Francesca Boluda: "Antes el maestro decía que se tenía que aprender, ahora preguntamos a los niños qué quieren aprender"

12 de mayo de 2020 a las 07:52h
Este año se celebra el 40 aniversario de la Escuela Calípolis. ¿Qué significa llegar a este hito?

Para nosotros es algo muy importante porque supone que hemos estado educando alumnos durante 40 años. Básicamente siempre con la misma línea. Yo llevo aquí 25 años y en este tiempo he visto que a todos los docentes que han pasado por el centro les ha gustado nuestro proyecto y han seguido nuestra línea. Siempre hemos intentado que fuera una línea de cohesión, de integrar a los niños en nuestro proyecto y la verdad es que hemos disfrutado haciéndolo.

Hablas de proyecto de escuela. ¿Cuál es?

Para nosotros es un proyecto que intenta integrar a toda la población dentro de nuestra cultura. Aquí en La Pineda nos encontramos con que no hay arraigo en el pueblo, porque hay gente de muchos sitios. Entonces, a través de nuestra cultura, integramos que todos se sientan identificados y que todos participen.

Nuestro proyecto principal tiene dos vertientes. Uno es éste: la igualdad, la comprensión, la integración y el hecho de aceptar a todo el mundo. El otro es intentar que los niños dominen o conozcan lo que son las nuevas tecnologías, que es en la línea en la que ahora estamos trabajando.

¿Qué actos haréis por el 40 aniversario?

Hemos considerado que no era un hito muy importante como lo fue el 25 aniversario ni cuando haremos el 50 aniversario, pero considerábamos que 40 años de escuela también era merecedor. El equipo directivo que hemos estado trabajando hasta ahora nos vamos el curso que viene y queríamos celebrarlo antes de terminar. Entonces, haremos un único acto el día 25 de abril a dos bandas.

Primero en el pabellón, donde habrá unos parlamentos, se hará la lectura de trabajos que han hecho los niños sobre la escuela y se proyectará un vídeo rodado con los niños, que han pensado palabras bonitas que le querían dedicar a la escuela, y el montaje de las fotografías que hemos ido haciendo por todo el municipio. Después, vendremos a la escuela, plantaremos tres almendros en la entrada y pondremos dentro de una casa del tiempo, que queremos que se abra dentro de 40 años más, las intenciones y los recuerdos que tienen los niños.

Después iremos a la pista, repartiremos coca con chocolate, soplaremos las velas del pastel del 40 aniversario y todas las personas que vengan al acto se podrán hacer fotografías en un photocall. Además, también tenemos pensado en colaboración con la escuela de arte pintar el módulo. El diseño lo ha hecho una niña de cuarto. En septiembre vendrán a pintarnos una fachada del módulo con este diseño. También hemos elegido un logo para la escuela, ya que no teníamos hasta ahora, y ha sido diseñado por una niña de segundo.

¿En estos 40 años ha cambiado mucho la escuela?

Ha cambiado muchísimo, tanto físicamente como en el alumnado. Al principio era una escuela muy pequeña con pocos alumnos, básicamente todos de La Pineda y en temporadas hijos de gente que venía a trabajar lo que era la temporada. Actualmente tenemos casi dos líneas por nivel, aunque no con una matrícula muy elevada. Físicamente hemos tenido que ampliar la escuela con espacios y añadidos, porque la escuela crece y no teníamos suficientes espacios.

En el tipo de alumnado también hemos cambiado. Antes teníamos lo que era el alumnado que podía ser del país y los hijos de la gente que venía de fuera a trabajar básicamente en la refinería o Repsol desde Ciudad Real, de Puertollano o de Andalucía. Ahora mayoritariamente son gente que viene de Sudamérica o de países del norte.

Se trata de la única escuela de La Pineda. ¿Estar alejados de Vila-seca es una dificultad?

