Hace unos días el jefe de la oposición publicaba un artículo donde enumeraba, con una aritmética impecable pero con una conclusión bastante menos rigurosa, los años de gobierno del PSC en la Paeria. Los datos son correctos. La lectura que hace, no tanto. Porque repetir una lista no convierte una opinión en diagnóstico, ni una sensación en proyecto de ciudad.
Sí, el PSC ha gobernado Lleida muchos años. Lo ha hecho porque la ciudadanía, elección tras elección, nos ha dado su confianza. Esto no es ninguna anomalía democrática ni ningún “corsé del sistema”; es, simplemente, democracia. Y no es cierto que no haya habido alternancia nunca: el PP (entonces Alianza Popular) también gobernó la ciudad durante dos años, entre 1987 y 1989. La memoria selectiva no ayuda mucho a hacer análisis político.
Reducir casi medio siglo de gobierno municipal a una idea de “cansancio” generalizado es instalarse en el imaginario, no en la realidad. Lleida no se gobierna con impresiones, sino con proyecto y con trabajo. Y de eso, el PSC tiene. Tenemos ambición, pero no de proclamas vacías, sino de políticas públicas concretas: una ciudad cohesionada, que crece sin dejar a nadie atrás; que apuesta por la innovación, la transición verde, la vivienda asequible, el espacio público digno y los servicios de proximidad.
Decir que Lleida está “empobrecida cívica, cultural y moralmente” puede quedar bien en un artículo de opinión, pero es profundamente injusto con una ciudad viva, con un tejido asociativo potente, con creadores, estudiantes, agricultores, emprendedores y vecinos que cada día hacen Lleida mejor. Nosotros estamos orgullosos. Nos gusta Lleida. Y trabajamos por Lleida.
Sorprende, por otro lado, el relato victimista según el cual el PP es una voz silenciada. Cuesta sostenerlo cuando tienen altavoces mediáticos, representación institucional y libertad absoluta para decir lo que quieran. Y aún sorprende más la contradicción entre denunciar situaciones sociales complejas con vídeos sensacionalistas y, al mismo tiempo, criticar las políticas que buscan darles respuesta. ¿En qué quedamos? ¿Denunciar o solucionar?
Quizás el problema es que ya no cuela cualquier discurso. Que la ciudadanía pide propuestas y no solo eslóganes de “cordura, orden e identidad” sin contenido real. Porque este “giro” que proponen no es neutro. Va contra políticas de igualdad, contra derechos conquistados y contra una manera de entender la ciudad que suma y no señala. Cuando se banaliza el fascismo o se cuestionan derechos, no hablamos de abstracciones, sino de vidas reales.
Comparar Lérida con Badalona y poner como ejemplo a Xavier García Albiol es, como mínimo, una declaración de intenciones. No sabemos si se atrevería también a hacer allí los mismos vídeos sensacionalistas. No es una cuestión personal, sino de modelo. El PSC defiende una ciudad que gobierna desde el respeto institucional, no desde la confrontación permanente; que construye convivencia, no miedo.
El cambio que algunos anuncian no es inevitable. Lo que es necesario es continuar avanzando, corrigiendo lo que haga falta, escuchando a la ciudadanía y gobernando con responsabilidad. Lleida no necesita saltos al vacío, sino futuro. Y el futuro se construye con hechos, no con fantasías
Continuaremos hablando, dialogando y trabajando. No contra nadie, sino a favor de Lleida. Y eso, por mucho que a algunos les incomode, también es una idea legítima. Y sobre todo, una idea ganadora.