Vila-seca enciende el invierno con la Fiesta Mayor de Sant Antoni

La Fiesta Mayor de Invierno de Vila-seca, dedicada a Sant Antoni Abat, patrón de la población, vuelve a llenar calles y plazas del municipio entre el 10 y el 25 de enero, convirtiendo la ciudad en un escenario de historia, cultura y celebración popular

13 de enero de 2026 a las 16:04h

Con el paso de los años, la Fiesta Mayor de Sant Antoni se ha consolidado como un referente del calendario invernal del Camp de Tarragona, y un reclamo que atrae a visitantes que quieren vivir de cerca unas celebraciones singulares, marcadas por dos grandes protagonistas: los Tres Tombs y el Tradicional Cós de Sant Antoni.

El calendario de actos confirma que esta fiesta es el latido colectivo de un municipio que mantiene con orgullo un vínculo antiguo con los caballos, el mundo rural y la transmisión de costumbres heredadas de generación en generación.

La devoción de los Tres Tombs: una tradición que atraviesa siglos

Entre todos los actos del programa, los Tres Tombs continúan siendo el símbolo más potente de la fiesta. La tradición, extendida por toda Cataluña, tiene su origen en la veneración a San Antonio, protector de los animales domésticos y de trabajo. En municipios de pasado agrícola como Vila-seca, la bendición se buscaba con la convicción de que garantizaría salud, resistencia y prosperidad para los animales que sostenían el día a día familiar en el campo.

Aún hoy, la ceremonia mantiene esta aura solemne y festiva. En Vila-seca, la jornada comienza con la Misa Mayor en honor al santo. Acto seguido, carruajes antiguos y modernos, arrieros, caballos engalanados y vecinos y vecinas con animales de compañía toman las calles principales en un desfile que recorre tres veces diferentes puntos emblemáticos del municipio. El público los acompaña hasta delante de la iglesia, donde se celebra la tradicional bendición de animales.

Este momento, cargado de significado, también dibuja un retrato del Vila-seca de hoy: familias que llevan perros, gatos o animales de granja; agrupaciones ecuestres que mantienen vivo un oficio y una pasión; y niños que descubren cómo una tradición centenaria continúa manteniéndose viva y necesaria.

El Cós de Sant Antoni: pura emoción en la Torre d'en Dolça

Si los Tres Tombs explican la dimensión devocional de la fiesta, el Tradicional Cós de Sant Antoni escribe la vertiente más deportiva y espectacular. Declarado Elemento Festivo Tradicional de Interés Nacional, este conjunto de carreras ecuestres es una de las citas más esperadas del año.

El paisaje cambia y se desplaza hasta el parque de la Torre d’en Dolça, porque este espacio natural de gran valor ambiental se transforma, durante unas horas, en un hipódromo al aire libre. Cientos de personas —y a menudo miles— confluyen allí para ver cómo los caballos pura sangre y sus jinetes se alinean y retumban por la pista, en un duelo breve pero intenso donde cada segundo cuenta

El Cós combina tres pruebas diferenciadas, manteniendo intacta una esencia que se remonta a los tiempos en que los caballos no eran deporte, sino que se utilizaban para trabajar, como una herramienta indispensable. Con el paso del tiempo, la carrera se ha convertido en una celebración de la habilidad, del vínculo humano-animal y de la fuerza con la que Vila-seca preserva un patrimonio inmaterial que la define y personaliza.

El ambiente que rodea las carreras es tan importante como las pruebas en sí. Familias, aficionados, curiosos y visitantes comparten gradas y márgenes, a menudo acompañados de actividades complementarias, como muestras de gastronomía local y puestos que convierten el recinto en un punto de encuentro social indispensable.

Más allá de los caballos: fuego, música y cultura popular

Aunque la tradición ecuestre es el gran emblema, el calendario festivo se extiende mucho más allá. Uno de los momentos más icónicos es la Nit del Foc, en la que Vila-seca se transforma bajo el ritmo del tabal y el estallido de las chispas. Las collas invitadas y el Ball de Diables de Vila-seca ofrecen una combinación de fuego y movimiento que abraza el centro del municipio, con correfocs infantiles y actuaciones que culminan en un correfoc que invita a todo el público a participar y a disfrutarlo.

Esta noche es también el momento de reencontrar el baile hablado, una tradición teatral de raíz rural donde personajes simbólicos se enfrentan dialécticamente y que, con ironía y dramatización, recupera un estilo de entretenimiento popular casi desaparecido. Los vecinos responden fielmente y convierten la plaza en un anfiteatro abierto.

La música, como siempre, juega un papel decisivo. Este año, orquestas como La Selvatana comparten protagonismo con bandas actuales y sesiones jóvenes en el pabellón municipal, convertido en punto de reunión y espacio para alargar la celebración hasta bien entrada la madrugada.

Este mismo espíritu de apertura marca otras jornadas del programa. Propuestas familiares —espectáculos infantiles, circo contemporáneo, animación de calle— conviven con funciones teatrales, monólogos, exposiciones y competiciones deportivas. El municipio se llena de voces diferentes, todas con el objetivo de participar activamente en la fiesta.

Las entidades locales son las auténticas protagonistas del evento. Gigantes y dulzaineros, castellers, trabucaires, diablos, escuelas deportivas y clubes culturales se organizan durante meses para garantizar que cada acto funcione, y que el calendario, año tras año, continúe siendo de una riqueza extraordinaria.

Un municipio que celebra su identidad colectiva

Para Vila-seca, Sant Antoni, más allá de ser una conmemoración religiosa o folclórica, es un espacio de memoria que conecta el presente con un pasado agrario y artesanal; un instrumento de cohesión para generaciones que, en medio de nuevas realidades, encuentran en la fiesta un lugar común; y un excelente motor de proyección exterior que refuerza la personalidad del municipio dentro de la escena cultural catalana.

Esta combinación —patrimonio, territorio y participación popular— explica por qué muchos lugareños no conciben el mes de enero sin que el sonido de los cencerros y el galope de los caballos resuenen por las calles. Y también por qué cada vez son más los visitantes que aprovechan los días de fiesta para descubrir el municipio con una mirada diferente.

La Fiesta Mayor de Sant Antoni, en definitiva, es una celebración viva que mantiene el pulso activo gracias a la implicación vecinal y al respeto profundo por las raíces. Un calendario que se renueva sin traicionarse, que da espacio a las nuevas generaciones y que recuerda que las tradiciones más arraigadas son aquellas que continúan formando parte del día a día.

Vila-seca lo sabe y lo vive. Y por eso, cada enero, el municipio confirma que cuando pasa el primer caballo, el invierno se ilumina, y brilla.