Hay decisiones que explican qué modelo de ciudad quieres construir. Decidir invertir en energía solar para reducir el consumo municipal y, a la vez, aligerar la factura de familias vulnerables es una.
El Ayuntamiento de Lleida, desde la Empresa Municipal de Agenda Urbana (EMAU), hemos iniciado la instalación de placas solares en cinco edificios de su propiedad. Las obras ya han comenzado en el Depósito Municipal de Vehículos y estarán completadas a finales de marzo. El objetivo es claro: reducir aproximadamente un 60% el consumo eléctrico de la empresa y destinar parte de la energía generada a 18 viviendas sociales.
Hablamos de un proyecto que combina sostenibilidad y justicia social. Las instalaciones fotovoltaicas se ubicarán en tres edificios del Centro Histórico, en la calle Cavallers, en un edificio en Cappont (Eduard Velasco 1-3) y en el Depósito, en el polígono El Segre. La más grande será la de la Casa de Fusta, con una potencia de 39 kWp, y todas contarán con baterías con una capacidad total de 70 kWh para optimizar el aprovechamiento de la energía.
Pero este proyecto es mucho más que una actuación técnica. Es una iniciativa pionera en la ciudad de Lleida. Un modelo innovador que no se había impulsado nunca antes desde el ámbito municipal con esta clara vocación social. No solo generamos energía renovable para reducir el consumo propio, sino que lo hacemos con un sistema de autoconsumo compartido pensado específicamente para combatir la pobreza energética. Somos un gobierno que impulsa iniciativas novedosas, que se atreve a abrir caminos nuevos y que entiende que la innovación debe estar al servicio de las personas.
El modelo que impulsamos es el de autoconsumo compartido con vertido total a red. La energía producida se distribuirá dentro de un radio de 2 kilómetros, tal como establece la normativa, entre 30 suministros de la EMAU y 18 viviendas sociales. A cada hogar se le asignará 1 kW de potencia, lo que permitirá reducir la factura eléctrica entre 200 y 300 euros anuales.
Esto significa que el 15% de la energía generada irá directamente a cubrir necesidades básicas de familias que lo necesitan especialmente. No estamos hablando de una acción simbólica, sino de una medida estructural contra la pobreza energética. Una manera de hacer que la transición energética sea también una transición justa.
Este proyecto ha recibido 69.035 euros de los fondos europeos Next Generation, dentro de una inversión total de 130.009,5 euros más IVA. También ha contado con el apoyo de la Oficina Municipal de la Energía de Lleida, de la Fundación por la Sostenibilidad Lleida 21, que ha asumido la gestión técnica.
Hemos querido, además, que las instalaciones en el Centro Histórico cumplan estrictamente los criterios de protección de las visuales de la Seu Vella. Apostar por la energía renovable no significa renunciar a nuestro patrimonio; significa integrarlo con respeto y responsabilidad.
En paralelo, hemos continuado mejorando las instalaciones del Depósito Municipal de Vehículos con la instalación de una nueva alarma perimetral. El año pasado ya se incorporaron nuevas cámaras de vigilancia y mejoras en la iluminación exterior. Son actuaciones que mejoran el servicio y también el bienestar de los trabajadores.
La transición energética no es una moda ni un eslogan. Es una responsabilidad pública. Cada kilovatio que generamos de manera limpia es un paso adelante en la reducción de emisiones. Cada euro que una familia vulnerable deja de pagar en la factura es un paso adelante en cohesión social.
Esto es lo que queremos para Lleida: una ciudad que avanza, que lidera iniciativas pioneras, que reduce su impacto ambiental y que pone la innovación al servicio de la sostenibilidad y de la justicia social. Una ciudad que entiende que la energía no es solo una cuestión técnica, sino también una cuestión de dignidad.