de mi padre aún sabemos menos. Tuvo que marcharse a Francia con su madre y tías. Él dice que tenía 1 año porque le decían que empezó a caminar cuando pasaban por el municipio de Les. Hoy vemos imágenes como estas cada día. Familias enteras huyendo de la guerra. Ironías de la vida... igual que nosotros hace 90 años... y ahora muchos lo critican.

La guerra destruyó muchas cosas. El miedo llevó al silencio, y el silencio al olvido. Me sabe mal no haber preguntado más. Si ahora pudiera volver atrás... Ahora, todos llevamos un móvil en el bolsillo, usémoslo para grabar la voz de nuestros padres, de nuestros abuelos, de la gente mayor que aún tenemos al lado.

Preguntémosles cómo era ir a la escuela. Cómo conocieron a la abuela o al abuelo. Qué comían cuando había poco. Qué les hacía reír. Qué les daba miedo. Qué sueños tenían. Quizás también nos hablarán de la posguerra y de la dictadura. O quizás no. Pero cada historia que nos expliquen será una historia que nuestra familia ya no perderá.

Espero que el nuevo Consejo Municipal de las Personas Mayores sea mucho más que un órgano consultivo. Que sirva para escucharlos de verdad, para adaptar la ciudad y los servicios a sus necesidades. Pero también espero que sirva para preservar su memoria. Espero que dentro de unos años, nuestros hijos no digan: «Recuerdo perfectamente a mis abuelos, pero no conozco su historia».