Cada 15 de junio conmemoramos el Día Mundial de la Toma de Conciencia sobre el Abuso y el Maltrato a las Personas Mayores. Una fecha que nos invita a reflexionar sobre una realidad invisible, silenciada y demasiadas veces normalizada: la violencia ejercida contra las personas mayores. Se estima que una de cada seis personas mayores sufre algún tipo de maltrato, la mayoría de los casos se producen dentro del entorno familiar. También sabemos que las mujeres mayores continúan siendo las principales víctimas de estas situaciones de violencia.
Cuando hablamos de maltrato, no nos referimos únicamente a la violencia física. Existen muchas otras formas de violencia que afectan la dignidad, los derechos y la calidad de vida de las personas mayores. Ante esta realidad, no podemos mirar hacia otro lado. Visibilizar el problema es el primer paso para prevenirlo. El silencio solo contribuye a perpetuar situaciones de sufrimiento y vulnerabilidad que a menudo permanecen ocultas durante años.
Nos encontramos ante un reto social y de salud pública que requiere una respuesta conjunta. Es imprescindible sensibilizar a la sociedad, formar a los profesionales para detectar situaciones de riesgo y facilitar una atención adecuada a las víctimas. También hay que crear conciencia colectiva sobre una problemática que, lejos de disminuir, se prevé que aumente en los próximos años debido al envejecimiento progresivo de la población y al incremento de las situaciones de dependencia. Es necesario desarrollar protocolos adaptados a cada territorio, ágiles, realistas y centrados en la persona, evitando barreras burocráticas que dificulten la protección efectiva de las víctimas. También debemos ser capaces de crear nuevos espacios de detección y prevención, acercando los recursos a las personas mayores y generando canales accesibles para que puedan expresar situaciones de vulnerabilidad sin miedo.
La Organización Mundial de la Salud alerta de que el maltrato a las personas mayores es una de las grandes problemáticas de este siglo. Por ello, hay que impulsar campañas permanentes de sensibilización y apostar por la formación especializada de los profesionales que intervienen con personas mayores, dotándolos de herramientas para identificar, prevenir y abordar cualquier forma de violencia.
Las personas mayores han construido la sociedad que hoy conocemos. Merecen vivir esta etapa de su vida con dignidad, respeto, seguridad y libertad. Hacer visible el maltrato es una responsabilidad colectiva. No podemos permitir que esta realidad continúe quedando eclipsada. La prevención empieza cuando decidimos verla.
