OPINIÓN | Más árboles, menos calor

Artículo de opinión de Jordina Freixanet, portavoz del grupo municipal de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Lleida

Jordina Freixanet
06 de junio de 2026 a las 08:00h

El día después del Día Mundial del Medio Ambiente es un buen momento para recordar una realidad que ya forma parte de nuestro día a día: el cambio climático no es una amenaza lejana. Lo notamos cuando cruzamos una calle sin sombra en pleno junio, cuando una plaza se convierte en una isla de calor o cuando las noches tropicales dejan de ser patrimonio exclusivo del fuerte de agosto y llegan cada vez más pronto.

La crisis climática también se vive en los barrios.

Durante años hemos centrado el debate en la reducción de emisiones y la transición energética. Y es evidente que hay que seguir avanzando en esta dirección. Pero hay otra cuestión igualmente importante: ¿cómo adaptamos nuestras ciudades a una realidad que ya está cambiando y que afecta directamente a la salud y la calidad de vida de la ciudadanía.

En Lleida lo conocemos bien. El calor siempre ha formado parte de nuestra identidad climática, pero hoy sabemos que no afecta a todos los espacios de la misma manera. Diversos estudios lo demuestran. Entre ellos, el trabajo de la arquitecta leridana Helena Guiu que os invito a consultar en abierto, que constata diferencias de temperatura de hasta trece grados entre zonas verdes –como La Mitjana, les Basses o l’Arborètum- y determinados entornos industriales. Trece grados. La diferencia entre un espacio confortable y un espacio inhóspito.

Ante esto, hay una herramienta tan simple como eficaz: los árboles.

Los árboles dan sombra, refrescan el ambiente, retienen humedad, mejoran la calidad del aire y favorecen la biodiversidad. No son solo un elemento ornamental. Son una infraestructura urbana esencial. Una ciudad con árboles es una ciudad más saludable, más habitable y más preparada para afrontar temperaturas extremas.

Por eso, ahora que se cumple casi un año del debate sobre la tala de árboles en la avenida Rovira Roure, conviene recordar que aquella queja iba mucho más allá de los ejemplares afectados. Lo que estaba en juego era el modelo de ciudad. La reacción ciudadana puso de manifiesto una preocupación compartida: Lleida necesita tomarse en serio la adaptación climática. Y también evidenció las dificultades de un gobierno municipal que ofreció explicaciones difusas y cambiantes ante una decisión que afectaba a uno de los elementos más valiosos del espacio público: el arbolado.

No se trata de conservar cualquier árbol en cualquier circunstancia. Hay actuaciones necesarias y decisiones complejas. Pero cada vez que desaparece arbolado consolidado deberíamos preguntarnos qué se pierde, qué impacto tendrá sobre el confort climático y cuánto tiempo hará falta para que las nuevas plantaciones puedan ofrecer los mismos beneficios.

Durante décadas hemos planificado las ciudades priorizando el vehículo, la edificación o el aprovechamiento intensivo del espacio. Hemos sacrificado demasiada sombra, demasiado verde y demasiada calidad urbana en nombre de un progreso que a menudo solo se medía en metros cuadrados construidos o en rentabilidad económica. Hoy sabemos que una ciudad moderna no es la que más crece, sino la que garantiza mejor calidad de vida. Y esto obliga a incorporar nuevos criterios: la salud, el bienestar y la capacidad de adaptación ante un clima cada vez más extremo.

En este sentido, cada vez gana más reconocimiento la regla 3-30-300: ver al menos tres árboles desde casa, disponer de un 30% de cobertura vegetal en el barrio y tener un espacio verde a menos de 300 metros del domicilio. Más que una fórmula teórica, es una manera concreta de entender qué significa construir una ciudad saludable.

Lleida necesita más sombra, más refugios climáticos, más árboles en las calles y más espacios verdes de proximidad. Necesita entender que los árboles no son un gasto de mantenimiento, sino una inversión en salud pública, bienestar y calidad de vida.

Porque ante el calor que ya estamos viviendo, la respuesta no puede ser solo encerrarnos en espacios climatizados. La respuesta también pasa por transformar el espacio público y hacerlo más amable, más resiliente y más preparado.

La Lleida del futuro no se decidirá solo en los grandes proyectos. También se decidirá a la sombra de los árboles que seamos capaces de conservar y plantar hoy.