El Consejo Plenario Municipal de Tarragona ha dado luz verde hoy a una revisión en la catalogación de la Tabacalera como Bien Cultural de Interés Local (BCIL), un cambio que mantiene la protección integral del conjunto, pero que se adapta a las características específicas de cada una de sus partes.
De esta manera, se preservarán especialmente los espacios con más interés histórico y arquitectónico, mientras que se flexibilizará el margen de actuación en aquellas zonas más recientes.
En este sentido, el consejero Nacho García ha subrayado que “proponemos unos cambios quirúrgicos en la actual ficha de catalogación del complejo, de forma que permitimos proyectos respetuosos con el monumento, sin perder ni una mínima parte de sus valores patrimoniales, pero evitando que quede parado en el tiempo y se pierdan las inversiones, tanto las actuales como las futuras”.
Además, García ha destacado la importancia estratégica del recinto afirmando que “la Tabacalera está llamada a ser un espacio fundamental de la Tarragona cultural y educativa del siglo XXI. Por primera vez en 20 años existe una hoja de ruta realista y definida de las inversiones que deben llegar y que tiene el acuerdo de las administraciones públicas y también el acompañamiento de las inversiones privadas”.
El consejero también ha remarcado que “su ubicación privilegiada le permite tener un papel protagonista en la gran transformación de Tarragona y que tiene como gran centralidad el río Francolí, recientemente naturalizado y recuperado como gran parque público para la ciudad”.
Nuevas condiciones para los proyectos de intervención
Esta modificación implica que cualquier proyecto sobre el conjunto deberá ir precedido de un estudio histórico-arqueológico y arquitectónico justificativo. Asimismo, será obligatorio llevar a cabo una intervención arqueológica previa antes de iniciar cualquier actuación.
Por otro lado, los planes presentados deben incorporar propuestas detalladas respecto a los acabados de fachadas y cerramientos, siempre justificadas técnicamente y armonizadas con los valores patrimoniales reconocidos. También se exige adecuar los elementos exteriores —como jardinería, pavimentos o mobiliario urbano— según los criterios establecidos para garantizar una coherencia global con el entorno.
