Hay momentos de la historia que explican una ciudad. Y los hay que, además, la hacen única. Este año, en Reus conmemoramos los 400 años de la llegada de la reliquia de Sant Pere. Se trata de un hecho que, por su legado, llega a nuestros días habiendo conectado generaciones a través de un sentimiento, del orgullo compartido de amar Reus.
Hablamos también de una tradición que se ha mantenido viva, adaptándose a los tiempos sin perder la esencia. De algo más que un símbolo que, cada año, sale a la calle ante la mirada emocionada de miles de reusenses y reusenses.
Más allá del incuestionable valor patrimonial de la reliquia, su riqueza es emocional, porque es identidad compartida. Es memoria colectiva. Es el reflejo de una ciudad que sabe de dónde viene y que encuentra, en esta herencia, un punto de encuentro. La Festa Major de Sant Pere es, por tanto, comunidad. Y es el momento en que Reus proyecta afuera su capitalidad, y se muestra en Cataluña y al mundo como una ciudad orgullosa de su historia, de sus tradiciones, y de su talante.
Por todo ello, se ha previsto una celebración planificada tal como desde Esquerra Republicana de Catalunya entendemos que debe ser la vida comunitaria y la cultura: con la participación de las entidades y de todos los que hacen posible que la fiesta, en Reus, lata con tanta fuerza.
Porque preservar el patrimonio también es que las reusenses y los reusenses nos lo amemos, que nos lo sintamos nuestro. De esta manera, el patrimonio está vivo, crece, y las nuevas generaciones conectan con él, establecen vínculo con él y arraigan en él. En este sentido, Sant Pere es mucho más que una tradición: es una expresión clara del talante reusense. De una ciudad que celebra, que construye comunidad a partir de su cultura.
Reus es una ciudad con carácter. Con una identidad fuerte, diversa y compartida. Y esta identidad se ha tejido también alrededor de símbolos como Sant Pere. La conmemoración de los 400 años de la llegada de la reliquia une tradición, solemnidad, fiesta y devoción. Es nuestra manera de ser: la cultura y la celebración están en la calle, al alcance de todo el que quiera sumarse.
Celebremos, pues, estos 400 años para recordar el pasado, para subrayar su importancia, pero igualmente con la mirada puesta en el futuro. Porque aquello que nos ha unido durante siglos continúa siendo hoy un espacio de encuentro. Y debe seguir siéndolo para las generaciones que vendrán.
