“Orgullo, tradición y herencia”. Probablemente hay muchos adjetivos que puedan definir a los Xiquets de Tarragona, pero estas son las primeras palabras que a la familia colchonera le vienen a la cabeza cuando hablamos de su personalidad. La colla se encuentra inmersa este año en su centenario y lo hace con la voluntad de que la efeméride vaya más allá y se convierta en una celebración de ciudad.
“Lo que reivindicamos es que nosotros estamos de celebración, pero la ciudad también lo está. Una de las cosas por las que Tarragona es importante son los castells. Que los Xiquets de Tarragona cumplamos cien años significa que la ciudad también los cumple”, explica Laia Sabaté, jefa de la Comisión del Centenario.
Evidentemente, antes de que en 1926 se fundaran los Xiquets de Tarragona ya había habido castells en la ciudad. Sin ir más lejos, esta renacencia vino impulsada por sagas castelleras que en 1885 ya habían creado los Xiquets de Tarragona - Colla de la Mercè y, si vamos más allá, también encontramos los Pescadors y los Pagesos, que por ejemplo iniciaron la costumbre de subir y bajar las escaleras de la Catedral con un pilar caminante.
Ahora bien, la de 1926 es la primera colla organizada y con camisa. “Se trata de la primera colla como la podemos entender hoy en día. Desde aquel año hemos estado siempre excepto en algunas interferencias como la Guerra Civil”, remarca Oriol Olivé, expresidente de la colla y también miembro de la Comisión del Centenario.
Tres camisas, un legado
Aquellos Xiquets de Tarragona, sin embargo, no llevaban la camisa rayada que conocemos actualmente, sino que hacían castells con una de azul marino. Poco después surgiría una nueva colla que vestiría con camisa lila. De hecho, esta dualidad castellera en la ciudad hizo que quienes iban de azul marino fueran llamados la Colla Vella, mientras que los de lila recibieran el nombre de Colla Nova. El rojo y blanco no llegaría hasta 1970, cuando la reunificación forzada de la Nova y la Vella generó los Xiquets de Tarragona con los colores colchoneros.
La pandilla siempre se ha reivindicado heredera de todas las pandillas que han existido en la ciudad. Este hilo histórico se plasmó de la mejor manera el pasado 2 de agosto, cuando los Xiquets de Tarragona levantaron varios pilares con las tres camisas que han protagonizado estos 100 años: azul marino, lila y blanco y rojo. “No ha sido una historia lineal. Con el acto de las camisas representamos esta historia en la que no siempre hemos llevado el mismo color de camisa e incluso ha habido una pandilla o dos”, remarca Oriol.
Las Cols, plaza talismán
Su historia ha estado llena de hitos que han ido construyendo un legado del que sentirse orgullosos. El primer 4d8 completado por una pandilla de la ciudad sin ayuda de pandillas de fuera en 1981, el 2d8f en solitario de 1994, el primer castillo de 9 en la Santa Tecla de 1999 o el primer 4d9f descargado en las fiestas de 2011.
A pesar de que en los últimos años nos hemos acostumbrado a disfrutar de jornadas históricas de las cuatro pandillas en la plaza de les Cols, este pequeño espacio hace más de una década que tiene un lugar especial en el corazón de los matalassers. En 2014 los Xiquets de Tarragona alcanzaron su primer castillo de gamma extra (2d9f) en un Sant Magí que convirtió Cols en su plaza talismán. “Es una plaza compleja y pequeña, pero es la más icónica y es casa”, explican. Fuera de Tarragona, el enclave más querido es Torredembarra, donde han hecho las mejores jornadas lejos de la ciudad.
Resiliencia
Aunque un año después de este 2d9f cuajaron la mejor jornada de su historia en el Primer Diumenge de Festes, en los últimos años el destino ha puesto a prueba la resiliencia matalassera. Por un lado, los resultados y las expectativas les han jugado en más de una ocasión una mala pasada. Pero, sobre todo, el principal revés ha sido tener que dejar su local de la calle Santa Anna en 2018. Desde entonces, los matalassers ensayan en el patio del Ayuntamiento de Tarragona y tienen que hacer uso de la imaginación a la hora de celebrar sus actos internos y públicos.
