OPINIÓN | Debemos construir un nuevo futuro para Cataluña

Artículo de opinión de la portavoz y candidata de Junts per Catalunya a la Paeria de Lleida, Violant Cervera

Violant Cervera
11 de septiembre de 2026 a las 19:18h

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El 11 de septiembre no es el Día de Cataluña, es la Diada Nacional de Cataluña. El día en que los catalanes conmemoramos la derrota ante las tropas de Felipe V, que acabaron con nuestros derechos históricos con los diferentes Decretos de Nueva Planta.

Cada 11 de septiembre, los catalanes salimos a la calle para reivindicarlo, con acentos bien diferentes; y muchos salimos para reivindicar la independencia de Cataluña.

Pero no todo el mundo reivindica lo mismo. Otros solo celebran la Fiesta Nacional. Ahora bien, quizás si analizamos bien las dificultades que vive el país, nos podemos poner de acuerdo, independientemente de lo que cada uno piense sobre la independencia: ¿queremos vivir mejor?

¿Queremos vivir mejor con los recursos que generamos? ¿Queremos mejores servicios públicos con menos listas de espera, escuelas con los recursos necesarios, una atención a la dependencia digna y unos servicios sociales capaces de dar respuesta a una sociedad que ha cambiado profundamente?

¿Queremos trenes que funcionen y lleguen a la hora? ¿Queremos infraestructuras dignas de un país que aporta mucho a la economía del Estado? ¿Queremos una financiación que no nos empobrezca día a día. ¿Queremos poder invertir más en investigación, tecnología e innovación? ¿Queremos carreteras que no estén permanentemente saturadas y que provoquen accidentes?

¿Queremos poder cambiar la fiscalidad y hacerla más justa, no solo para las empresas y los autónomos, sino también para los ciudadanos? ¿Queremos que la riqueza que generamos se quede aquí y se traduzca en más dinero en los bolsillos de la gente y en mejores servicios?

¿Queremos poder vivir plenamente en nuestra lengua propia, el catalán, siempre y en todas partes: en la escuela, en el médico, en las residencias, en los restaurantes y ante cualquier administración?

¿Queremos poder decidir cuánta inmigración podemos asumir, en función de nuestras necesidades y capacidades? ¿Queremos decidir cómo la integramos, cómo garantizamos que no se pueden tener derechos sin cumplir con los deberes y cómo aseguramos que los servicios públicos no se colapsen?

¿Cómo podemos resignarnos a tener los mismos servicios de cuando éramos 6 millones si ahora ya somos más de 8? Y, según el Gobierno, ¿nos tenemos que preparar para ser 10? ¿De verdad? ¿Cómo? ¿Con qué recursos?

Si la respuesta a todas estas preguntas es afirmativa, es aquí donde la Diada recupera todo su sentido. Porque el 11 de septiembre no es solo el recuerdo de los hechos de 1714. Es la reivindicación de una voluntad política que viene de lejos: la voluntad de Cataluña de poder gobernarse y decidir sobre su futuro.

La Constitución de 1978 nació después de 40 años de dictadura con los sables en la puerta de las instituciones. Y se hizo una transición que, para muchos, estuvo cerrada en falso. Supo repartir unas competencias que, si bien establecían unos límites, el Artículo 150.3: el Estado puede dictar leyes de armonización de las disposiciones normativas de las comunidades autónomas, incluso en materias atribuidas a su competencia, cuando lo exija el interés general, cerraba la puerta a unas competencias soberanas.

Esto implica vivir en una nación políticamente limitada. Y no es solo una cuestión de dinero o de competencias, sino que también es una cuestión de libertad.

Aún hoy tenemos que discutir si una estelada puede entrar en determinados espacios públicos y, sobre todo, continuamos sin poder ejercer con normalidad un derecho que debería ser elemental en cualquier democracia: decidir cuál queremos que sea nuestro futuro.

Por eso, para algunos, la independencia será la respuesta. Para otros, no lo será.

Pero quizás este 11 de septiembre podemos hacernos todos una pregunta mucho más sencilla: ¿Cómo viviríamos si pudiéramos decidir sobre aquello que afecta a nuestra vida?

Si los recursos que generamos permitieran tener mejores servicios; si pudiéramos decidir las infraestructuras que necesitamos; si pudiéramos adaptar las políticas fiscales y económicas a nuestra realidad; si pudiéramos gestionar los retos demográficos y migratorios de acuerdo con nuestras capacidades; si pudiéramos vivir plenamente en catalán; si pudiéramos decidir, en definitiva, qué queremos ser y cómo queremos vivir.

Quizás aquí es donde la Diada nos interpela a todos. Porque el futuro de Cataluña no debería ser una cuestión que decidan los demás. De la misma manera que en nuestra casa decidimos nosotros y no el vecino. Y esto, seamos o no independentistas, es una pregunta que ningún catalán debería dejar de hacerse.

¡Buena Diada Nacional de Cataluña!

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Violant Cervera
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