Lleida es una ciudad con un potencial extraordinario. Lo hemos oído muchas veces y, de hecho, es una afirmación compartida por casi todo el mundo. Tenemos, entre otros, una posición estratégica en el mapa, un sector agroalimentario líder, una universidad con talento y un territorio dinámico a nuestro alrededor. Sin embargo, demasiado a menudo este potencial no se ha traducido en el progreso y las oportunidades que la ciudad merece. El reto de Lleida no es identificar sus fortalezas, sino dejar atrás la inercia y apostar de verdad por un proyecto de ciudad con ambición.
Nuestra ciudad ocupa una posición privilegiada entre Barcelona, el Aragón oriental y los Pirineos. Esta centralidad territorial nos debería situar como un gran nodo logístico, económico y de servicios del interior de Cataluña. Pero la realidad es que demasiados proyectos se han quedado a medio camino o se han eternizado entre trámites, falta de decisión o falta de una estrategia clara. Lleida no puede permitirse seguir perdiendo oportunidades mientras otros territorios avanzan con más determinación.
Un ejemplo evidente es la necesidad de disponer de suelo industrial competitivo y bien planificado para atraer nuevas empresas. Sin espacio para crecer y sin una política clara de captación de inversiones, es muy difícil competir con otras ciudades que sí están apostando por su desarrollo económico. Si queremos generar empleo y retener talento, esta debe ser una prioridad absoluta. El nuevo POUM nos debe ayudar a resolverlo.
Otro de los grandes activos de Lleida es el sector agroalimentario. Somos capital de uno de los territorios agrarios más potentes del sur de Europa. Este liderazgo, sin embargo, no puede darse por hecho. Necesitamos reforzarlo apostando por la innovación, la transformación industrial y la investigación aplicada. Lleida tiene las condiciones para convertirse en un verdadero polo agroalimentario europeo, conectando el sector primario con la tecnología, la universidad y el emprendimiento. Pero esto exige liderazgo institucional y una estrategia clara para impulsar proyectos que generen valor añadido.
La universidad es otro de los motores de futuro. Cada año miles de estudiantes llegan a Lleida para formarse. Muchos descubren una ciudad con calidad de vida y bien conectada. El problema es que demasiado a menudo este talento acaba marchándose porque no encuentra suficientes oportunidades profesionales. Retener el talento joven debe ser una prioridad. Es necesario impulsar espacios de innovación, facilitar la creación de empresas emergentes y reforzar la conexión entre la universidad y el tejido productivo. También, claro, promover nueva vivienda a un precio asequible y rehabilitar la existente.
Hay que mirar con más decisión los grandes proyectos de ciudad. El nodo entre la nueva estación de autobuses y la estación de tren, por ejemplo, no puede ser solo una infraestructura y basta. Debe convertirse en una oportunidad de transformación urbana, de mejora de la conectividad y de atracción de actividad económica.
De la misma manera, la Horta de Lleida es uno de los grandes patrimonios de la ciudad. No solo en términos económicos, sino también paisajísticos, culturales e identitarios. Protegerla, modernizarla y facilitar el relevo generacional es esencial para que continúe siendo un motor de futuro. No debemos aceptar nunca que se generen heridas en la Horta, como está pasando, y aún menos que estas se consoliden.
Pero más allá de proyectos concretos, Lleida necesita recuperar ambición. Durante demasiado tiempo la ciudad ha vivido instalada en una cierta resignación, como si su potencial fuera una promesa que siempre se aplaza. Hay que cambiar esta mentalidad. Lleida tiene todos los ingredientes para ser una ciudad dinámica, atractiva para las empresas, capaz de retener talento y orgullosa de su papel en el territorio.
El futuro no vendrá solo. Requiere liderazgo, planificación y valentía para tomar decisiones. Y, sobre todo, requiere creer en las posibilidades reales de la ciudad. Y así lo defendemos desde el PP de Lleida.
Lleida tiene potencial. Lo que ahora hace falta es que este potencial deje de ser un discurso recurrente y se convierta, de una vez por todas, en una realidad tangible para sus ciudadanos.
