Un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) analiza hasta qué punto la inteligencia artificial generativa, especialmente ChatGPT, se está utilizando como herramienta de apoyo en salud mental en la vida cotidiana. La investigación, publicada en la revista Journal of Public Health, revela que, aunque su uso general está muy extendido, el recurso a esta tecnología para gestionar el bienestar emocional todavía es relativamente minoritario, pero creciente entre la población joven.
La investigación, liderada por la investigadora del Departamento de Psicología de la URV Anna Huguet y el estudiante del máster en Psicología General Sanitaria Llorenç Díaz, se desarrolló en dos fases: entrevistas exploratorias a estudiantes universitarios y un cuestionario a 500 personas catalanoparlantes residentes en Catalunya.
Los resultados indican que un 74,6% de los participantes había utilizado ChatGPT alguna vez. Sin embargo, solo un 17,2% la había empleado con finalidades relacionadas con la salud mental. Entre estos usuarios, el uso era mayoritariamente poco frecuente: más de la mitad la consultaba una vez al mes o menos.
Las consultas más habituales estaban vinculadas al estrés, la ansiedad y las preocupaciones cotidianas, seguidas de problemas en las relaciones personales y cuestiones de crecimiento personal. Con menor incidencia aparecían la soledad, el bajo estado de ánimo, los problemas de sueño o situaciones más delicadas como experiencias traumáticas o conductas autolesivas.
En cuanto al uso, la función principal era obtener estrategias para regular las emociones, ordenar pensamientos u obtener nuevas perspectivas. También se utilizaba, en algunos casos, para tomar decisiones o buscar información sobre recursos profesionales.
La percepción de los beneficios es ambivalente: el 55,8% de los usuarios considera que ChatGPT les ha ayudado de manera moderada o alta, mientras que otros indican una utilidad ocasional o nula. Entre las ventajas destacan la rapidez, la disponibilidad 24 horas y la facilidad de uso.
Sin embargo, también aparecen preocupaciones importantes: la falta de fiabilidad de las respuestas, la privacidad, la falta de interacción humana y el carácter poco personalizado de las respuestas.
Uno de los resultados más relevantes es la diferencia por edades: el uso de ChatGPT es mucho más frecuente entre jóvenes. En el grupo de 16 a 19 años, cerca del 40% afirma haberlo utilizado para gestionar el bienestar emocional.
Los investigadores concluyen que ChatGPT puede ser un recurso complementario para consultas cotidianas, pero subrayan que no puede sustituir la atención profesional en salud mental. También destacan la necesidad de promover un uso informativo, responsable y seguro, especialmente entre adolescentes y jóvenes.
La investigación, publicada en la revista Journal of Public Health, abre el debate sobre el papel creciente de la inteligencia artificial en la salud pública y los retos que implica para el bienestar emocional.
