«Pensábamos que con la apertura del ocio nocturno, el vandalismo constante en el casco antiguo de la ciudad nos daría una tregua. Pero no ha sido así. La cosa va cada vez a peor y ya se convierte en imposible de vivir aquí», explica Laura Torra, una vecina de la calle Cavallers. Pintadas y grafitis en portales, paredes y monumentos, bolsas de basura amontonadas en cualquier rincón y botellones en puntos calientes de la Parte Alta. Éstos son las principales pesadillas de los vecinos. La única esperanza que les queda es la puesta en marcha de las cámaras de videovigilancia, que funcionarán como elemento disuasorio.
Las quejas vecinales en este punto de la ciudad son una constante desde hace años. Pero ahora, los residentes en la Parte Alta aseguran haber identificado un aumento de los actos vandálicos. Durante los primeros meses de la pandemia, las denuncias se redujeron considerablemente, hasta que aparecieron los botellones improvisados. Primero en la Plaza de la Font, después en Sedassos y, ahora, cualquier rincón es bueno.
En las últimas semanas, los vecinos han detectado un aumento de pintadas y grafitis en portales y monumentos. «Cada mañana, al salir de casa, nos encontramos con una nueva pintada», explica Toni Grau, vecino de la calle Ferrers, a quien hace pocos días le graffitearon el portal. Grau tuvo que contratar un servicio de limpieza, lo que le costó un dinero. «Si pintan en un monumento o en una pared, el Ayuntamiento se encarga de borrarlo. Pero en casas particulares no», añade.
Los incívicos han llegado a actuar en espacios históricos, como es el caso de las gradas de la Plaza Sedassos –que las pintadas se han tenido que borrar hasta dos veces–, o la de la semana pasada en la Catedral. Por no hablar de las paredes o de las persianas de comercios. El Ayuntamiento tiene una partida anual de 100.000 euros para limpiar grafitis. Una cantidad que casi siempre es insuficiente.
