El Campo de Marte, con todo el mundo de pie y aplaudiendo sin parar. De esta manera, llena de entusiasmo y vibrante, finalizó el domingo el concierto MÚSICA QUE UNE EL TERRITORIO, protagonizado de manera conjunta por 160 intérpretes de la Banda Sinfónica y la Joven Orquesta Sinfónica de la Diputación de Tarragona. El escenario, convertido en una auténtica fiesta sonora, hizo visible la fuerza de un proyecto que ha crecido con el territorio y que ha sabido conectar generaciones de estudiantes con una manera de entender la música que es tan exigente como apasionada. Una iniciativa extraordinaria para celebrar el vigésimo aniversario de un programa educativo que ya es una referencia, la guinda del pastel del modelo formativo de los conservatorios de Reus, Tarragona y Tortosa, y un símbolo de la vitalidad cultural de nuestra demarcación.
Bajo la batuta de los directores invitados, Virgínia Martínez y Pere Vicalet, las dos formaciones demostraron una capacidad interpretativa realmente excepcional. En más de una ocasión, el espectador se veía obligado a corroborar que, efectivamente, estaba escuchando alumnos de un conservatorio y no músicos profesionales. El rigor, la técnica y el talento que proyectaron sobre el escenario fueron, sencillamente, sublimes. Había momentos en que la música avanzaba con una precisión milimétrica, y otros en que se abría paso con una emotividad que hacía vibrar al público, recordando que la excelencia también puede ser fruto de la pasión compartida y del trabajo colectivo.
Proyectos como el de la orquesta y la banda permiten entender la importancia de la apuesta de la Diputación de Tarragona por impulsar sus enseñanzas artísticas y convertirlas en una referencia territorial. Es una apuesta política de primera magnitud, sostenida en el tiempo, que ha permitido consolidar un ecosistema educativo que da oportunidades, que genera vocaciones y que sitúa la música en el centro de la vida cultural del territorio. Hay que valorarla de manera clara, agradeciendo tanto a aquellos que la impulsaron como a quienes han sido capaces de mantenerla con rigor, con visión y con una convicción profunda en el papel transformador de la educación artística.
Hay que destacar, especialmente, el trabajo del equipo técnico liderado por Mila Santolària, y de los directores de los tres centros —Rosana Garcia, Víctor Santapau y Andreu Roig—, capaces de enganchar a un profesorado que, después de un año intenso de dedicación en las aulas, encuentra tiempo, ilusión y voluntad para cristalizar un proyecto de estas características justo al inicio del verano. Es una demostración palpable de compromiso y de vocación, pero también de una manera de entender la docencia que trasciende el calendario académico y que sitúa al alumnado en el centro de todas las decisiones. Sin este engranaje humano, el concierto no sería posible.
Jugando con el título del concierto, lo que generan los conservatorios de la Diputación —en una comunión perfecta entre alumnado, familias, profesorado, equipo técnico y dirección política— demuestra que la música es imprescindible para entender y proyectar una realidad que nos prestigia como territorio. Nos otorga una singularidad enorme y nos recuerda, como decía Piazzolla, que la música es un lenguaje universal capaz de aportar valores, favorecer complicidades y generar empatías tan necesarias en este tiempo que nos ha tocado vivir. Cuando la música une, el territorio avanza; y cuando el territorio avanza, la cultura deviene un motor de cohesión y de futuro.
Por muchos años de tanta y tan buena música en nuestros conservatorios.