Bonavista despide a uno de sus comercios más emblemáticos. La ferretería González, conocida también durante décadas como la ferretería Domingo, ha cerrado tras 55 años de actividad en el número 16 de la calle Quinze, tal como avanza el ‘Diari de Tarragona’. El negocio, abierto en 1971, creció prácticamente al mismo ritmo que el barrio y se convirtió en un punto de referencia para diversas generaciones de vecinos.
La historia del establecimiento comenzó con Domingo González y Juliana Arroyo, una pareja originaria de Jauja, en Córdoba, que llegó a Tarragona en plena expansión de Bonavista. En aquellos años, el barrio apenas se consolidaba y muchas familias levantaban sus propias casas en una zona donde aún faltaban numerosos servicios.
Un comercio ligado al crecimiento de Bonavista
La ferretería no solo vendía herramientas o material de construcción. Durante muchos años también funcionó como tienda de regalos y punto de encuentro del barrio, con productos de fontanería, carpintería, pinturas o papel pintado, e incluso con listas de bodas.
Según recoge el citado medio, el crecimiento de Bonavista fue especialmente intenso durante aquellos años. El barrio tenía solo 134 habitantes y 23 viviendas en 1960, pero seis años más tarde ya alcanzaba los 3.500 residentes. A principios de los setenta, coincidiendo con la apertura de la ferretería, la población se acercaba a los 6.000 habitantes.
Buena parte de este incremento estuvo vinculado a la llegada de trabajadores procedentes de otros puntos del Estado, especialmente Andalucía y Extremadura, atraídos por las oportunidades laborales de la construcción y de la industria química.
Un negocio de confianza durante décadas
Durante los primeros años, la ferretería también representó una forma de hacer comercio muy ligada a la confianza personal. “Era un negocio de confianza, con mucha libreta, donde se fiaba mucho a los clientes porque era algo habitual en aquella época”, recuerda Juanmi Rodríguez.
Según el ‘Diari de Tarragona’, Domingo y Juliana trabajaron allí con sus hijas, Loli y Carmen, hasta que, con la llegada del nuevo siglo y aproximándose a la implantación del euro, el matrimonio se jubiló y la segunda generación asumió la continuidad del establecimiento.
La ferretería resistió la competencia de las grandes superficies y los cambios comerciales de las últimas décadas gracias, en buena parte, a una clientela fiel. También fue testigo de la transformación demográfica de Bonavista y de la llegada de nuevas oleadas migratorias durante los años 2000. Ahora, sin embargo, se despide del barrio que ha visto crecer durante 55 años.
El relevo familiar se traslada a Vila-seca
El cierre de la tienda de Bonavista no significa, sin embargo, el final de la historia familiar dentro del sector. La tercera generación ha decidido continuar la actividad en Vila-seca.
Xavi Rodríguez, de 29 años y nieto de los fundadores, está al frente de La Vila, un nuevo establecimiento situado en el número 2 de la Rambla de Catalunya de Vila-seca. Según explica al 'Diari', “el barrio ha cambiado mucho y creemos que Vila-seca está creciendo más y es un municipio muy atractivo para empezar. Para mí es un orgullo continuar en este sector y seguir con el legado familiar”.
El joven ha dado el paso después de dejar atrás su trayectoria profesional como ingeniero químico. “Tenía mi nómina, estaba cómodo y esto suponía convertirme en empresario, con todo lo que comporta”, reconoce.
“Al principio tenía dudas a la hora de dar el paso, pero tenía esta oportunidad delante y no quería arrepentirme en el futuro de no haberla aprovechado”, explica Rodríguez.
De esta manera, la persiana baja definitivamente en Bonavista después de 55 años, pero el legado de aquella ferretería que creció con el barrio continuará ahora unos kilómetros más allá, en Vila-seca.
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