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Hay jornadas en las que Salou cambia completamente su pulso. Este domingo ha sido una. Desde primera hora, el paseo Jaume I presentaba una movilidad propia de los grandes acontecimientos: familias paseando sin prisas, grupos de amigos buscando espacio, niños mirando hacia el cielo a cada ruido y aficionados a la aviación con cámaras, teleobjetivos y material preparado para no perder detalle.
Parte del público había llegado expresamente desde diversos puntos de Cataluña y también de otros territorios del Estado. Otros, simplemente, habían bajado de casa para seguir qué pasaba. El gesto era el mismo en todos los casos: mirar arriba.
El tiempo acompañó la jornada con sol, una temperatura agradable y un Mediterráneo en calma que sirvió de marco a una propuesta pensada para vivirla en la calle. En la playa, había personas instaladas con sillas, toallas, bocadillos y teléfonos con batería llena. Otros combinaban las exhibiciones con un baño, un café, una comida o un helado. La Festa al Cel se notaba en el cielo, pero también a pie de arena.
Cuatro horas de exhibiciones y el paso del Eurofighter
Después de una tarde de sábado ya muy intensa, el programa de este domingo arrancó a las 11:00 horas y durante más de cuatro horas el litoral de Salou se convirtió en un gran anfiteatro natural.
Desfilaron ante el público aviones militares y civiles, helicópteros, aeronaves históricas, medios de emergencia y maniobras acrobáticas. Cada nueva aparición repetía la misma escena: cabezas levantadas, manos señalando el cielo y cientos de móviles intentando capturar una figura que, a menudo, pasaba demasiado deprisa para quedar bien encuadrada.
Entre los asistentes había perfiles muy diferentes: aficionados capaces de identificar un aparato solo por el sonido del motor, familias que preguntaban qué modelo acababa de sobrevolar la costa, abuelos con los nietos, parejas, grupos de jóvenes y vecinos de Salou que seguían el espectáculo casi desde casa.
Uno de los momentos más esperados llegó con la aparición del Eurofighter Typhoon. El rugido se sintió antes de verlo y, durante unos segundos, buena parte del litoral reaccionó a la vez. El aparato, pilotado por el comandante Juan Bengoechea, piloto exhibidor del Ala 14 del Ejército del Aire y del Espacio, concentró todas las miradas.
La velocidad, la potencia y las maniobras mantuvieron la atención del público durante varios minutos. En las playas, mucha gente se incorporó de las sillas; en los paseos, algunos se detuvieron de golpe; los niños se tapaban los oídos y reían al mismo tiempo; y los más entusiastas seguían cada giro con la cámara a punto. No era una exhibición cualquiera. Era muy importante para el piloto.
Salou ha sido el escenario de la última actuación de Juan Bengoechea en su etapa como piloto exhibidor del Eurofighter, una circunstancia que ha dado un componente especial a su presencia. Él ha cerrado uno de los grandes momentos finales de la Festa al Cel 2026.
El interés generado por esta edición también se ha reflejado en las acreditaciones: 107 spotters y una sesentena de periodistas han seguido las exhibiciones, entre fotografías, grabaciones y crónicas. Además, el evento también se ha podido seguir en streaming.
Un operativo amplio para hacer funcionar la ciudad
La imagen de las playas llenas y los paseos saturados era impactante. Pero detrás del festival había otra realidad más discreta: la de los controles, la movilidad, la seguridad, los servicios de emergencias, los voluntarios, los equipos municipales, los operarios de limpieza y el personal técnico. Todos ellos han trabajado durante horas y días previos para tener a punto una ciudad capaz de afrontar una afluencia extraordinaria.
El Club Náutico de Salou ha vuelto a ser uno de los puntos centrales del dispositivo. Allí se ha instalado el CECOR, y también se ha recibido a las principales autoridades y representantes del Ejército del Aire y del Espacio, el Ejército de Tierra, la Guardia Civil, la Policía Nacional, los Mossos d’Esquadra y diferentes policías locales, entre las cuales las de Salou, Cambrils y Valls, además de cargos civiles, políticos, judiciales y militares.
