OPINIÓN| El calor no espera

Artículo de opinión de Jordi Fàbrega i Sabaté, portavoz de Junts per la Seu

Jordi Fàbrega i Sabaté
16 de julio de 2026 a las 10:28h
Termómetro de una farmacia de La Seu en verano 2025 (Junts per la Seu)
Termómetro de una farmacia de La Seu en verano 2025 (Junts per la Seu)

Este verano Cataluña vuelve a batir récords. No solo de temperatura, sino también de mortalidad asociada al calor. Las previsiones hechas públicas por el Departamento de Salud este mes de julio apuntan a que en el año 2026 se podrían registrar cerca del triple de defunciones atribuibles a las altas temperaturas respecto al verano pasado. Es un dato que evidencia hasta qué punto el calor extremo ha dejado de ser una simple incomodidad veraniega para convertirse en una auténtica emergencia de salud pública.

Aunque todavía hay quien considera el calor extremo como una molestia propia del verano, hoy sabemos que no es así. El cambio climático es una realidad y sus consecuencias son cada vez más visibles. El calor mata. Puede agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, provocar deshidrataciones severas, descompensar personas con patologías crónicas e incrementar la mortalidad entre las personas mayores y otros colectivos vulnerables. También afecta a los niños, las mujeres embarazadas y las personas que trabajan al aire libre.

Por eso la misma Secretaría de Salud Pública insiste en que la mejor respuesta ante las olas de calor es la prevención. Las administraciones públicas tienen la obligación de prepararse. No cuando llega una ola de calor, sino mucho antes.

Hace exactamente un año, el Pleno del Ayuntamiento de la Seu d'Urgell aprobó por unanimidad una moción presentada por Junts per la Seu para elaborar un plan municipal ante las olas de calor. No era una propuesta ideológica. Era una propuesta de sentido común. Todos los grupos municipales entendimos que la realidad climática había cambiado y que el municipio debía adaptarse para proteger a su ciudadanía.

Aquella moción aprobaba medidas muy concretas: ampliar el horario de los refugios climáticos hasta las nueve de la noche durante los episodios de calor extremo; abrir la Biblioteca Sant Agustí también por las tardes; garantizar refugios climáticos accesibles durante los fines de semana; señalizar todas las fuentes públicas; instalar toldos en los parques infantiles; reforzar el seguimiento de las personas vulnerables a través de los servicios sociales y la teleasistencia; y adaptar los horarios de los trabajadores municipales que desarrollan su trabajo al aire libre.

Un año después, la realidad es muy preocupante.

Este verano ya hemos sufrido dos olas de calor y apenas empieza la tercera. Y, a pesar de disponer de un acuerdo del Pleno aprobado por unanimidad, la mayor parte de aquellas medidas continúan sin aplicarse. Es cierto que se ha mantenido la gratuidad de la piscina municipal para los colectivos vulnerables y que se ha informado de los espacios climatizados existentes. Pero esto no es lo que aprobó el Pleno.

Cuando una ola de calor coincide con un sábado por la tarde o un domingo, prácticamente todos los equipamientos municipales están cerrados. Los refugios climáticos no han ampliado sus horarios. La Biblioteca Sant Agustí continúa cerrando las tardes de verano y los fines de semana. Las fuentes continúan sin señalizarse. Las toldos en los parques infantiles continúan sin llegar, mientras hay juegos infantiles que pueden alcanzar temperaturas capaces de provocar quemaduras. Tampoco se han reforzado los servicios sociales ni se han adaptado los horarios de los trabajadores municipales expuestos al sol.

Y es precisamente aquí donde falla el Ayuntamiento de la Seu d'Urgell. Porque la prevención no se improvisa el día que llega una ola de calor. Se planifica meses antes. Y esto es exactamente lo que el Pleno aprobó hace un año y que, desgraciadamente, continúa sin desplegarse.

Los protocolos solo tienen sentido si acaban traduciéndose en actuaciones reales. Sirven para que, cuando llega una emergencia, nadie tenga que improvisar. El calor no da tregua. Las olas de calor no esperan a que el Ayuntamiento acabe de redactar documentos o decida cuándo es el momento de actuar. Llegan cuando llegan. Y es entonces cuando la ciudadanía necesita encontrar equipamientos abiertos, espacios climatizados accesibles y unos servicios municipales preparados.

El problema no es solo que no se haya cumplido una moción. El problema es que se ha dejado de ejecutar un acuerdo aprobado por unanimidad para proteger la salud de los vecinos y vecinas de la Seu d'Urgell.

Todavía estamos a tiempo de corregirlo. El verano apenas está en el ecuador y, probablemente, todavía vendrán nuevos episodios de calor extremo. Pero hay que actuar ahora.

Porque las olas de calor ya no son episodios excepcionales. Forman parte de la nueva normalidad climática. Precisamente por eso no podemos continuar respondiendo a ellas con medidas improvisadas o puramente informativas. Hay que planificar, anticipar y cumplir los compromisos adquiridos.

Porque, ante esta nueva realidad, la diferencia entre tener un protocolo que realmente funcione o no tenerlo puede acabar midiéndose en algo mucho más importante que una estadística. Puede medirse en salud. Y, en algunos casos, también en vidas.