Los correfocs, una de las expresiones más emblemáticas del patrimonio cultural inmaterial de Cataluña, se celebran hoy en unas condiciones térmicas mucho más cálidas que hace décadas. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio de un equipo investigador del Departamento de Geografía de la Universitat Rovira i Virgili (URV), publicado en la revista científica Climate.
La investigación ha analizado la evolución de la temperatura y el confort térmico durante seis grandes correfocs celebrados entre 1950 y 2023 en municipios del litoral y el prelitoral catalán.
Los investigadores han estudiado los correfocs de Sant Pere en Reus, Les Santes de Mataró, Santa Anna del Vendrell, Sant Fèlix de Vilafranca del Penedès, Santa Tecla de Tarragona y la Mercè de Barcelona.
El análisis se centra en las condiciones climáticas nocturnas, entre las 21 y las 23 h, la franja habitual de este tipo de actos. Además de la temperatura, el estudio incorpora factores como la humedad, el viento y la radiación térmica para calcular diferentes indicadores de confort.
Reus, el Vendrell y Vilafranca registran los incrementos más claros
Los resultados muestran una tendencia clara hacia el calentamiento nocturno en buena parte de las localidades analizadas.
En las ciudades del prelitoral, como Reus, el Vendrell y Vilafranca del Penedès, el incremento de la temperatura media durante los correfocs supera los 0,3 °C por década. Según los investigadores, se trata de una tendencia estadísticamente significativa que evidencia que estos actos se celebran actualmente en noches mucho más cálidas que hace setenta años.
A partir de la década de los noventa, las anomalías positivas, es decir, las noches más cálidas de lo habitual durante el período de referencia 1961-1990, se hacen más frecuentes e intensas.
Al mismo tiempo, las noches más frescas devienen cada vez menos habituales.
El mar modera el calentamiento en las ciudades costeras
En las localidades situadas en primera línea de costa, especialmente Barcelona, el incremento de temperatura es más moderado o no resulta estadísticamente significativo.
Los autores atribuyen esta diferencia a el efecto regulador del mar. Aun así, también en estas ciudades se observa una tendencia a situarse cada vez más cerca de los umbrales de confort térmico, especialmente durante las décadas más recientes.
Esto significa que el calentamiento no solo se manifiesta en los registros de temperatura, sino también en la manera como las condiciones nocturnas pueden ser percibidas por el cuerpo humano.
Más noches con "precaución" o estrés térmico moderado
El análisis de la percepción de calor mediante el índice de calor y el índice climático térmico universal también apunta hacia una situación de mayor incomodidad.
Aunque la mayoría de los correfocs continúan celebrándose en condiciones consideradas seguras, aumenta la proporción de noches que entran en categorías de "precaución" o "estrés térmico moderado".
Esta tendencia es especialmente visible en los municipios del interior y el prelitoral.
La cuestión es especialmente relevante en unas celebraciones que combinan actividad física intensa, aglomeraciones y exposición directa al calor radiante de los elementos pirotécnicos. Según el estudio, estos factores pueden incrementar el malestar y el riesgo para la salud.
El cambio climático puede obligar a adaptar los correfocs
Los investigadores señalan que el calentamiento nocturno está modificando las condiciones ambientales en las que se desarrollan estas celebraciones tradicionales.
"Esta realidad puede tener consecuencias tanto para la seguridad y el bienestar de participantes y espectadores como para la organización misma de los actos", apuntan los autores.
En este contexto, los correfocs podrían tener que adaptar en el futuro los horarios, los recorridos, la duración o las medidas preventivas para hacer frente a unas noches de verano cada vez más cálidas.
El estudio, sin embargo, también señala una limitación: la investigación se ha basado en datos climáticos generales y no en mediciones realizadas a pie de calle.
Aun así, los investigadores consideran que los resultados ofrecen una primera aproximación sólida al impacto del cambio climático sobre este elemento del patrimonio cultural y defienden la necesidad de incorporar criterios climáticos y de confort térmico en la planificación de los correfocs para garantizar su continuidad en un contexto de temperaturas nocturnas cada vez más elevadas.
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