Nosotros vimos que necesitábamos algo que nos hiciera de nexo de unión con el resto del municipio y esto lo conseguimos a través del Plan Educativo de Entorno. Fuimos una de las primeras escuelas en pedir que el municipio de Vila-seca apostara por ello. Esto nos enriquecía mucho porque nos permitía acercar a todos nuestros alumnos la realidad del municipio. Podíamos disfrutar de cosas que hasta cierto punto nos eran prohibitivas porque no podíamos desplazarnos continuamente a ver cosas del municipio, ya que teníamos que pagar autobuses o porque nos encontrábamos más cerrados en lo que era el núcleo de La Pineda. A través del Plan Educativo de Entorno, que ya hace más de 10 años que funciona, se nos abrió un mundo y un gran abanico de colaboración con el resto de centros y con el municipio.

Las relaciones humanas son una seña de identidad de la escuela y las consideráis muy importantes.

Es un trato muy familiar y prácticamente nos conocemos todos. Piensa que estamos teniendo ya hijos de alumnos nuestros. Los que entonces eran padres ahora se han convertido en abuelos y vuelven al colegio. Seguimos teniendo muy buena relación con todas las familias.

¿La implicación de los padres es importante?

Muchísimo. Nosotros podemos educar, pero si detrás no está la familia colaborando con la implicación que tiene la escuela se queda cojo. Lo que hacemos también es una escuela abierta, que quiere decir que las puertas normalmente no están cerradas y todo el mundo que viene a la escuela ve cómo estamos trabajando. Después, todas las actividades que se hacen son abiertas a las familias, de forma que ellas puedan venir a disfrutar de lo que estamos haciendo. Si hacemos proyectos, les hacemos colaborar. Para nuestras fiestas nos prestan el pabellón para poderlas celebrar y todas las familias son invitadas.

También se les pide mucha colaboración cuando hacemos cualquier tipo de actividad, pedimos a papás que vengan a hacer yoga, que vengan a hacer talleres, que vengan a hacer charlas, y cuando hacemos proyectos nuestros no se quedan cerrados en la escuela, sino que después de haberlos explicado a toda la comunidad educativa, los hacemos también de cara al exterior. Los explicamos fuera, pero sobre todo a las familias y les invitamos a ver los proyectos de sus hijos.

¿Ha cambiado mucho el modelo educativo en todo este tiempo?

Sí, aunque en esta escuela siempre hemos pensado que los protagonistas eran los niños y, en este sentido, hemos sido innovadores en muchas cosas. Por ejemplo, fuimos de los primeros que hicimos servir la ciencia 3-12, de los primeros que tuvimos huerto en el patio y apostamos por una escuela sostenible cuando se empezaba a hacer. Hemos intentado que los niños siempre fueran de donde partíamos para educar, pero sí que es verdad que antes las clases eran más cerradas con un único maestro.

Nosotros actualmente no funcionamos de esta manera, los grupos son abiertos, fusionamos a los niños de diferentes niveles según su aprendizaje y, aunque no es una escuela tipo escuela 21 que todos los niños se juntan, sí que es un poco de este estilo. Acostumbramos a hacer muchas cosas, mezclando los grupos, teniendo varios maestros, haciendo partícipes a abuelos que vienen a trabajar con nosotros para hacer los proyectos de ciclo superiores. Pretendemos que sea un aprendizaje diferente. Antes era el maestro quien decía que se tenía que aprender y ahora preguntamos a los niños qué es lo que quieren aprender y a partir de sus necesidades montamos toda la programación que hacemos.

¿Qué es lo mejor de la relación con los niños?

Para mí, la ilusión con la que cogen las cosas y los proyectos. Cuando presentas una cosa y ves la cara del niño que se queda boquiabierto esperando que tú le expliques alguna cosa o que aquello le es una novedad y quiere continuar experimentando, para mí es lo que más me llena. Esto es lo que más me gusta.

¿Y lo peor?

No sabría decir qué es lo peor porque siempre hay alguna cosa detrás que lo justifica o lo explica. Pero lo que no me gusta y no tolero nada son los conflictos tontos que muchas veces son por una pelota o alguna cosa de éstas.

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