El alcalde saludó a las personas integrantes del CECOR, tanto del dispositivo terrestre como del desplegado aéreo, y les felicitó por el trabajo hecho.
Todo ello se ha desarrollado en una ciudad que, durante el fin de semana, ha tenido que asumir un volumen muy elevado de visitantes sin dejar de funcionar. Este es, probablemente, uno de los elementos que mejor explica qué representa hoy la Festa al Cel para Salou.
Orgullo local y capacidad de acogida
Entre los vecinos también había un sentimiento difícil de cuantificar con datos: el orgullo de ser de Salou, de hacer de anfitrión y de ver el municipio lleno de vida. De constatar que gente llegada de fuera hablaba de la ciudad. De ver las playas convertidas en gradas improvisadas. Y de comprobar que una localidad acostumbrada a los grandes acontecimientos continúa teniendo margen para afrontar citas de esta dimensión.
Para muchos salouenses, no se trataba solo de ir a ver aviones. Era recorrer el paseo de siempre y encontrarlo completamente cambiado. Era ver familias venidas de otros lugares buscando un rincón frente al mar. Era sentir que, durante unas horas, todas las miradas apuntaban hacia Salou.
También había la satisfacción de quien conoce qué hay detrás de un despliegue así. Organizar un acontecimiento de estas características no significa solo llevar aviones al cielo. También implica coordinar calles, servicios, seguridad, emergencias, voluntariado y equipos capaces de responder ante una concentración masiva de personas.
Salou está acostumbrado a multiplicarse. Lo hace a menudo, lo hace en los grandes acontecimientos y lo ha vuelto a hacer este fin de semana.
Premios, homenajes y palabras de clausura
Cuando el ruido de los motores disminuyó y el público volvió a mirar hacia el horizonte, el acto final se trasladó al Club Náutico. El alcalde de Salou, Pere Granados, presidió la clausura y el reconocimiento de la Festa al Cel.
Durante el acto se entregó el Premio Cristòfol Juandó a Santi Ballesté Coflent, presidente de la Associació AeroS, y el Premio Josep Canudas a Mariano Gasparet Romero, director de Comunicación de ENAIRE, que lo recogió en representación de José Antonio Santano Clavero, secretario de Estado de Transportes y Movilidad Sostenible y presidente de la Fundación ENAIRE.
Los miembros de la PAPEA también recibieron de manos del alcalde una réplica del primer avión que sobrevoló Salou, como recuerdo de su participación en esta edición del festival.
El momento más emotivo llegó con el reconocimiento al comandante Juan Bengoechea, coincidiendo con su última exhibición como piloto exhibidor del Eurofighter. Granados le entregó una réplica del monumento al rey Jaume I como recuerdo de su estancia en Salou.
El Ayuntamiento también agradeció la implicación del Ejército del Aire y del Espacio y del Ejército de Tierra, así como el trabajo de todas las instituciones, patrocinadores, cuerpos de seguridad, servicios de emergencias, voluntarios y profesionales que han hecho posible el festival.
Entre los detalles entregados también hubo una referencia a los primeros episodios de la relación de Salou con la aviación, con recuerdo para el vuelo pionero de Lucien de Mazel, que en 1911 sobrevoló las playas de Salou tras despegar desde Reus. Más de un siglo después, el cielo continúa formando parte, de una manera u otra, de la historia del municipio.
En su intervención, Pere Granados subrayó la capacidad de sumar esfuerzos, la colaboración institucional y la proyección que la Festa al Cel aporta a la ciudad. También insistió en una idea que ha repetido durante estos días: "Salou une". Y antes de terminar, Granados dejó clara la voluntad de continuidad: "Nos vemos en 2027".
A aquella hora, sin embargo, la Festa al Cel aún no se había acabado del todo. Por el paseo continuaban circulando familias. Algunos revisaban en el móvil las mejores fotografías. Los más pequeños todavía levantaban la cabeza cuando oían cualquier ruido lejano.
El cielo ya volvía a estar tranquilo. Salou, en cambio, todavía conservaba aquella sensación de los días importantes: la de haber compartido algo grande y haberlo hecho, una vez más, en casa.