Cada 8 de marzo es una fecha para conmemorar conquistas, pero sobre todo para asumir responsabilidades. La igualdad efectiva entre mujeres y hombres no es una consigna retórica ni una moda pasajera: es un requisito democrático y una condición indispensable para el progreso del país. También —y muy especialmente— para el progreso de la veguería de Lleida.
Venimos de una tradición de mujeres que han sostenido nuestro territorio a menudo desde la invisibilidad: en el campo, en las explotaciones agrarias, en los pequeños negocios familiares, en los cuidados, en el tejido asociativo y cultural de nuestros pueblos. Sin ellas, los pueblos y ciudades de Lleida que conocemos sencillamente no existirían como tales. Y, sin embargo, todavía hoy demasiadas mujeres del mundo rural continúan encontrando más obstáculos que oportunidades.
Hemos avanzado. La presencia femenina en las instituciones es hoy más alta que nunca, y eso es una buena noticia. Pero la representación no es un punto de llegada; es un punto de partida. La igualdad real se debe medir en autonomía económica, en corresponsabilidad efectiva, en acceso a la toma de decisiones y en la posibilidad de desarrollar un proyecto vital en libertad, también desde un pueblo pequeño o desde una explotación agraria.
En la veguería de Lleida, hablar de igualdad es hablar de conciliación en entornos donde los servicios son más dispersos, donde los desplazamientos son largos y donde la red pública a menudo no llega con la misma intensidad que en áreas metropolitanas. Es hablar de mujeres agricultoras y emprendedoras que innovan, exportan y lideran cooperativas, pero que aún cargan una doble jornada. Es hablar de jóvenes que quieren quedarse en el territorio y necesitan condiciones reales para hacerlo.
También es cierto que vivimos un momento en que determinados discursos cuestionan derechos que creíamos consolidados. Ante esto, hace falta serenidad, pero también firmeza: los derechos de las mujeres no son negociables ni reversibles. Forman parte del núcleo duro de una sociedad libre y madura. No hay proyecto de país sólido si la mitad de la población no participa en plena igualdad.
Desde Junts per Catalunya reafirmamos nuestro compromiso con una política que integre plenamente el talento y el liderazgo de las mujeres, que impulse medidas concretas para favorecer la autonomía económica, que promueva la corresponsabilidad en los cuidados y que garantice espacios libres de cualquier forma de discriminación o violencia.
La igualdad no es solo una aspiración social: es una apuesta estratégica por el futuro de Lleida. Queremos que las niñas y jóvenes de nuestra veguería puedan imaginarse —y ocupar— cualquier espacio de responsabilidad. Y queremos que lo hagan aquí, en su territorio, con las mismas oportunidades que en cualquier otro lugar.
Porque cuando las mujeres avanzan, avanza todo el país. Y Lleida no puede permitirse quedarse atrás.