“Lo hemos intentado vivir con dignidad, haciéndonos fuertes y viéndolo como una oportunidad. Quizás alguien creía que sería una lacra para la pandilla, pero ha sido al revés. Han sido años de crecimiento de la masa social”, apunta Oriol.
La inminente restauración del local les podría llevar a volver a casa en 2028 o 2029, un paso que pone la piel de gallina tanto a Oriol como a Laia. “Hay una parte de ilusión por la gente que vivimos Santa Anna y queremos volver a casa, pero también hay un grueso de gente que no ha vivido nunca estar en Santa Anna y tener un local. Lo vivimos entre la tristeza y esta ilusión”, reflexiona Laia. De hecho, ambos explican que aproximadamente un 50% de los miembros de Xiquets no sabe lo que es pisar Santa Anna.
El impulso del centenario
Con todo, remarcan que desgraciadamente han “normalizado” no tener local y, por este motivo, no ha sido un “obstáculo” para continuar con la vida social de la pandilla y organizar un centenario de primer orden.
Este 2026 los Xiquets han estrenado el logo del centenario -obra de Marc Volpini-; han hecho una caminata popular por las plazas y espacios que explican su historia; han creado la Caja de Memoria, una cajita que guarda postales con 100 imágenes de la trayectoria de la pandilla; han alzado pilares con las tres camisas; han ofrecido un concierto de grallas, y este 12 de septiembre preparan el momento cumbre con el acto central en el Teatre Tarragona. Además, a finales de año inaugurarán un mural conmemorativo.
La alegría de la celebración parece que se está trasladando también a plaza, donde cruzan los dedos para alcanzar un final de temporada en plena forma y un Concurso para recordar. “Creo que los resultados nos están acompañando. Hay una energía muy positiva y llegamos bastante contentos. La apuesta de hace un año y medio está cuajando y lo estamos viviendo con alegría”, reconocen.
Llegar a los cien años no es solo una cuestión de calendario. La trayectoria de los Xiquets de Tarragona también se explica por esta capacidad de sobreponerse a los momentos más difíciles y de mantener vivo el sentimiento de pertenencia incluso durante casi una década sin casa propia.
En una ciudad donde otras collas están cada vez más de moda, la familia matalassera continúa sumando generaciones y ha mantenido una capacidad de atracción envidiable. El porqué, reconoce Oriol, es una pregunta recurrente dentro de la propia colla: “Es un tema de conversación. Lo hemos intentado teorizar y la única respuesta que hemos encontrado es que el colectivo es sano y la familia matalassera ha sabido cuidarse”. Este sentimiento de pertenencia es complejo de describir con palabras: “es muy difícil de explicar, pero es muy fácil de vivir. Vienes a un ensayo, te enganchas y ya formas parte de la familia”.
50 años de gralles y timbals
Aparte del centenario de los Xiquets de Tarragona, sus gralles y timbals también están de aniversario. A pesar de que la música está intrínsecamente ligada a los castells, hasta hace no mucho los músicos no eran propiamente parte de la colla. Los matalassers -junto con los Bordegassos de Vilanova- fueron de las primeras collas en incorporar a los músicos como un miembro más de la familia. En su caso, fue en 1976: “La Vella y la Nova tenían grallers propios, pero no iban con camisa. En el aniversario de los cincuenta años hubo la iniciativa de incorporar las gralles. Desde entonces tocan con camisa y faixa roja”.
Además, las gralles matalasseras gozan de gran prestigio dentro del mundo casteller y han ganado el Concurs de Gralles tres veces consecutivas (2018, 2022 y 2024). “Siempre digo que somos los más malos, pero los que trabajamos más”, reconoce Oriol, siempre vinculado al equipo de gralles. En este sentido, el expresidente desvela el secreto del éxito: “se consigue a base de metodología y trabajo. También es muy importante arraigarse a la colla y ver cómo actúan las enxanetes para interpretarlas”.
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