El Camp de Tarragona avanza hacia una realidad metropolitana que ya existe en el día a día, pero que todavía tiene que tomar forma política y administrativa. Hablamos con Gustavo Cuadrado para saber en qué punto se encuentra este proceso, qué pasos se han dado y qué falta para que el territorio actúe con una voz más coordinada.
Existen ya algunos proyectos de carácter metropolitano en el Camp de Tarragona. ¿Por qué es necesario emprender el camino que está marcando la Asociación?
Porque la realidad metropolitana ya existe. La gente vive en un municipio, trabaja en otro, estudia en un tercero, se desplaza cada día por el conjunto del territorio y utiliza servicios que van mucho más allá de los límites administrativos de cada ayuntamiento. Lo que estamos haciendo ahora es empezar a dar respuesta política e institucional a una realidad que ya existe.
Todavía tenemos piezas importantes por desarrollar: una futura ley, el modelo de gobernanza, la movilidad, la ordenación territorial o el instrumento ejecutivo que nos permita implementar las políticas metropolitanas. Todo esto tardará unos años, seguramente. Pero lo que no podemos hacer es esperar a que todo esté acabado para empezar a trabajar.
¿Qué se está haciendo ahora?
Hemos querido generar ya unas bases. Tenemos la Asociación, tenemos las comisiones de trabajo, estamos impulsando proyectos compartidos, tenemos en marcha la Agencia Metropolitana de Competitividad y estamos trabajando en una futura Oficina de Planificación Estratégica.
Para mí esta es la idea importante: construir la metrópoli mientras hacemos políticas metropolitanas. La mejor manera de demostrar que esto tiene sentido es que los municipios y los ciudadanos empiecen a ver resultados concretos.
¿Cuáles son los ámbitos más urgentes por abordar?
Hay algunos ámbitos muy evidentes. El primero es la movilidad, porque probablemente es el ámbito en el que la ciudadanía percibe más claramente que las fronteras municipales ya no tienen mucho sentido. Pero también tenemos el urbanismo y la vivienda, la gestión de determinados servicios, la energía, la gestión de residuos, las infraestructuras verdes, la promoción económica o la captación de inversiones.
Yo añadiría una cuestión especialmente importante: la planificación estratégica. Tenemos que ser capaces de decidir qué queremos que sea este territorio de aquí a diez, quince o veinte años.
¿Qué rol debe tener esta futura área metropolitana en cuanto a la movilidad?
Un papel absolutamente central. La movilidad es posiblemente el mejor ejemplo de por qué necesitamos una mirada metropolitana. Una persona que vive en Reus y trabaja en Tarragona, o que vive en La Canonja y estudia en Vila-seca, no piensa su trayecto en términos de límites administrativos. Quiere llegar de manera rápida, cómoda, sostenible y a un coste razonable.
Por lo tanto, debemos pasar de una suma de transportes municipales e intermunicipales a una visión integral de la movilidad del Camp de Tarragona. Esto significa pensar conjuntamente y, sobre todo, planificar la movilidad desde la demanda real de la ciudadanía. Esto no quiere decir necesariamente que el Área Metropolitana deba gestionar desde el primer día todos los transportes. Pero sí que debe tener una voz clara y capacidad de planificación, coordinación e interlocución ante la Generalitat y el Estado.
El Plan Director Urbanístico (PDU) es un elemento “imprescindible”, ¿por qué?
Porque si queremos construir una realidad metropolitana debemos decidir conjuntamente cómo queremos ordenar el territorio. El PDU es probablemente una de las herramientas más importantes porque nos obliga a dejar de mirar exclusivamente el término municipal y observar el conjunto.
¿Dónde queremos crecer? ¿Dónde situamos la actividad económica? ¿Cómo conectamos los diferentes municipios? ¿Qué espacios naturales protegemos? ¿Dónde situamos la vivienda? ¿Cómo ordenamos las infraestructuras? ¿Cómo evitamos que cada municipio planifique de manera independiente una realidad que, en cambio, funciona de manera conjunta? La construcción metropolitana también debe dibujarse sobre el territorio.
¿La promoción económica puede ser metropolitana? ¿Los municipios no querrán mirar por ellos mismos?
Es normal que cada alcalde quiera atraer empresas, actividad y ocupación a su municipio. Y esto seguirá pasando. Pero hay una escala en la que competir individualmente tiene cada vez menos sentido. Una gran empresa internacional no analiza solo Tarragona, Reus, Vila-seca o Constantí. Analiza un territorio: disponibilidad de suelo, energía, infraestructuras, talento, universidad, logística, conexiones ferroviarias, Puerto, aeropuerto, vivienda y calidad de vida. Aquí es donde debemos competir conjuntamente.
