Una de las cadenas de restauración más conocidas del mundo continúa perdiendo fuerza. Durante el 2025, Subway ha cerrado 729 establecimientos y acumula ya una década reduciendo su presencia global, en una tendencia que apunta a problemas estructurales más allá de una simple mala racha.
El retroceso no es nuevo. Desde 2016, la marca ha bajado la persiana de más de 8.000 locales solo en Estados Unidos. El origen del problema se encuentra en una expansión demasiado agresiva durante años, que acabó saturando el mercado con establecimientos que competían entre ellos, reduciendo ingresos y rentabilidad.
Un modelo que ha dejado de funcionar
A esta situación se suma la pérdida de atractivo para el consumidor. Las ventas comenzaron a caer ya en 2012 y su apuesta por una comida rápida “más saludable” ha quedado desfasada en un mercado que ha evolucionado hacia opciones percibidas como de mayor calidad.
Otras cadenas han sabido aprovechar este cambio de hábitos, posicionándose con productos más elaborados y una mejor imagen, dejando esta marca en tierra de nadie: ni la más barata ni la más atractiva.
Una crisis que también afecta la imagen
El desgaste comercial se ha visto agravado por polémicas que impactaron directamente en su reputación, marcando un antes y un después en la percepción del público. Desde entonces, la compañía intenta redefinir su rumbo y ajustar su tamaño real al mercado.
A pesar de los esfuerzos, la transformación es lenta y compleja, y confirma que el gigante que un día dominó el sector ahora lucha por reinventarse en un entorno cada vez más competitivo.
