Este martes estaba terminando de pulir el artículo de la semana y me saltó el corazón. Tenía prácticamente acabado un artículo bien diferente. Quería hablar del deporte, de las emociones que despierta representar un país y del sueño que muchos catalanes tenemos de ver, algún día, nuestra selección, la selección catalana, compitiendo por todas partes con toda normalidad. Lo reservaré para la semana que viene, porque esta noche ha llegado una noticia que me ha hecho parar de escribir. ¡Josep Vallverdú nos ha dejado!
Cuando se va una persona de ciento tres años es inevitable mirar atrás. Todos dejan huellas muy profundas, algunas sin embargo, las dejan en muchísima gente. Y estas huellas no desaparecen cuando ya no están. Al contrario. Es entonces cuando toman toda su dimensión.
Josep Vallverdú era narrador, poeta, dramaturgo, lingüista, traductor y ensayista leridano. Escribió más de doscientos libros y es una de las grandes figuras de la literatura catalana contemporánea, especialmente en literatura infantil y juvenil. En 2023, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, nuestro país le dedicó todo un año de homenajes. Eran bien merecidos. Pero ningún reconocimiento institucional explica, por sí solo, quién fue realmente Josep Vallverdú.
Para muchos de sus alumnos, era el profesor; pero después llegaron los grandes reconocimientos, los premios, los doctorados honoris causa o la Creu de Sant Jordi. Y para muchos niños, el recuerdo era el perrito Rovelló. Aquel perrito, que entró en las escuelas, en las bibliotecas y en las casas de miles de niños y niñas, ayudó a la proyección del catalán entre los más pequeños.
Este es el legado de los grandes escritores. No solo escriben libros sino que explican la vida, crean mundos de fantasía y hacen soñar generaciones y generaciones.
Nació en la Lleida de 1923 y, aún adolescente, tuvo que huir de los bombardeos de la Guerra Civil. Vivió la dictadura, la recuperación de las libertades y la transformación del país. Mantuvo siempre el compromiso insobornable con Cataluña, con su lengua y con su cultura. No fue un compromiso puntual ni circunstancial. Fue el compromiso de toda una vida escribiendo hasta el último momento.
Los países no se construyen solo desde las instituciones ni desde la política. Se construyen gracias a personas que dedican su vida a dejarlos un poco mejor de como los encontraron. Algunos lo hacen desde la investigación, otros desde la empresa, desde el voluntariado, desde las aulas o desde la cultura. De una manera discreta o pública. Josep Vallverdú lo hizo con la pluma.
Josep Vallverdú ya es uno de esos grandes nombres de nuestro país. Forma parte de la lista de los grandes catalanes que han ayudado a construir desde el talento, la constancia y el compromiso. De aquellos que nos recuerdan que una nación no se mantiene viva solo por las leyes o las instituciones, sino también por las personas que la piensan, la escriben, la viven y la transmiten a quienes vienen detrás. Un activista de Cataluña en épocas oscuras, impulsor de la Escola Alba y de tantos otros proyectos que ya forman parte de nuestra historia.
El martes Cataluña perdió a uno de sus grandes escritores, un hombretón ponentino. Pero el país conserva una obra que continuará hablando por él.
¡Gracias, Josep Vallverdú! Y gracias por haber demostrado que escribiendo también se puede hacer país.
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