OPINIÓN | Aquella Batalla de Flores

Violant Cervera, portavoz y cabeza de lista del Grupo de Junts en la Paeria de Lleida

Violant Cervera
Violant Cervera
14 de junio de 2026 a las 20:26h

Recordáis cómo era hace unos años la Batalla de Flores? Los barrios, las entidades y las partidas de la Huerta preparaban decenas de carrozas durante semanas. La Rambla Ferran llena de gente para verlas pasar. Las flores como protagonistas de los adornos. El confeti volando por todas partes. La batalla (primero con flores y después con confeti) entre participantes y autoridades y también aquella sana competición para ver quién presentaba la carroza más original, satírica o reivindicativa. ¡Mil recuerdos!

Este año, sin embargo, solo participaron nueve carrozas y el Marraco. Y hay una pregunta que es inevitable: ¿qué está pasando? 

Siempre digo que a los ilerdenses lo que nos gusta es encontrarnos. Nos encontramos en el Eix Comercial, en la plaza Ricard Vinyes, en el mercado o en las terrazas. Salimos a hacer un encargo y acabamos comentando la actualidad, preguntando por la familia o recordando cuánto tiempo hacía que no nos veíamos. "En Lluís debe estar enfermo porque hace dos sábados que no lo vemos", decía a menudo mi padre. Esta manera de ser tan nuestra explica también por qué nuestras fiestas tradicionales tienen tanta fuerza. Porque son espacios de encuentro y también de identidad. 

Lleida ha tenido siempre una sociedad extraordinariamente activa. Los Tres Tombs de Sant Antoni, la Fira de Titelles, los Moros y Cristianos, las fiestas de Corpus con sus alfombras, los Armats, los Fanalets de Sant Jaume, el concurso de belenes, el Aplec del Caragol, la diada castellera de Sant Miquel y tantas otras celebraciones forman parte de nuestra identidad colectiva. 

La Batalla de Flores es un ejemplo de estas tradiciones. Y poco a poco, parece que se va perdiendo. Estoy segura de que la causa no es falta de interés, porque las calles siguen llenas de gente. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que las tradiciones no se mantienen solas.

Durante muchos años, el Ayuntamiento premiaba las carrozas ganadoras y subvencionaba a todas las participantes, porque entendía que detrás de cada carroza había decenas de personas trabajando que enriquecían la Fiesta Mayor. Y esto es aplicable a toda la cultura popular de la ciudad.

Otro ejemplo es el tradicional encuentro de gigantes, durante años uno de los actos más esperados de la Fiesta Mayor. Collas gigantes de todas partes llenaban las calles y convertían Lleida en un punto de encuentro de la cultura popular. Este año, sin embargo, muchos ilerdenses nos hicimos la misma pregunta: ¿dónde estaban?

Y lo mismo ocurre con las pubillas y los herederos. Celebro que se hayan recuperado (gracias a una moción de Junts per Catalunya), pero creo que debemos dar un paso más. Históricamente representaban los barrios y las partidas de la Huerta. Hoy este vínculo se ha perdido. Quizás valdría la pena recuperar su esencia original y volver a vincularlos al tejido vecinal de la ciudad. Al fin y al cabo, han sido los barrios y las partidas quienes la han mantenido viva, incluso después de que el Ayuntamiento la eliminara a nivel institucional. 

Lleida es una ciudad con muchas tradiciones. Una ciudad que ama la cultura popular, porque, en el fondo, es también nuestra manera de encontrarnos. Si queremos preservar esta manera de ser tan nuestra, debemos cuidar las entidades que la hacen posible. Porque detrás de cada gigante, de cada carroza, de cada castillo, de cada alfombra de Corpus o de cada farolillo hay personas que, de manera desinteresada, contribuyen a hacer ciudad.

¿Os imagináis que todas las fiestas organizadas por la sociedad civil no se hicieran? ¿Qué quedaría de nuestras fiestas de mayo y de todo el calendario festivo de la ciudad? Nada.

Y para terminar, en las fiestas debe haber grandes actos, pero también pequeños gestos. Hay ayuntamientos que incentivan que calles y balcones estén adornados recordando que la ciudad está de celebración. En Lleida, esto no pasa. Incluso este año los autobuses circulaban sin las tradicionales banderitas de Fiesta Mayor. Puede parecer una anécdota, pero creo que no lo es. Se llama prioridades.

La cultura popular merece algo más que un agradecimiento. Merece el compromiso de toda la ciudad, pero especialmente de un Ayuntamiento que debe entender que cuidar nuestras tradiciones es también cuidar aquello que nos hace ser Lleida.