El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, no es una fecha cualquiera. Es un día de memoria colectiva y de reivindicación activa, en el que reconocemos el camino recorrido por el movimiento feminista y reafirmamos nuestro compromiso con una igualdad efectiva que aún está lejos de alcanzarse. A pesar de los avances, las desigualdades persisten, especialmente en ámbitos como la brecha salarial, la violencia machista, la falta de oportunidades laborales para las jóvenes o la carga desproporcionada de los cuidados. Todo esto continúa marcando la realidad de muchas mujeres en todo el mundo. Por eso, es necesario poner sobre la mesa la necesidad de seguir celebrando el 8M: porque no es solo memoria de lo que se ha luchado, sino también exigencia de lo que aún falta por conseguir.
Recientemente, en Lleida se ha llevado a cabo un proceso participativo que ha dado voz a las preocupaciones y realidades cotidianas de las mujeres de Lleida. Se han recogido más de 3.200 propuestas mediante la locución inteligente MarIA, y se han celebrado debates y mesas redondas donde se han priorizado cuestiones como la seguridad urbana (más vigilancia, mejor iluminación y presencia policial), la mejora de la movilidad (paradas de autobús accesibles y líneas nocturnas) y la justicia económica (ayudas a la vivienda para jóvenes, fomento del comercio local y retención del talento juvenil). También destacan la difusión de la igualdad en escuelas y entidades, y la atención prioritaria a la salud ginecológica. Este conjunto de voces refleja una ciudad que quiere transformarse con una clara perspectiva feminista, como se debatirá en el I Congreso “Mujeres que mueven Ciudades”, los próximos 23 y 24 de octubre.
El recuerdo de las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer de 1976 —ahora hace cincuenta años— nos interpela y nos sitúa ante una responsabilidad histórica. Aquel movimiento arraigó en los barrios y cambió conciencias. Hoy, ante las corrientes y discursos antifeministas que cuestionan derechos conquistados, es necesaria firmeza y transversalidad en todas las políticas públicas: urbanismo, educación, sanidad y economía. La igualdad no es una concesión, sino un derecho humano básico que beneficia a toda la sociedad. Incorporar una mirada interseccional es imprescindible para combatir todas las formas de desigualdad.
Esta es la realidad que nos recuerda que la igualdad aún no se ha logrado, y es por eso que la participación de las personas jóvenes en el movimiento feminista resulta crucial. Son el presente y el futuro de Lleida. Las propuestas del proceso participativo reclaman más oferta laboral juvenil, acceso a la vivienda y programas formativos que fomenten las vocaciones científicas, tecnológicas y matemáticas entre las chicas, evitando que tengan que marcharse de la ciudad. Debemos impulsar su liderazgo, fortalecer el tejido asociativo femenino e implicar también a los hombres para avanzar hacia una masculinidad corresponsable. Sin su voz activa, no podremos transformar los puntos oscuros en espacios seguros ni convertir las desigualdades en oportunidades compartidas.
Desde este gobierno reafirmamos nuestro apoyo al feminismo organizado y llamamos a una esperanza compartida. Este 8M será un paso más hacia una Lleida paritaria, segura e inclusiva. Celebrarlo no es opcional, es un deber para construir una ciudad donde todas las voces cuenten.
