Miles de imágenes antiguas conservadas en archivos públicos y colecciones privadas documentan la celebración y la evolución del séquito popular de Santa Tecla a lo largo del siglo XX. Detrás de aquellas imágenes en blanco y negro y con tonos sepia se encuentran, entre otros, los objetivos de Hermenegild Vallvé y de la saga Chinchilla, los fotógrafos que convirtieron sus instantáneas en el único testimonio visual de una celebración que pasó de contar con cuatro elementos básicos a convertirse en la macrofestividad actual.
Un séquito popular contenido: la fiesta del siglo pasado
Las fotografías y postales antiguas de Santa Tecla muestran una realidad muy diferente de la actual. En aquellas imágenes, el séquito popular se reducía a unos cuantos elementos básicos: los Gigantes Moros, los Negritos, los Nanos, el Ball de Bastons y el Magí de les Timbales. Esta era la columna vertebral de la fiesta durante las primeras décadas del siglo XX, una celebración que se concentraba en la Plaça de la Font, el Cós del Bou, la Plaça de les Cols y otras calles de la Part Alta.
No había, en aquel tiempo, la riqueza de bestiario y bailes que caracteriza la fiesta actual. El Drac de Sant Roc, la Vibria, la Cucafera, el Griu, la Mulassa, l’Àliga, el Lleó, el Bou y el resto de elementos del séquito se incorporaron progresivamente a lo largo de las décadas, en un proceso de estudio y recuperación que transformó la fisonomía de Santa Tecla. Las imágenes documentan la evolución de lo que hoy es uno de los Séquitos Populares más importantes de Cataluña.
La postal como vehículo de difusión y documento histórico
La postal fue, durante buena parte del siglo XX, el principal medio de difusión de la imagen de Santa Tecla. En blanco y negro, se vendían a los turistas y a los visitantes de la ciudad, convirtiéndose en el vehículo a través del cual la fiesta llegaba a lugares donde nunca habría podido presenciarse directamente.
El valor documental de estas postales es extraordinario, porque son el testimonio visual que existe de cómo se vivían aquellas fiestas. Las fotografías familiares de la época son escasas y de inferior calidad, mientras que las postales ofrecen imágenes nítidas, bien encuadradas, con una composición cuidada, pensadas para ser enviadas y compartidas. Esto significa que los fotógrafos debían captar la esencia de la fiesta y los momentos más representativos.
Hay otro factor muy interesante que las postales documentan: que la tradición no es estática, sino que evoluciona adaptándose a los nuevos tiempos, llevando del pasado al presente los elementos que perduran, resistiendo al paso del tiempo.
Hoy, estas postales se conservan principalmente en dos grandes archivos: el Archivo Histórico de Tarragona y el Centro de Imágenes de Tarragona. También existen colecciones privadas en manos de coleccionistas locales que han dedicado años a reunir este material. La digitalización de estos fondos ha permitido que las imágenes sean accesibles para investigadores, historiadores y las mismas entidades festivas, que las utilizan para recuperar detalles de vestuarios, para planificar efemérides o simplemente para conocer mejor el pasado de su propia tradición.
Vallvé y Chinchilla: los autores detrás de las imágenes
Detrás de la mayoría de las postales antiguas de Santa Tecla hay nombres propios: Hermenegild Vallvé y la saga Chinchilla son algunos de ellos, los responsables de capturar las imágenes, los primeros perpetuadores de la fiesta, testigos visuales de Santa Tecla durante buena parte del siglo XX.
Hermenegild Vallvé y Vilallonga (1893-1973) fue uno de los fotógrafos más importantes de Tarragona durante la primera mitad del siglo XX. Vallvé no era un simple retratista de estudio; era un cronista gráfico con una sensibilidad excepcional. Sus imágenes de Santa Tecla muestran un séquito popular en un momento de transición, todavía muy ligado a las costumbres antiguas, pero con los primeros síntomas de modernización. Vallvé captó los Gigantes, los Enanos, el Ball de Bastons y el Magí de les Timbales en un contexto urbano que hoy ya no existe. Sus fotografías se reprodujeron en cientos de postales. Desgraciadamente, gran parte de su archivo de placas de vidrio se perdió durante un bombardeo en 1937, un hecho que hace que las imágenes conservadas sean aún más preciadas.
La saga Chinchilla, por su parte, documentó la fiesta durante décadas. Desde Gerard (Genaro) Chinchilla hasta Ramón Segú Chinchilla, esta familia cerró un ciclo de casi un siglo documentando la vida de la ciudad.
El fondo Chinchilla, con cerca de un millón de imágenes entre negativos, placas y papeles, se conserva en el Centre d'Imatges de Tarragona y constituye una radiografía completa de cómo la fiesta de Santa Tecla fue ganando peso y participantes a lo largo del siglo XX. La lenta incorporación de nuevos elementos al séquito, la progresiva masificación del evento y la transformación del espacio urbano donde se desarrollaba la fiesta.
Lo que hace especialmente interesantes estas postales es el hecho de que, a pesar de ser reproducciones industriales, mantienen la calidad y la sensibilidad de los fotógrafos originales, porque los fotógrafos no eran simples técnicos: eran artistas que sabían captar la luz, el movimiento, el ambiente. Sus imágenes cruzaron fronteras, llevando la imagen de Santa Tecla a lugares donde nunca habría llegado de otra manera.
Hoy, otros fotógrafos como Fervi, David Oliete, Pep Escoda, muestran Santa Tecla desde su mirada. E incluso, en el caso de Pep Escoda, invitando a otros fotógrafos a participar de la festividad, en una iniciativa que Escoda lideró, llamada “La Festa als Ulls”, y en la que en años sucesivos participaron fotógrafos invitados como Antonio Nodar, Gabriel Tizón, Oriol Segon, Michael Kolchesky o Guadalupe Fernández Pose, entre otros, demostrando el potencial de esta simbiosis entre cultura popular y fotografía contemporánea.
Los perpetuadores invisibles de la Fiesta
El reconocimiento al Perpetuador de la Fiesta es uno de los momentos más emotivos del inicio de las fiestas, un homenaje a muchas personas que han trabajado y colaborado activamente para que Santa Tecla perdure, crezca, se expanda y se viva por plazas y calles con toda su plenitud. Pero de forma invisible y discreta, a lo largo de los años ha habido otros perpetuadores de la fiesta, los que la han captado en imágenes muy concretas y vívidas, para convertirla en un elemento referencial totalmente vigente, y al que se puede recurrir para dar una mirada al pasado. Son estas imágenes las que, de alguna forma, marcan el camino.
Las postales de Santa Tecla son mucho más que recuerdos nostálgicos. Son documentos históricos de primer orden que permiten comprender la evolución de una fiesta que ha pasado de ser una celebración contenida a convertirse en una macrofestividad con decenas de figuras y bailes. Gracias al trabajo de fotógrafos como Vallvé y Chinchilla, entre otros, y al vehículo de difusión que fueron las postales y las fotografías, hoy podemos observar con detalle cómo era el séquito popular del siglo pasado y comprender los cambios que lo han transformado hasta la actualidad.
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