Tenemos que cambiar una mentalidad: cuando una gran inversión llega a cualquier municipio del Camp de Tarragona, una parte importante de sus beneficios se distribuyen por todo el territorio. Los trabajadores viven en municipios diferentes, los proveedores están repartidos, el consumo también y toda la economía se beneficia. La competencia real es con otras regiones europeas capaces de ofrecer un ecosistema económico completo.
¿Cómo afecta la demografía del territorio en la construcción metropolitana? No hay una gran ciudad que destaque especialmente sobre el resto.
Yo creo que esto no es una debilidad. Es una característica que define nuestro modelo. No somos Barcelona y no tenemos que intentar copiar Barcelona. El Camp de Tarragona es una realidad policéntrica. Tenemos dos ciudades importantes como Tarragona y Reus, pero también municipios con una enorme potencia económica y turística como Vila-seca, Salou o Cambrils, municipios industriales como la Canonja o Constantí y otras ciudades y municipios que articulan diferentes partes del territorio.
Por lo tanto, aquí no habrá una ciudad central y una corona de municipios subordinados. Nuestro modelo tendrá que ser necesariamente más horizontal. Y esto es interesante porque existen otras metrópolis europeas construidas sobre sistemas policéntricos. Nuestro modelo tendrá que nacer de nuestra propia realidad.
¿Se puede generar un ‘sentimiento metropolitano’ de la misma manera que hay un sentimiento europeo, tarraconense, reusense, catalán…?
Sí, pero no creo que se tenga que construir contra ninguna otra identidad. Una persona puede sentirse de Reus, de Tarragona, de Salou o de cualquier municipio y, al mismo tiempo, sentir que forma parte de un territorio más amplio. Las identidades se superponen y el sentimiento metropolitano no lo crearemos con una campaña de comunicación. Se generará sobre todo si la realidad metropolitana es útil.
¿El modelo de gobernanza es lo que puede comportar más conflictos a la hora de ponernos todos de acuerdo?
Seguramente será una de las cuestiones que requerirá más debate, porque cuando hablamos de gobernanza hablamos de quién decide, sobre qué decide y cómo se toman las decisiones. Pero creo que cometeremos un error si empezamos el debate metropolitano precisamente por aquí. Primero tenemos que responder a otra pregunta: ¿qué queremos hacer juntos?
La gobernanza debe ser consecuencia del proyecto, no al revés. Además, nuestro modelo deberá respetar una característica fundamental del Camp de Tarragona: su carácter policéntrico y la autonomía municipal. No se trata de crear un nuevo nivel administrativo que mande sobre los ayuntamientos. Se trata de construir una herramienta que permita a los ayuntamientos hacer conjuntamente cosas que individualmente son muy difíciles de hacer.
Se habla mucho de Barcelona como ejemplo.
Barcelona es una referencia inevitable por proximidad y porque tiene una experiencia metropolitana muy consolidada. Pero pienso que, estructuralmente, hay otros territorios europeos que nos pueden dar ideas más interesantes.
¿Como cuáles?
Un ejemplo es Róterdam-La Haya, en los Países Bajos. Son dos grandes ciudades con identidades propias que cooperan en cuestiones como la movilidad y el desarrollo económico. Su estructura metropolitana agrupa 23 municipios y precisamente nació para coordinar políticas en estos dos grandes ámbitos.
También es interesante el Randstad, porque funciona como una red de varias ciudades —Ámsterdam, Róterdam, La Haya y Utrecht— con especializaciones diferentes que intentan complementarse. O la región alemana del Rin-Ruhr, una gran realidad policéntrica formada por ciudades como Düsseldorf, Colonia, Essen, Dortmund o Duisburgo, donde tampoco existe una única ciudad que monopolice el territorio.
No se trata de copiar a nadie. Lo que debemos aprender es el concepto: ciudades diferentes, con personalidad propia, que descubren que juntas pueden competir mejor que separadas. Creo que esta es probablemente la idea que más encaja con el Camp de Tarragona. Y diría todavía una última cosa: nosotros no deberíamos aspirar a ser una Barcelona pequeña. Debemos aspirar a construir el mejor modelo metropolitano posible para el Camp de Tarragona con espíritu mediterráneo.
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